“A DIOS ROGANDO” Padre José Palmar: Curas con sotana y con pantalones...

“A DIOS ROGANDO” Padre José Palmar: Curas con sotana y con pantalones bien puestos

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El Papa Francisco en su primera exhortación apostólica, titulada “Evangelii gaudium” (la alegría del Evangelio) nos recalca: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades”. El mismo Monseñor Romero –hoy beatificado después de una tardanza de pasillos de palacio- dijo a la Iglesia latinoamericana: “Una Iglesia acomodaticia, con privilegios y sin sufrir el dolor de la cruz no es la verdadera Iglesia de Cristo”.

En la historia eclesiástica de Venezuela hemos encontrado obispos y sacerdotes que de manera auténtica demostraron una vida pastoral sin encierros medrosos, lejos de las mieles del poder y sin las comodidades de los odiosos privilegios. Mencionaremos algunos prelados de aquellos servidores de Dios y apóstoles del Evangelio que los llamaremos “Héroes con sotana” entre los cuales se encuentran:

El cura José Antonio Tinedo. El 8 de mayo de 1799, en la Plaza Mayor de Caracas, administró los últimos auxilios espirituales, al protomártir José María España; al arroparlo con su sotana, exclamó: “Dejad cristianos, que para desahogar mi corazón, me despida un momento, del amigo de mis tiernos años, del compañero de mi juventud, dejadme llorarlo”.

De igual manera los sacerdotes franciscanos: Tomás Sandoval y Juan Agustín González, implicados en el movimiento del 19 de abril de 1810, fueron apresados y enviados a España en calidad de exilio monacal, donde incluso les prohibieron hablar sobre Venezuela. Cuando se enmarañaba la situación en el Ayuntamiento, Juan Germán Roscio, envía apresuradamente, al joven sacerdote José Félix Blanco hasta la Iglesia de La Merced, hoy Santa Capilla, a buscar al canónigo chileno José Cortés de Madariaga, quien fuera verdadero protagonista de ese memorable día, quien le dijo a una penitente en plena confesión: “Hija mía, sus pecados pueden esperar la Patria no”. Al llegar a la encendida reunión, el Padre Madariaga se incorporó autoproclamado como “Diputado del Clero y del Pueblo”; al pedir el derecho de palabra, enérgicamente manifestó: “Queremos un gobierno solo para los americanos”. Desde el balcón del Ayuntamiento caraqueño, hoy Casa Amarilla, cuando el capitán general Vicente Emparan, preguntó al pueblo de pie en la Plaza Mayor, hoy Plaza Bolívar, si querían

que los siguiera gobernando, el dedo revocante del Padre Madariaga indicando el “NO” rotundo, encendió los ánimos, para que Emparan renunciara y dejara el poder a los criollos, por primera vez. El Padre Madariaga en una ocasión dijo: “Yo me glorié de ser americano, cuando trate a Miranda”. Más tarde fue apresado y enviado a Cádiz, con el grupo denominado por el General Monteverde los “Ocho monstruos”.

Nombrar al presbítero Francisco Ribas, hermano del prócer José Félix, dijo en esa memorable ocasión del 19 de abril: “El pueblo, lo que debe pedir, es la independencia y la separación de las autoridades”. De igual forma, el padre José Félix Blanco sería el primer Capellán Militar, el Libertador lo designó en 1814, Primer Vicario del Ejército, El sacerdote Blanco, participó a las órdenes del General Páez, en Achaguas y El Yagual. También mencionaremos a los Sacerdotes en las provincias, y el 19 de abril de 1810: Es el caso de Monseñor Mariano Talavera y Garcés, coriano, tío de la heroína Josefa Camejo, fue el vice-presidente de la Junta merideña. Simón Bolívar lo denominaba “El mejor orador de América”.

Destacar al sacerdote Antonio María Briceño Altuve, miembro también de la Junta Patriótica de Mérida, participó en la Campaña de los llanos de Apure y Arauca, fue diputado por Barinas, en el Congreso de Angostura. El Fray Ignacio Álvarez, organizador de la Junta Patriótica de Trujillo en 1810, redactó la primera Constitución de esa ciudad, tuvo que emigrar en 1814, a las órdenes de Urdaneta, hacia la Nueva Granada. Trujillo también tuvo como representantes del clero, a los presbíteros: José Manuel Segovia, José Ignacio Briceño, e Ignacio Ramón Briceño Méndez, hermano del prócer, Pedro Briceño Méndez; se adhirió en Barinas, al movimiento del 19 de abril. El sacerdote Briceño, emigra en 1814, hacia Haití.

