Asdrúbal Cuauro: Café con dulce por fuera

Asdrúbal Cuauro: Café con dulce por fuera

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“…cada generación se cree destinada a rehacer el mundo, pero la nuestra  tiene una mayor misión: consiste en impedir que el mundo se deshaga porque es heredera de una historia corrupta en la que se mezclan las revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; poderes mediocres que pueden destruirlo todo, en que la inteligencia se ha humillado hasta ponerse al servicio del odio y la opresión (…) la vida se ha vuelto una inmensa cuesta arriba y aunque la fuerza y el espíritu nos impulsan a seguir luchando, hay días en los que el desaliento nos hace dudar si seremos capaces de rescatar al mundo de tanto desamparo”.

(Ernesto Sabato citado por Domingo Bracho Díaz en su discurso XL Aniversario Promoción de Médico Cirujanos Sanatorio Antituberculoso de Maracaibo, 2003)

 

Julio es un mes esperado con ansias por amplios sectores de la sociedad. Es una época de alegría para muchos. Desolación para otros. Éxitos. Infortunio. Tragedia. Descontento. Resignación. Mezcolanza de sentimientos. Emociones a granel. Es tiempo de inicio de las vacaciones escolares. Tiempo de pausar el trabajo en la escuela. Delicias de los niños, jovencitos y los universitarios.

De esos últimos, una inmensa mayoría pausará con desagrado sus labores académicas. Los paros de actividades de los profesores les retrasa en sus planes de egresar en el tiempo previsto e inevitablemente vendrán en atropello a querer terminar los semestres a como dé lugar. Los que estudian por año podrían tener un mayor margen pero la realidad dice lo contrario. Total, los estudiantes de pregrado son los grandes perdedores de esta forma extraña de protestar y exigir respeto. ¿Respeto?

Para los niños –ajenos a esa problemática- y los estudiantes de bachillerato que no tuvieron materias reprobadas, las vacaciones son un largo período de disfrute. Algunos tienen alternativas para gozarlas. Otros no: trabajan. No obstante, la alegría no conoce de los problemas cotidianos. De oposición y oficialismo. Exiliados. De espacios e instrumentos para “veranear”. La caótica realidad de este ex-país no le pone freno al placer de irse a dormir más tarde. Tomarse libertades prohibidas el resto del año. Es tiempo de dolor de cabeza para los padres. Larga temporada.

Es tiempo de recoger lo sembrado. Una siembre que tuvo los más amorosos cuidados. Muchas veces imperceptibles. Con sobresaltos. Ausencias. Madre o padre que emigran en busca de la esperanza. Para darle mejor calidad de vida a sus hijos. Pagarles los estudios. En la lejanía lloran su soledad. Sin poder compartir sus logros académicos. Acompañarles en la defensa de la tesis. En los actos de graduación. Son los que rinden el beneficio de deslomarse quizá limpiando pocetas. Vendiendo dulces. Elaborando hamburguesas. Son los de las pequeñas remesas familiares.

El julio de 2018, es el del delirio de miles de venezolanos que no apartan los ojos de la pantalla de los televisores observando el mayor espectáculo deportivo mediático: el Mundial de Futbol, Rusia 2018. Lamentablemente fue el del desmoronamiento de las potencias futbolistas Latinoamericanos. Una final europea.

También es el mes de la conmemoración de la creación de un nuevo orden en el país por el primer Congreso venezolano: la proclamación de la Independencia de Venezuela, 5 julio 1811. El nacimiento de un Estado libre e independiente. Un República con nuevas instituciones y una Constitución basada en los Derechos del Hombre, los principios más avanzados de su tiempo, que la población no conocía y, por ende, se les hizo difícil de entender e interpretar y mucho menos aplicar.

Hablamos de una sociedad profundamente desigual, basada en castas, con costumbres y tradiciones arraigadas. Con escasa educación y poca relación entre los grupos sociales establecidos. Grupos diseminados por todo el país en pequeñas pueblos o posesiones. Aislados y con precarias comunicaciones.

En una sociedad con estas características no es raro que quienes estuvieran de acuerdo con la monarquía -los funcionarios españoles que quedaron en el país. Los propietarios coloniales. La fuerza poderosa de los núcleos sociales mantuanos- hizo todo lo posible para no perder las posiciones y privilegios que ostentaban. Se resistían y produjeron el caos. La anarquía. La polarización. La violencia confrontacional.

No fue casual ese desastre. Si nos atenemos al “Triángulo de Gobierno” de Carlos Matus, era predecible. No había capacidad de gobierno –la única experiencia de gobierno se remitía al año de gestión del Cabildo de Caracas- y por tanto, no sabía cómo acometer los problemas que enfrentaba. Tampoco tenía liderazgo consolidado.

El triángulo de Matus es un triángulo equilátero cuyos vértices están constituidos por el programa o proyecto político. La capacidad de gobierno. La gobernabilidad.

Era un gobierno bisoño y endeble. La gobernabilidad no existía. Sin el consenso de los grupos sociales en torno al proyecto de país que se pretendía establecer. Sin organización. Ni ejército. Mucho menos recursos económicos, técnicos o tecnológicos. No había buen augurio. Venezuela era, literalmente,  el “cuero seco” guzmancista. Una caótica República imposible de gobernar.

