Ana María Osorio: Estrategias electorales al descubierto

Ana María Osorio: Estrategias electorales al descubierto

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Horas faltan para celebrarse las elecciones presidenciales en Venezuela. Elecciones tan anheladas desde febrero del año 2017 por la “oposición” pero que por un azar (o intención) que se busca comprender se celebraran sin que ese mismo bloque llamado MUD (Mesa de la Unidad Democrática) participe. El contexto inicia con manifestaciones de calle, los llamados “trancones”, cacerolazos y paros durante los 2 primeros trimestres del año 2017, cuyo cierre y cese al derramamiento de sangre (que alcanzó 120 fallecidos), estuvo marcado por un plebiscito (realizado sin instituciones de respaldo, ni ONG´s, ni veedores internacionales, y en la ausencia del poder electoral) en el que se le otorgaría poder a la Asamblea Nacional para ejercer acciones directas que garantizarían el quiebre del sistema de gobierno liderado por Nicolás Maduro, y que prometió el cambio inmediato.

Ante la radical postura de la oposición, el gobierno hace el llamado a la realización de una Asamblea Nacional Constituyente, que desde febrero dejaban rodar en sus discursos los principales representantes del gobierno, y cuya justificación era políticas económicas eficientes, el cese a la inflación, el alto a la guerra económica. Acción que despertó reacciones de la MUD, que aseguraba que estas elecciones no se llevarían a cabo, exponiendo que lo correcto era no participar (y en ello se logró un acuerdo de unidad y los partidos políticos de oposición no participaron) y Estados Americanos, y ONG´s apoyaría a los venezolanos y no reconocerían dicha Asamblea, limitando así su ámbito de acción.

Pasa la fecha y el 31 de julio se instala la Asamblea Nacional Constituyente, que por cierto, comparte el hemiciclo con la Asamblea Nacional (opositora), y se genera en el pueblo crispación social produciendo desconfianza en los actores políticos de ambos sectores llevando a la población a la perdida de credibilidad tanto en el sistema político como en los actores que lo representan. A la par que se revelan posturas de diferentes mandatarios de América Latina y la OEA. Se enfría la calle, sin ruta definida y sin propuestas.

La ANC solicita al Consejo Nacional Electoral (CNE) las elecciones regionales (en mora desde 2016) y surgen diversas posturas dentro de la oposición demostrando la clara división de esta fracción política. Una de las fracciones establece que no hay condiciones para participar y que sería ilegítima la elección haciendo un llamado a la no participación, la otra se une al proceso electoral solicitando unas elecciones primarias (que se sustentaron en las zancadillas internas), definiendo candidatos y generando expectativa en los sectores opositores al expresar que se alcanzarían 20 de las 23 gobernaciones. Resultados 5 gobernaciones a manos de la oposición, que luego fueron 4, ante la no juramentación de Juan Pablo Guanipa en la ANC, quien catalogó de ilegitima dicha asamblea. Emergen discursos de fraude electoral, ilegitimidad del proceso, cuando la participación general en las elecciones no alcanzó el 55%, producto de la perdida de liderazgo de los actores políticos. Luego el gobierno, aprovechando el desánimo solicita la realización de las elecciones municipales, que incluyó, como excepción, la elección de la gobernación del Zulia. Aumenta el nivel de frustración, se generan cadenas de desconfianza y el llamado a no votar crece, superando la abstención el 50%; resultado 308 alcaldías y 19 gobernaciones en manos de aliados al gobierno.

Se propaga la cadena abstencionista por todos los medios y se impone como premisa válida que sólo si no se participa la comunidad internacional intervendrá sobre el gobierno venezolano. Desde las filas del gobierno se genera propaganda que incentive la no participación siendo el medio más volátil de difusión la “oposición”; y ésta centra su estrategia en pulverizar cualquier opción “opositora” que pueda ganar posicionamiento adversando al gobierno. Y el gobierno, en su estrategia de ingeniería electoral (restar votos al adversario), asoma una tercera vía (Bertucci) para restarle votos a Falcón, fomenta a través de declaraciones oficiales (como la del presidente en la que dice “Ocho millones de votos, perdón me traicionó el subconsciente”) la desconfianza en el proceso, para disminuir la fuerza electoral que sería la población que rechaza su gestión. Mientras la oposición insiste en que no participar es la ruta para salir de la crisis y que Falcón es un traidor, ocupando así el lugar de adversario Falcón, y no Maduro, entonces, son oposición a Falcón o a Maduro.

Estrategia divide y vencerás (ingeniería electoral), generación de sofismas (ideas con apariencia de verdad y cuyos argumentos parecen valederos pero que son fabricadas o mentiras), creación de distractores (show mediáticos para establecer la pauta y definir cuál es la noticia), populismo (canjear bonos por votos) y el aprovechamiento de los errores del adversario para usarlos en su contra, además de la inteligencia política para obtener información de relevancia sobre los adversarios. Sin duda, las estrategias ganadoras de la elección están del lado del gobierno; porque la oposición sigue prometiendo el cambio a partir de la comunidad internacional, y hasta ahora EEUU sigue comprando 1/3 del petróleo de Venezuela, se mantienen las relaciones diplomáticas y comerciales; y aún están todas las embajadas y consulados en Venezuela, por lo que los Estados (supuestamente aliados de la oposición) reconocen al gobierno. Esta realidad podría dar un viraje si pasadas las elecciones se hacen tangibles los discursos y las promesas de la oposición que asegura que tras la abstención se lograría una acción directa de la comunidad internacional sobre el gobierno venezolano.

@osorioanamaria (Estratega política)

osorioanamaria@outlook.es

 

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