Antonio Urdaneta: Ley del odio

Antonio Urdaneta: Ley del odio

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Jamás imaginamos los venezolanos que Nicolás Maduro fuera a arremeter, así tan visceralmente, contra el legado de Chávez. La gente está sorprendida con la reacción del llamado heredero. Y quienes todavía son fieles a la memoria del militar golpista y dictador, ahora podrían estar más furiosos, pues han comprobado que el sucesor de su ídolo, en apenas cinco años, ha resultado ser el peor enemigo de la herencia que le dejó el Teniente Coronel.

Para nadie es un secreto que el legado más grande que puso Chávez en manos de Maduro, para que éste lo conservara por los siglos de los siglos, fue ese paquete de odio, intolerancia y confrontación, unido a ese otro puñado de antivalores conformados por el cinismo, la descalificación a sus adversarios, la ofensa a quien él le pareció y la falta de respeto a todo el mundo.

Aunque a usted, amigo lector, le parezca extraño, una orden de Maduro se cumplió. Los medios de comunicación del nueve de noviembre, casi sin excepción, anuncian en sus primeras páginas, en sus espacios de mayor aprovechamiento mediático, nada más y nada menos, que ya el dictador tiene en sus manos el instrumento de facto, con el cual intentará destruir “lo más preciado del legado de Chávez”. Sí, en cuestión de horas, a partir de la fecha mencionada, Nicolás promulgará un parapeto “constituyente”, al que él ha denominado “ley contra el odio” (le agregó otros cuantos). Es decir, ley contra Chávez.
Como Maduro, astutamente asesorado, pretende “matar dos pájaros con un solo tiro”, además de mancillar lo poco que queda de memoria del difunto, parece orientar su perversidad y malas intenciones congénitas, hacia la posibilidad de disolver los partidos políticos democráticos e inhabilitar a sus principales líderes.

Sus cómplices, sus socios y los mercenarios que lo acompañan en la cúpula del régimen, cosa nunca vista, se aplauden entre sí para celebrar tan “genial” estrategia. Según sus cálculos, si todo les sale bien, y los militares los siguen protegiendo, el candidato presidencial de la dictadura ya tiene asegurado el triunfo; porque, ante la eventual ausencia de partidos opositores, dicho candidato participará sin contendores. Lo único que ha de hacer el CNE es aceptar solamente candidaturas inscritas por partidos ¡Hasta le estoy diciendo cómo hacerlo sin correr riesgos!

Una reflexión final: a un dictador, siempre acompañado de una madriguera de criminales, le es fácil convertir una ley contra el odio, en una ley del odio.

 

ANTONIO URDANETA AGUIRRE
Educador – Escritor
urdaneta.antonio@gmail.com
@UrdanetaAguirre
https://www.facebook.com/urdaneta.antonio