Alexis Andarcia: En este país, ya nos sobran días

Alexis Andarcia: En este país, ya nos sobran días

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Es un hecho que, en situaciones de angustia, por crisis de cualquier tipo, el tiempo se ralentiza para quien lo vive. Pero, en el caso de fenómenos que cubren el todo social, el acumulado adquiere dimensiones de enfermedad y muerte colectiva.

A todo momento y, a cada sociedad, le caracteriza una frase. Quizás, la actual de nuestro país es “Hasta cuando soportaremos esto “; evidentemente relacionada a lo politico. Sin embargo, ha surgido con fuerza la expresión “y apenas estamos a mitad de semana”; habitando los comercios, mercados, abastos, carnicerias, farmacias. Indudablemente, referida a la posibilidad de adquirir comida o medicamentos.

Muchos días, para tan poca vida.

Hay quienes dan por sentado que la incertidumbre y la pobreza son inducidas; presentándose como parte de una estrategia de control y dominación sobre las mayorías.

Estaríamos así, en un uso perverso del poder, que raya en los límites de violación a los derechos humanos y crimen de lesa humanidad. Un desvanecimiento de lo político como actividad societal y el regreso a los episodios mas vergonzosos de la historia humana.

Por otro lado, la interpretación mas generosa: incapacidad para gobernar o gerenciar un país. Tal vez, la mas referenciada falencia del liderazgo latinoamericano, asociada a su vez, con una fragilidad de tipo cultural.

Las frases, como palabra y opinión de calle, hacen oficial y certifican que, a la llamada “revolución bolivariana” le han sobrado varios años. Todo parece concluir que el período de Nicolas Maduro estuvo demás.

Sin capacidad para gobernar, sin ideas y soluciones y sin los ingresos petroleros, se ha pasado los años dedicado a mantenerse en el poder: trucando el discurso y las leyes, reprimiendo, comprando voluntades o asesinando.

Pero ¿A qué se debe esa negación para asumir el fracaso?

Ambición y ausencia de contenedores civilizados democráticos, se han encontrado en una alianza de dos factores, acumuladores compulsivos de poder: militares y comunistas.

Los primeros por providencialismo doctrinario, los segundos, por mitología histórica. Estos factores, han demostrado una tendencia a interpretar a los seres humanos como números, sumatorias de cuerpos, sobre los cuales ejercer su revelación del poder, por cualquiera de sus providencias laicas: “Pueblo” “Historia” “Revolución”.

De esta manera, los años, meses, semanas y días que hacen lento el paso del poder, son una especie de ruta del calvario que los ciudadanos deben padecer, para reafirmar “la razón” de la élite en el poder.

Toda revolución, incluso aquellas mas progresistas, termina sitiada y señalada por la realidad y el tiempo. La terquedad de permanecer, renuciando incluso a ella misma y mas allá de su necesidad, conlleva al sacrificio de inocentes e injusticia.

En el caso venezolano, estoy convencido que no operan las doctrinas providencialistas que, tal vez, movieron a líderes como Lenin. Tal vez, Fidel, en sus primeras décadas. Nuestro país ha sido literal y grotescamente asaltado. Una asociación de civiles y militares, nos ha tomado como rehenes en un robo: la riqueza petrolífera y minera.

Ante la dramática situación, amplios sectores de la sociedad, acuden a votar casi por costumbre, proponen una negociación.

Los delincuentes, en conocimiento de la apremiante situación, cada vez con menos recursos, vigilados por la democracia internacional; pero, también, suponiendo ganar tiempo, ser mas vivos, enlentecer su estadía en el poder, aceptan. No están a gusto. En realidad, desearían no ir nunca mas a elecciones ni dialogar.
Por ello, hacen solicitudes que suenan mas a una amenaza “No convocaremos elecciones sino retiran las sanciones”. Al igual que los secuestradores, piden recompensas.

De esta forma, delatan el fin que los mueve en esa mesa: las fortunas mal habidas por el asalto. La posibilidad de salir ilesos. Nada que ver con la crisis económica, el canal humanitario o la reinstitucionalidad democrática.

Son la mala hora del país.

En la medida que pasa el tiempo, el cuerpo social secuestrado se enferma por falta de alimentación, medicina y libertad. Cada vez mas, sobran meses, semanas y días…el domingo tiene demasiadas horas.