Hablemos también del Sacerdote Buenaventura Arias, afiliado en Mérida a la Junta Patriótica del 19 de abril; emigra en 1814, con Urdaneta hacia la Nueva Granada. Sacerdote Andrés Castellón, miembro de la Junta Patriótica de Cumaná, muere prisionero en La Guaira en 1814. Caso del sacerdote José María Márquez, se incorporó al movimiento del 19 de abril en Cumaná, fue capellán del Ejército de Oriente mandado por Mariño.

Por ejemplo, la Junta Suprema establecida en Barcelona, tuvo como representantes del clero, al presbítero Fernando Amezquita, diputado y al reverendo Manuel Selent. El Sacerdote caraqueño Miguel Santana Domínguez, apoya al movimiento en su ciudad natal; en 1814, el prelado emigra a las Antillas. La junta, que provisionalmente se formó en Guayana, siguiendo el ejemplo que Caracas dio, el 19 de abril, de 1810, fue disuelta,

por las autoridades realistas, siendo apresados sus integrantes y enviados a Puerto Rico, entre ellos, el sacerdote y doctor José Cándido Martínez.

Los clérigos firmantes del Acta del 19 de abril de 1810: Sacerdote Francisco Ribas, Representante del clero, Fray Marcos Romero González, Guardián de la Iglesia de San Francisco, Fray Bernardo San Franco, Comendador de la Merced, Sacerdote Juan Antonio Rojas Queipo, Rector del Seminario de Caracas. En Maracaibo, un grupo de seguidores del movimiento revolucionario del 19 de abril, activa una sociedad secreta con el nombre de “La escuela de conspiración de Cristo”, entre los integrantes, estaba el sacerdote Fernando San Just; en marzo de 1812, fueron condenados a prisión. En el templo Santa Ana de Maracaibo hay una placa conmemorativa recuerda esta actividad revolucionaria.

El 2 de marzo de 1811, se instala el Primer Congreso de Venezuela, el Arzobispo de Caracas, Monseñor Narciso Coll y Prat, español, ofició la misa correspondiente. De los 44 diputados elegidos, nueve sacerdotes, representantes del clero, firmaron el Acta de Independencia: padre Luis Ignacio Mendoza, Diputado por la población de Obispos- Barinas, padre José Luis Cazorla, por Valencia, padre Juan Díaz Argote, por Villa de Cura, padre Salvador Delgado, por Nirgua, por la Provincia de Caracas, padre Ignacio Peña Fernández, por Mérida, padre Manuel Vicente de Maya, al principio opuesto a la declaración, reflexiona y luego es firmante por La Grita, padre Ramón Ignacio Méndez, por Guasdualito, padre Juan Nepomuceno Quintana, por Achaguas, y el padre José Vicente de Unda, por Guanare.

El Triunvirato designado, el 5 de julio, como Primer Poder Ejecutivo, nombró como Consultor, al presbítero doctor Juan Vicente Echeverría. Algunas instalaciones eclesiásticas, sirvieron de sede, para importantes eventos, tales como, las reuniones previas a la Declaración de la Independencia, realizadas en la Capilla Seminario de Santa Rosa de Lima, lugar de la solemne Declaración, a las tres de la tarde. El 11 de julio de 1811, Valencia, se pronunció contra la declaración de independencia, en el grupo se encontraba el sacerdote Pedro José Hernández, quien luego cambió de ideales y protegió a las familias valencianas contra las atrocidades de Boves en 1814.

Firmantes de la Primera Constitución Nacional, la cual fue promulgada el 21 de diciembre de 1811, de 37 firmantes, 7 correspondieron a sacerdotes: Luis Ignacio Mendoza, José Luis Cazorla, Juan Díaz Argotte, Salvador Delgado, Manuel Vicente Maya, Juan Nepomuceno Quintana y José Vicente Unda; y un laico: Luís José Rivas y Tovar.

Entre los años 1813-1814, tenemos como del sacerdote Francisco Antonio Uzcátegui Dávila, se incorporó en Mérida al movimiento del 19 de abril. En su pequeña orfebrería, fabricó con el bronce de las campanas: 16 cañones, y con el material sobrante, elaboró: ollas y clavos para las herraduras; con el plomo del órgano, fabrica balas, y exclamaba: “No solo con la palabra se hace la independencia”. A quienes se le oponían a sus ideas emancipadoras, contestaba: “Debajo de esta sotana, tengo pantalones bien puestos”, El Padre Uzcátegui, apoyó al sacerdote Cortes de Madariaga, a su paso por Mérida, hacia Bogotá, en comisión de la Junta Suprema.

