Asdrúbal Cuauro: Cache sin dulce

Asdrúbal Cuauro: Cache sin dulce

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El entusiasmo con los primeros éxitos era grande. Íbamos y veníamos ilesos, y el olor del riesgo, lejos de amedrentarnos, se sentía como hoguera ardiente en la sangre joven y romántica. Los cinco miembros del comité de base ‘Jesús Farías’ de la zona YVF de la juventud comunista, nos sentíamos cada vez más hermanados por ese imborrable acontecer. Pero bien cierto es aquello de que ´no hay victorias sin lágrimas’ y pareciera como si la misma lucha nos exigiera un nuevo tipo de prueba: la de soportar el sufrimiento, y sentir en carne propia los golpes del enemigo. En la  semana santa del 57, dos zarpazos también relámpagos hicieron palpable la presencia de lo que  hasta ahora conocíamos por referencias: la temible SN…”.

(Diego Salazar. Los últimos días de Pérez Jiménez, 1978)

Todos los días, a cualquier hora, Venezuela se estremece por los gritos furiosos que explotan con el estruendo de un trueno. Gritos de frustración. De angustia. De miedo. De terror. De odio. Gritos lastimeros. Llanto silente. A veces desesperado. Un gigantesco y desafinado coro de voces exigiendo cualquier cosa. Demandando justicia. Reclamando libertad. Cambios políticos. Económicos. Sociales. Culturales.

Voces de madres con sus hijos enfermos y en cama. Sin medicamentos. Hambrientos. Desnutridos. Exánimes. Elevan una plegaria a Dios. Piden piedad. Misericordia. Voces de un pueblo que no encuentra sosiego. Ni paz. Ni consuelo. Las voces de la sed. Del desconcierto. Del desamparo.

Cuerpos que sienten el dolor lacerante de un boquete abierto en el pecho por donde se les va la vida. Le extrajeron el corazón. Se lo llevaron lejos del cuerpo físico. Lo guarda otro pecho. En otras tierras. En otros mares. En otros cielos. Otros paisajes. Otra gente. Otra cultura. Corazones escarnecidos. Tristes. De pasos apresurados. Una lluvia interminable. El reencuentro, llama viva.

La Patria (…) es un dolor que se lleva en el costado / sin palabras ni gritos…” escribió el argentino Leopoldo Marechal en “Descubrimiento de la Patria”.

Lo triste de esta situación es que los venezolanos, que viven la más grande tragedia contemporánea nacional, se escuden en el mutismo como forma de lucha.  Como si no les importara el destino del país. Se amparan en una la irrelevante retórica en las redes sociales. Dándose animo. Pero… Parece hubieran perdido la capacidad de reaccionar ante un régimen que les roba la dignidad. Las alegrías. La vida. Que impone el terrorismo de Estado. Un miedo instilado. Un pueblo insensible ante el dolor de la pérdida de la libertad y la democracia. Un Estado fallido.

Da pesar que el marcado individualismo que caracteriza a la sociedad de estos tiempos haya opacado la solidaridad de otrora. La consigna es “sálvese quien pueda”. Cada quien cargue su cruz. Se preocupan por sobrevivir. ¿Antes era igual pero no había una crisis como la actual y por ende, no se percibía la desviación?

“-¿Cómo te explicas tú que nuestro pueblo, un pueblo de un pasado tremendamente viril, soporte lo que no soportaría un rebaño? Dime, ¿cómo te lo explicas? Pregunta Armando Pereda, uno de los estudiantes de la UCV (Universidad de Caracas) que conspiraron contra Juan Vicente Gómez en la novela Fiebre (Miguel Otero Silva, 1939). En realidad se rebelaron 252 jóvenes. La “Generación” del 28.

Esos muchachos han sido el referente de los movimientos de jóvenes contra el oprobio de los gobiernos, del signo ideológico que fuere, que se dieron después de la muerte del general Gómez. La tragedia de los románticos estudiantes que con sus ideales a cuestas dejaron los libros por las armas y se alistaron en la guerrilla y fueron a dar a esos depósitos de hombres que fueron Palenque, La China y El Coco (estado Guárico), es el tema de fondo de “Fiebre”. La vigencia de esos ideales no se discute.

Rechazo esa forma de lucha. Nunca dejaran de existir las causas que llevan a lanzar “la piedra contra el silencio y la quietud y la sumisión” pero ya está bueno de tanta sangre joven derramada, de presos políticos destrozados. A ellos los lloran sus familias…nadie más. El régimen los convirtió en “trofeos”. Otros en propaganda.

La población no siente como suyas las luchas de otros. El personal de salud de los hospitales tiene varios días exigiendo mejoras salariales; pero también la adquisición de medicamentos e insumos y respuestas a la plaga de este siglo, el exilio forzoso de personal calificado que emigra en busca de oportunidades y para elevar su deteriorada calidad de vida. Sin embargo, esas voces de protesta no encuentran eco en ninguna parte. Son como las señales de las empresas de telefonía móvil. Son una blanca y solitaria mancha en medio de la nada.

Al paro indefinido que desde el 25 junio 2018 realiza el Colegio de Enfermería del distrito capital -amenaza con la radical renuncia colectiva- se une la convocatoria a un  gran paro nacional porque es “imposible seguir soportándolo (al gobierno nacional) sin darle un contundente respuesta colectiva y nacional” al que insta con ahínco un conocido político. Estos asuntos deben ser evaluados a fondo. Los argumentos son prístinos; más ¿Están dadas las condiciones objetivas para dar ese paso? ¿Qué dice el resto de los actores sociales, económicos y políticos? ¿El gobierno?

