Ana María Osorio: Detrás de los sofismas de la verdad

Ana María Osorio: Detrás de los sofismas de la verdad

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A diario los venezolanos escuchamos discursos de amenazas y respuestas (contra-ataque), enfrentamientos verbales, por redes sociales, e incluso de masas, en lo que parece una pelea callejera por la conquista del terreno, más por capricho que por convicción. Con este tablero político de los discursos repetidos y frases (muchas veces sin sentido) por el gobierno y sectores de oposición, con bullets como “respeto a la Constitución”, “Democracia”, “Paz”, dichos por ambos sectores, se pierde el mensaje y suele confundir al ciudadano. Es entendible, si el gobierno lo hace, porque necesita colarse entre los discursos de la oposición; pero no se perdona en quienes lo adversan, pues su estrategia debe ser diferenciarse.

La generación de opinión pública se requiere para la “conquista” y suma de voluntades, pero esta debe hacerse con un discurso que contenga un mensaje claro y preciso a través del cual el ciudadano se identifique. Es por ello que los actores políticos deben ser coherentes y dejar de inventar historias o comportarse como cabilderos, justificando con palabras acontecimientos que desmarcan de la verdad o desvirtúan de contexto. Y esta práctica no es exclusiva de sectores del gobierno, también lo es de opositores, quienes crean falacias para justificar sus errores, victimizarse o culpar a su adversario.

Es cierto que la política es en símil como el arte de la guerra, pero los ciudadanos son seres pensantes que han perdido la ingenuidad, por lo que suponer que son masas estúpidas puede sentenciarles al fracaso en campañas políticas. Las mentiras son eso, mentiras, falsedades que no tienen medias verdades, por lo que decirlas tantas veces puede facilitar al adversario la manera de desmontarlas. En política se debe tener presente que la coherencia entre el discurso teórico (lo que se dice) y el discurso práctico (cómo se actúa) deben ser consistentes. Un actor político que se pasea por las diferentes organizaciones políticas, que ayer dijo jamás ser un candidato de una opción y hoy figura en esas filas, no necesita propaganda negra, él mismo se la crea. Pierde credibilidad.

El ciudadano debe investigar y ser consciente antes de decidir que opción seguir, porque lamentablemente las caras que se han presentado para liderar los cambios se desdibujan a diario con sus propios discursos y las patrañas que se infundan o crean para otros. El discurso es el arma del político, la palabra, por tanto debe desarrollar las habilidades en oratoria para convencer y persuadir, pero siendo racional, emocional y expresando la verdad, crear sus propios Issues (temas de campaña), sus Bullets (frases contundentes), sin abusar de las argumentaciones y conjunciones.

En Venezuela se imponen los sofismas frente a las verdades, y es que son tantas las conjunciones que se hacen de un hecho y las precisiones (incluso de carácter técnico), que se promueve la duda razonable y los cuestionamientos en torno al tema. Es por ello, que se debe ser claro en el mensaje, plantear los hechos y promesas de manera precisa sin hacer uso de los adjetivos calificativos de los adversarios. Cada actor debe “contar una historia”, diferente a la de su adversario, pero propia, sincera, que no engañe al ciudadano, porque la historia puede voltearse en su contra y hundirlo en la fosa de la muerta política.

Por último, reflexionando sobre la literatura Griega, en principio el sofista era el “sabio”, poseedor de “inteligencia práctica”, pero más tarde se le denominó “Charlatán”.

@osorioanamaria  (Periodista/ Análisis del discurso/ Marketing político/ Locutora)

osoriooanamaria@gmail.com

 

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