A finales de 1813, los 85 seminaristas de Caracas, acompañados del Rector, el sacerdote Gabriel Lindo, se movilizaron hacia Guácara, a las órdenes del general José Félix Ribas, y lucharon con el comandante Francisco Antonio “Coto” Paúl, en la batalla de Vigirima, del 23 al 25 de diciembre. Urdaneta los bautizó, junto con los universitarios, como “El Escuadrón de los Escolares”. Estos jóvenes lucharon con entusiasmo, regando con su sangre no perdida, los caminos de la redención; allí también luchó el seminarista Dionisio Centeno Mejías, procedente de Cumaná. Estos estudiantes, participaron también en la Batalla de la Victoria el 12 de febrero de 1814, a las órdenes de Ribas y cuyo heroísmo, dio motivo para que la Asamblea Constituyente decretara “Día de la juventud venezolana”.

Cuando Valencia estaba sitiada, la ciudadela organizada por Rafael Urdaneta con 280 soldados ante la presencia enemiga de más de tres mil efectivos, fue ejemplo de sacrificio por parte de los defensores. El Arzobispo de Caracas, el español Narciso Coll y Prat, se encontraba con cuarenta sacerdotes a su paso para Calabozo, y tuvieron que sufrir los embates del hambre, sed y del ataque enemigo, algunos de los sacerdotes murieron. A Urdaneta lo acompañaban entre otros, el sacerdote Salvador Delgado. El sacerdote y doctor caraqueño José Gabriel Lindo, Rector de la Universidad de Caracas en 1807, entusiasta por la emancipación, persona de confianza del Libertador, fue enviado en 1816 por Morillo detenido a España, donde murió en la prisión de Cádiz al año siguiente.

En la Campaña de Apure varios sacerdotes se incorporaron al ejército de Páez y participaron como capellanes y combatientes en la Reserva, durante los combates de Achaguas el 25 de septiembre de 1816, El Yagual el 11 de octubre de 1816 y Toma de San Fernando el 15 de octubre de ese año; entre ellos podemos mencionar a los sacerdotes: José Félix Blanco, Vicario del ejército; Ramón Ignacio Méndez, Trinidad Travieso, Luis Mendoza, Antonio María Briceño Altuve, y al llamado presbítero Becerra.

En la Campaña de Guayana. En esa importante actividad realizada el año 1817, el Sacerdote y coronel José Félix Blanco, comandante de las Misiones del Caroní, apoyó decididamente al Ejército Republicano, quienes triunfaron el 11 de abril de 1817, en la batalla de San Félix, dirigida magistralmente por el general Manuel Piar.

Durante el asalto a la Casa Fuerte de la Purísima Concepción el 7 de abril de 1817 en Barcelona, por parte del jefe realista Juan Aldama; algunos Padres Franciscanos, entre ellos Juan Antonio Godoy y uno de apellido Serra, que se encontraban protegidos por el valeroso Pedro María Freites, murieron heroicamente mientras suministraban los últimos auxilios religiosos a los niños, mujeres ancianos, heridos y moribundos que allí se encontraban. En el atentado del “Rincón de los Toros” había un campamento ubicado cerca de San José de Tiznados, donde se encontraba el Libertador el 17 de abril de 1818. En la medianoche sufrió un atentado por parte del capitán realista Tomás Renovales, en la confusión murieron un sacerdote de apellido Prado y su leal sacristán.

En el Congreso de Angostura realizado el 15 de febrero de 1819, en Angostura-hoy Ciudad Bolívar, participaron el sacerdote y doctor Ramón Ignacio Méndez y el sacerdote trujillano Antonio María Briceño Altuve, Diputado por Barinas.

Durante la Campaña de Carabobo, el sacerdote y coronel barquisimetano Andrés Torrellas, deserta de las fuerzas realistas y se incorpora a finales de 1820 a las filas republicanas. El vicario del ejército libertador en la batalla de Carabobo fue el Sacerdote y Doctor Ángel Briceño.

La Constitución de Cúcuta sancionada el 30 de agosto de 1821, fue firmada por ocho sacerdotes a saber fueron: Vicente Maya, Ramón Ignacio Méndez, Luis Ignacio Mendoza, Ignacio Fernández, pena, Francisco Ribas, José Félix Blanco, Antonio Briceño Altuve y Rafael Lasso, cura panameño, amigo del Libertador.

