Asdrúbal Cuauro: Del ¡chito! al retén de Cabimas

Asdrúbal Cuauro: Del ¡chito! al retén de Cabimas

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“Cada cosa es lo que es: la libertad es la libertad, y no igualdad, honradez, justicia, cultura, felicidad humana o conciencia tranquila. Si mi libertad, o la de mi clase o nación, depende de la miseria de un gran número de otros seres humanos, el sistema que promueve esto es injusto e inmoral. Pero si yo reduzco o pierdo mi libertad con el fin de aminorar la vergüenza de tal desigualdad, y con ello no aumento materialmente la libertad individual de otros, se produce de manera absoluta una pérdida de libertad. Puede que ésta se compense con que se gane justicia, felicidad o paz, pero esa pérdida queda, es una confusión de valores decir que, aunque vaya por la borda mi libertad individual “liberal”, aumenta otra clase de libertad: la libertad “social” o “económica. Si la libertad es un valor sagrado e intocable, no puede haber tal principio”.
(Isaiah Berlín. Dos conceptos de libertad. Conferencia en la Universidad de Oxford, 31 0ctubre 1958.

Avanza la cuestionada campaña electoral para la elección del 20 mayo 2018. Un demagógico presidente de la República promociona su candidatura como un nuevo comienzo. Recicla promesas incumplidas con el consabido “ahora sí”. Eternizándolas. Pensando que en Venezuela las cosas se olvidan rápido. Somos de memoria corta. Fácil de engañar. El gigante está dormido… con un ojo abierto.

¡Venezuela potencia! Consigna populista en un país quebrado. Endeudado. Desperdigado por Latinoamérica. Años de derroche. Penurias. Hambre. Represión. Muerte. Desolación. Incertidumbre. El legado de una “Revolución” que no fue.

A propósito, la campaña para la elección presidencial parece una tierra yerma y reseca. Observada a lo lejos con displicencia por una población que asemeja cardones y tunas. Mudas criaturas. Inmóviles. Sedientas del agua vivificante de elecciones libres. Una MUD ausente. Un Frente Amplio balbuceante que da pasos de niño que aprende a caminar. Un escenario atípico ¿Hay elecciones para las asambleas legislativas estadales y los concejos municipales?, pues asemejan a un cadáver insepulto. Silenciadas. Despreciadas. Carentes de valor político.

Si el hambre y la muerte de venezolanos por carecer de medicamentos y centros sanitarios equipados para atender cualquier dolencia, en particular las crónicas, o no tener dinero suficiente para comprar los alimentos básicos, no son prioridad y más allá de las cajas Clap y las instalaciones de Barrio Adentro, que son para atención primaria, qué podemos decir de la falta de agua, gas y electricidad.

Especialmente grave es el problema eléctrico que indigna hasta lo indecible a la población y en el caso de Maracaibo es causal de desesperación tanto por las condiciones climáticas como por los aparatos eléctricos que se dañan ante tantos “bajones”. Cada uno peor que el anterior. Las promesas añejas ya no surten efecto.

Si esto no fuera suficiente castigo para los zulianos, ahora resulta que no se puede protestar de manera pacífica ante tanta calamidad y la burla que significa cada declaración de ministro del ramo, descargando su responsabilidad y la del gobierno en “saboteadores”. El gobernador del Zulia amenaza con el “retén de Cabimas” a quien ose manifestar por el estado de cosas, pues cualquier expresión pública de descontento es considerada una “guarimba” y reprimida con violencia.

Parece que el espíritu de Juan Vicente Gómez –dictador, 27 años en el poder- se incorporó en este servidor público, pues al escuchar su amenaza se nos vino a la mente la famosa expresión andina “¡Chito!” que utilizaba el “taita” Gómez para acallar cualquier disidencia. El tirano exigía sumisión y acatamiento sin discusión. Según Orlando Peñaloza era una expresión que “por sí sola recordaba a quien se la pronunciaban su posicionamiento en un nivel inferior”.

Tanto que hablan los líderes de la oposición -y nosotros mismos- de libertad de expresión, libertad de pensamiento, derechos humanos y derechos constitucionales y ante las amenazas de un funcionario público la dirigencia de las oposiciones en la región y el país hace el más estridente silencio. Nos mostramos incapaces de levantar la voz ante tanta ignominia. Tanto autoritarismo. Tanta desfachatez.

Nos quedamos encerrados entre cuatro paredes rumiando sentimientos de amargura. De humillación. De opresión. De Derrota; mientras desde el gobierno imponen a rajatabla la cultura del silencio. Hacen falta nuevos líderes. Que no sean suicidas pero tampoco teman a personas perversas, suerte de facinerosos, que obvian a la Carta Magna que juraron defender (ver la introducción de Isaiah Berlín).

Así las cosas, la universidad no escapa a ese signo y mantiene un perfil muy bajo respecto a la realidad política. Nos sume en la orfandad crítica ante los horrores que suceden a diario. No hay un compromiso activo y efectivo para “colaborar en la orientación de la vida del país”, mandato de la Ley de Universidades (artículo 1).