Salvando las distancias y con los paréntesis y comillas del caso, era un gobierno semejante al actual en muchos aspectos, con la diferencia de que éste tiene una FAN “de su lado”, fuerzas policiales y grupos paramilitares bien equipados. Sin dinero (ni fuerza productiva en acción para obtenerlo y una Pdvsa, de hecho, quebrada) pero una maquinita de engañar tontos que produce dinero “inorgánico” a manos llenas para alimentar el monstruo de la inflación. Elimina otros tres ceros al valor de la moneda, para –entre otros objetivos- indirectamente incrementar el precio de los combustibles.

Un gobierno centralizado que concentra todo el poder y por tanto, con un férreo control en los ámbitos políticos, económicos, sociales y culturales; pero el “plomo en el ala” de la anarquía. Las corruptelas. La impunidad. El despilfarro en medio de la nada.

Es un gobierno de funcionarios con experiencia “pateando la calle” –ni tanto- o eternizados en el ejercicio de distintos cargos burocráticos pero sin conocimientos ni un liderazgo que no sea el de las loas. Jóvenes con conocimientos, sin liderazgo ni experiencia que se mueven en los cargos como las piezas en un enroque. La lealtad al proyecto “revolucionario” es comprada a cualquier precio. Escándalos.

En definitiva, es válida la pregunta de muchos analistas políticos, ¿Quién manda en Venezuela? Un país despedazado. Con problemas para los que no hay respuestas gubernamentales. Con manifestaciones de protesta a diario. Por pésimos servicios públicos. Por hambre. Por medicamentos. Por presos políticos. Desidia.

Como escribió Rafael María Baralt (citado por Julio Portillo en “Zulia insurgente”, enero 2016): “El mal gobierno  consiste en hacer depender el bien de la República de una sola voluntad, así es el despotismo y cuando impera no hay vida intelectual ni moral para el pueblo, sino empobrecimiento y abandono”.

Por cierto, Julio es mes de los ascensos militares. Caras sonrientes. Rostros desencajados. Una élite que más que por mérito es ascendido al grado inmediatamente superior por su “lealtad” personal al presidente de la República y a la “revolución” fracasada. En la lejanía escuchamos al ministro de la Defensa: “las juntas de evaluación de los ascensos actuaron con rigurosidad y justicia”. Unos 16.900 oficiales firmaron la carta de lealtad al líder máximo. El egocentrismo no tiene barreras.

En el acto de otorgamiento de los nuevos grados, el citado ministro afirmó que los ascensos “no son prerrogativas y privilegios como se hizo en el pasado”. En socialismo “se reconocen los méritos sin discriminación (…). Este acto no entra en debate con la desigualdad y la exclusión”. Permítanme decir con Emilio Lledó: “El mundo está fatal por culpa de la codicia y la ignorancia”.

Hablando de desigualdades y exclusión, a los militares les asignaron una remuneración mensual astronómica. No es que estemos en contra de sus nuevos sueldos, lo que rechazamos es el rasero que aplican para los incrementos. Nada tienen que ver con méritos ni la pregonada -disculpen el lenguaje- y prostituida “justicia social” ¿Por qué los demás profesionales no podemos tener sueldos de esa cuantía y debemos resignarnos con migajas…y quizás una caja Clap?

Aunque visto en la perspectiva de la hiperinflación los nuevos sueldos de los militares pronto serán un “pellizco” al dólar. Los demás venezolanos tenemos que conformarnos con sueldos de hambre. Ni dando gigantescos saltos alcanzamos a verle la cara a Washington en el billete de un dólar estadounidense. Estos honorables guardianes de la patria ¿Son los herederos de los ejércitos libertadores como dice el corro militar? Una casta que podría coadyuvar a cambiar la suerte del país. Pero…

El mes de julio es así mismo el del aniversario de instalación de la Facultad Experimental de Ciencias (1973). Una promesa de cambio en la estructura académico-administrativa de la Universidad del Zulia surgida como una necesidad para el desarrollo del conocimiento y los modos de investigación. Modelo que naufragó por las luchas internas de poder e incomprensión de quienes eran sujetos y objetos de la transformación de la tradicional estructura facultaría. Hoy es una facultad que reducida a su mínima expresión académica, en franco deterioro y desvencijada, espera paciente resurgir cual ave Fénix en medio de la más espantosa incertidumbre.

 

Los oficiales no se levantaban contra las fallas del gobierno, ni contra la incompetencia del primer magistrado, afirmó, ‘sino porque no hallaban todos los goces que aspiraban temerariamente, porque se creían con los derechos de los conquistadores debido a que habían contribuido a redimir la tierra del dominio extranjero (…). Estamos frente al feudalismo militar que invoca el derecho del más fuerte

(Tomás Lander respecto al militarismo pos independencia citado por Elías Pino Iturrieta en su artículo “El feudalismo militar”, junio 2018).

 

(*) “Café con dulce por fuera” era una expresión que utilizaban mis mayores paraguaneros para identificar al café servido con un pedacito de panela en el plato donde iba la taza. Alí Brett Martínez (1999) dice que la persona bebía un trago de café a la vez que masticaba el papelón.