Mencionar a los prelados que se encuentran en el Panteón Nacional: sacerdote José Vicente Unda, monseñor Ramón Ignacio Méndez, presbítero y general de división José Félix blanco y monseñor Francisco Ibarra, primer arzobispo de Venezuela.

Otros distinguidos sacerdotes: Monseñor José María Esteves, fue designado vicepresidente del Congreso Admirable reunido el 20 de enero de 1830, en

Bogotá; con tal investidura, fue enviado con el General Sucre a entrevistarse con Páez para evitar la disolución de la Gran Colombia, lamentablemente los resultados fueron negativos.

Cabe destacar a Monseñor Macario Yépez, ilustre prelado barquisimetano, ofició misas en memoria del Libertador, a la llegada de sus restos el 17 de diciembre de 1842. Debido a la cólera que azotaba a Barquisimeto, sacó a la Virgen de La Divina Pastora por primera vez en procesión el 14 de enero de 1856 desde el Templo de Santa Rosa hasta Barquisimeto, procesión que llega a la número 161.

Honrar al sacerdote Antonio José de Sucre, sobrino del Gran Mariscal de Ayacucho, el año 1893, el presidente Joaquín Crespo lo envía con carácter Plenipotenciario a Quito-Ecuador, a tratar de localizar y traer los restos del “Abel de América”. Dejó sus restos el 17 de julio de 1895 en Guayaquil, sin poder conseguir los del ilustre Mariscal.

Ensalzar a Monseñor Rafael Arias Blanco arzobispo de Caracas pasó a la historia de Venezuela por promover el rechazo al régimen de Marcos Pérez Jiménez a través de una carta pastoral con fecha del 1° de Mayo de 1957. Su inquietud y sensibilidad social lo llevaron a cuestionar y enfrentarse al gobierno del general Marcos Pérez Jiménez, motivo por el que fue conocido como el Arzobispo de la Resistencia. En tal sentido, el 1ero de mayo se leyó la carta pastoral, redactada por el obispo Feliciano González Ascanio, en la cual se analizaba la creciente oposición popular al régimen. Redactada en lenguaje sobrio pero enérgico, señaló con estadísticas de las Naciones Unidas y observaciones propias, el proceso de empobrecimiento de los trabajadores venezolanos, condenó el latrocinio, los atropellos y el allanamiento de miles de hogares por parte de la Seguridad Nacional. En definitiva esta carta pastoral confortó el ánimo y la moral de la resistencia popular y aceleró el proceso que culminó el 23 de enero de 1958 con la caída del gobierno de Pérez Jiménez.

Sin dejar por fuera de la historia a los insignes prelados de finales del siglo XX, tales como: Monseñor Mariano Parra León, quien con su verbo encendido cuestionó a los políticos corruptos de la “cuarta república”. Al recordado Monseñor Domingo Roa Pérez, excelente pastor que fustigaba con energía los embates del pillaje gubernamental y de las injusticias en Venezuela. Y por supuesto la constante y muy acertados señalamientos del hoy Arzobispo Emérito de Coro, Monseñor Roberto Lückert, que siempre toca la llaga de la ulcera del oficialismo corrupto narcoterrorista que por ahora y no para siempre apesta en el país.

Por eso no debemos dejar que se pierda el efecto motivador de la carta homilía del Cardenal Jorge Urosa, leída en los templos de Caracas para la fiesta de la Epifanía reciente, ni mucho menos la predicación valiente y enérgica del clérigo zuliano Monseñor Antonio López Castillo, Arzobispo de Barquisimeto, que en la pasada Misa de envío de la Divina Pastora retrató la Venezuela sufriente y hecha añico por los delincuentes de Miraflores, que a pesar de que los actuales gobernantes tienen su vida putrefacta llena de fechorías están investidos de una autoridad que la traducen en tiranía y despotismo.

El estadounidense Marlon Brando actor de cine de Hollywood, después del estreno de la película “La Jauría humana” (1966) dijo una frase que asombró al mundo de la cinematografía: “Me sorprendí cuando las camisas, los pantalones vaqueros y chaquetas de cuero de repente se convirtieron en símbolos de la rebelión”. Pues no nos sorprenda que en Venezuela el usar sotana con pantalones bien puestos se convierta en símbolo de rebelión. Aquí en Maracaibo estamos resucitando la Escuela de conspiración de Cristo. Hasta la próxima. Dios les bendiga a todos y la Virgen de la Paz les proteja siempre. Amén.

17 de enero de 2017

@padrejosepalmar

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