Las superiores casas de estudio se inscriben en la reflexión de Héctor Abad Gómez, médico y profesor universitario asesinado en Medellín (1987) por defender sus principios. El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince (El olvido que seremos, 2006) reproduce extracto de un artículo de prensa de su padre, de vigente actualidad:
“La Universidad está en la mira de quienes desean que nadie cuestione nada, que todos pensemos igual; es el blanco de aquellos para quienes el saber y el pensamiento crítico son un peligro social, por lo cual utilizan el arma del terror para que ese interlocutor crítico de la sociedad pierda su equilibrio, caiga en la desesperación de los sometidos por la vía del escarmiento”.

Esta nueva arremetida contra la libertad de expresión y de opinión se da precisamente cuando la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) conmemora este próximo 3 de mayo el Día Mundial de la Libertad de Prensa bajo el lema “Los frenos y contrapesos al poder: medios de comunicación, justicia y estado de derecho” (…) El día también será una oportunidad para examinar los desafíos actuales de la libertad de prensa en línea”.

El régimen aplica más presión a un pueblo que ya no teme expresar su descontento y ante los reclamos recibe como respuesta el desdén y la indiferencia o la injusta acusación de “guarimbero”. No obstante, la instauración del miedo como política de Estado para acallar los gritos ya no es tan efectivo. Esa rebeldía amenaza con romper ese dique de contención en que se han convertido las cajas Clap, el carné de la patria y esas monedas de cambio que son los “exuberantes” bonos, en entregas controladas. Imposible detener el declive pronunciado de la calidad de vida.

El incremento del control social con el carné de la patria y el efecto burbujeante de los bonos se constituirá en punto de inflexión y desatará los demonios, porque llegará el momento en que no habrá más dinero para sostenerlos. Ya el gobierno no puede cerrar los ojos o mirar hacia el otro lado. La propaganda no tiene el efecto esperado. El régimen se siente acosado. El verde oliva es su esperanza.

Casi nada queda del tejido político-ideológico regional urdido durante los años de la bonanza petrolera que podría apoyarle. Bajo la premisa de que en el plano internacional no hay amigos sino intereses, el pragmatismo de los pueblos -ante las urgencias socio-económicas y políticas- se impone y decide por liderazgos que entiendan sus problemas y planteen soluciones. La soledad se hace patente.

En este contexto, la influencia político-ideológica poco cuenta. No es que se imponga la derecha sobre la izquierda o viceversa -no son más que etiquetas- por cuanto a la hora de la verdad los regímenes de uno u otro signo parecen siameses. La gente, cansada de tanta demagogia, quiere cambios y en consecuencia, actúa.

Nicaragua es un buen ejemplo. Un pueblo desafiante encara a un liderazgo que ascendió al poder sobre los hombros del “general de los hombres libres” pero no le tiembla el pulso para expoliar los bolsillos de la población –incluso de los pensionados- al ver las arcas vacías y que su gran financista -el régimen de Venezuela- tampoco tiene recursos para continuar apoyándolo. Se desató una crisis política por muchos años reprimida. Muy tarde dio marcha atrás a la fiscalista reforma del seguro social.

Con esa situación en mente, este lunes 30 de abril –a propósito de la conmemoración del Día del Trabajador- el presidente de la República anunció un demagógico y populista incremento del salario. Estrategia para acicalar una candidatura presidencial estancada. Lo triste es que muchos creen que mejorará su poder adquisitivo. Pues, no. Es un concentrado proteico que alimentará la hiperinflación que hará más pobres a los pobres. Por esa vía se va al infierno no al cielo.

Lo trágico es que el gobierno ha venido quitando las banderas reivindicativas a los sindicatos. Silenciados e intervenidos por la hábil manipulación de líderes bastardos que entregan en bandeja de plata una institución sinónimo de lucha a la hegemonía gubernamental. Una organización que funcionaba como contrapeso al gobierno y al empresariado voraz ya no tiene el poder de convenir beneficios socio-económicos sino que son decididos exclusivamente por el presidente de la República.

No obstante, debe ser un día para que el trabajador, cualquiera sea su posición, reflexiones sobre su presente y su futuro. Cómo actuar para que el cambio también sea una realidad en los sindicatos. Hacer que las movilizaciones los fortalezca, los haga poderosos y con capacidad para influir y modificar la realidad. Decidir ahora.

Volviendo al inicio, la elección del 20M-2018 no es más que una pantomima para legitimar una elección repudiada por la mayoría de la población nacional y una buena cantidad de países del mundo. Muchas personas dudarán sobre si participar o no en el acto eleccionario. Es un acto de conciencia. Piénselo.

“Las violaciones a los derechos humanos no pueden seguir siendo cuestiones de los otros, nos han comprometido a todos, como víctimas, como victimarios o como testigos. Reconocer que se ha convivido en silencio con el horror por todos estos años, asoma, en el terreno emocional, a tener que asumir complicidades y culpas”.

(Elisa Neumann et al. Violación a los derechos fundamentales: reparación individual y social. Era de nieblas, 1990).

@AsdrbalC

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