Mientras esto sucede la sociedad permanece inmutable a esas luchas que redundan en beneficio del colectivo, pues ¿De qué vale ser atendidos en un hospital por un personal sin alicientes para el sacrificio diario y además carece de los insumos necesarios y las mínimas condiciones indispensables para el ejercicio profesional? Sin seguridad personal ante la arremetida del hampa; al mismo tiempo que los cuerpos de policía se despliegan como guardaespaldas a funcionarios del régimen.

Ya es sabido el estado de deterioro de la universidad y las miserables condiciones en las que se trabaja. Solo el estoicismo y la vergüenza de su comunidad la mantienen en pie. Sus puertas abiertas. Siempre deben estarlo. Ninguna reivindicación, del tipo que sea, debe olvidarse de esta premisa; a propósito de los paros que se ejecutan y las voces insensatas convocando a paro indefinido. Estampida. Silencio sepulcral. La universidad inerte –muerta- como quiere el gobierno.

A pesar de lo que podamos pensar, la universidad es importante para los planes gubernamentales. Su conducta perversa así lo indica. En medio de la retórica y la demagogia quiere destruirla para reconstruirla desde sus cimientos, hecha a su medida. Postrada. Sumisa ¿Qué escenarios y cursos de acción establecen los estrategas de la Fapuv y de las asociaciones de profesores para lidiar con este problema; además de las reivindicaciones socioeconómicas? ¿Cómo podemos convencer a los antiguos aliados, convertidos en meros observadores, de que escuchen de primera mano nuestras exigencias, las compartan y nos acompañen?

Las luchas de las universidades son en solitario. Sin el calor del pueblo que les es consustancial, pese al supuesto teórico de que ambos se benefician de esa interrelación. Desde esta perspectiva, no se comprende esa falta de solidaridad y compromiso de la sociedad con una institución que busca mejorar sus condiciones para elevar la calidad en los productos y servicios que se ofrecen en el intercambio. Tampoco la pasividad de las autoridades. Un matrimonio venido a menos.

A esta separación, con ribetes de divorcio, no se le planta cara para buscarle alternativas de solución. Con retórica se pretende que no existe y se prefiere esperar que la solución caiga del cielo. Como Maná. Los problemas son nuestros; pero también de la sociedad en su conjunto. Es la responsabilidad institucional de la universidad y de las comunidades. No de individualidades. Como dicen, no hay tiempo que perder. Después puede ser tarde.

Sin quererlo estamos dando la razón al gobierno cuando nos tilda de “torre de marfil”. Sabemos que no es así, que la universidad, LUZ en particular, tiene presencia activa en las comunidades; pero si aún así no hay una identificación, ¿En qué fallamos? ¿Cuál es la forma de convencer a la sociedad de que somos sus aliados y en estos tiempos requerimos de su presencia activa en nuestras luchas pacíficas?

Hay un pasaje de la citada novela “Fiebre” que nos sirve para ilustrar la problemática de este vacío existencial. Están reunidos los estudiantes y reflexionan sobre la situación del país y la lucha que emprenden en solitario contra el gobierno dictatorial de J.V. Gómez. Armando Pereda, dice:

Yo no creo que nos siga nadie (…). Pero esa no es la razón para no sublevarse contra el despotismo. Yo, francamente, siento cierta vergüenza de ser venezolano. Y en resguardo de mi conciencia, por lo mismo que no robo, estoy decidido a hacer algo por mi país. Lo que sea. Aunque se trate de un gesto estéril, como creo que será todo lo que podamos hacer”.

El cambio que deseamos será posible si hay unidad. Si se logra convencer a la población de que hay una real y viable alternativa de cambio. Si se conforma un frente nacional de lucha tan amplio que quepan todas las expresiones del pensamiento político. Sin exclusiones por miedos atávicos que nos alejan del pluralismo y la diversificación política que se pregona. Lo más importante. No esperemos un mago que lidere la reconstrucción de Venezuela. Pasarán muchos años –generaciones tal vez- para ver un país en pleno desarrollo. Pero…hay que empezar.

Algunos críticos tildan la novela “Fiebre” de panfletaria porque MOS hace apología de la ideología que profesaba utilizando la lucha estudiantil. No obstante, el texto es aleccionador y fiel reflejo de una gesta épica en la cual los estudiantes morían de hambre y enfermedades. Con grilletes en los tobillos. Echando pico y pala para construir carreteras en los llanos venezolanos. Si es algo parecido a la caótica realidad del “socialismo del siglo XXI” no es mera coincidencia.

Tal vez tú tienes, sin reconocerlo, el mismo miedo de Robledillo a una lucha larga. Pero no hay remedio. Nuestra lucha no puede ser de una sola etapa. Cuando desparezca Gómez, los problemas se harán más complicados, los enemigos ocuparán mayor número de trincheras, la pelea será más intensa. Nada ganamos con engañarnos a nosotros mismos. Es mejor saber desde ahora que vamos hacia muy lejos y por un camino muy duro, para no desalentarnos mañana cuando el camino se nos alargue” (Miguel Otero Silva, ídem).

(*) Cache sin dulce era un guarapo extraído de la borra de café rehervida que se servía sin un pedazo de panela (Alí Brett Martínez en Tres tiempos, 1999)

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