Asdrúbal Cuauro: El alquimista

Asdrúbal Cuauro: El alquimista

COMPARTIR

 

“Nunca cedas a la locura. Ese es el peor abismo, el único. Acuérdate de tu padre, de tus abuelos…No dialogues con el Demonio, no lo escuches. Mira a Enrique: vive amenazado por bestias infernales (…); etéreos contrahechos que llegan ardidos del Infierno para predecirle su triste fin…Tu mantente atenta a lo real. No oigas a los teólogos (…). Rodéate de animales y soldados. Resiste a la tentación de hablar sola. ¡Odia la paz! Mira lo que es la paz: un vacío que solo llenan los demonios. Sí, hay que morir, morir de vida”.
(*) Una niña Isabel I de Castilla (Isabel la Católica) evoca la voz de su madre Isabel de Portugal, quien padeció una enfermedad mental. El Enrique de la cita es el Rey Enrique IV su aborrecido hermano mayor (hermanastro).

(Abel Posse. Los perros del paraíso, 1987).

Agoniza el mes de mayo y con él se termina de poner el último clavo al ataúd de esta locura que se dice democracia. Los eventos suceden a una rapidez impresionante y las noticias arropadas por los rumores se esparcen en ese nuevo campo de batalla que es el espacio virtual. Como dicen, la verdad es la primera víctima en las guerras.

La farsa electoral copó los espacios informativos y las redes sociales de un soleado domingo de soledades. De tranquilidad indescriptible. Frío como cualquier día en pleno invierno en un país con las cuatro estaciones. El grito ¡¡Fraude!! se esparció a los cuatro vientos y en el espacio virtual. La desinformación se abrió paso y los números trazaron piruetas como un ballestita. Al final, no hubo sorpresa en una noche de “records”. En el CNE la bíblica “Todo está consumado” se hizo realidad.

Para variar, al votar en la mañana, el candidato-presidente amenazó con sus acostumbradas declaraciones que enardecen y preocupan a los demócratas. No dudamos sea un escenario que manejaron: “Venezuela se encamina a una etapa de estabilidad política…tu voto decide, o votos o balas, paz o violencia” dijo en tono grave.

Al final del proceso de votación la gente le llevó la contraria al presidente. En números redondos, sobre un universo electoral de más de 20 millones de electores, el candidato-presidente obtuvo la reelección con menos de 6 millones de votos. Para ese momento el total de votos escrutados eran unos de 8.6 millones. La participación fue del 46% (con una proyección del 48%).

El presidente electo se refirió ufano al record del 67.7% de los votos escrutados. No obstante más de la mitad de la población electoral (54%) no se expresó. La sociedad sigue dividida y una mayoría rechaza al candidato electo. El otro record que pasó bajo la mesa es que fue la participación más baja en una elección presidencial.

De manera concisa, esos fueron los números de una no-elección como señaló el ex-gobernador candidato “Desconocemos este proceso electoral y lo calificamos como ilegitimo” en medio de denuncias de irregularidades durante la jornada y la violación de los acuerdos firmados por todos los candidatos. El “te lo dije” se escucha atronador.

De nada valieron las amenazas del candidato-presidente ni las denuncias de corruptelas y delitos electorales cometidos. Las gigantescas erogaciones de dinero público poco sirvieron para lograr el tsunami electoral previsto. Fue un triunfo con sabor a derrota. Una amarga derrota que acentúa la crisis política. El fracaso estrepitoso.

En la alocución posevento electoral, el candidato ganador precisó con el tono “civilista, pacífico y pleno de amor” que le caracteriza: “…tienen que reconocernos, a Venezuela en primer lugar, y al movimiento bolivariano, a las fuerzas bolivarianas que yo lidero y que fundó el comandante”. Fin de la fiesta.

Como suele suceder después de una batalla electoral, a la par de la sonrisa del triunfo –o la cara de pesar por la derrota- el liderazgo opositor, cada quien por su lado, hace un análisis de la situación y como por combustión espontánea surge el mea culpa. Los buenos deseos de reconciliación y la necesidad vital de la unión de fuerzas para dar la pelea en el tiempo por venir no se hacen esperar…pero cada quien mantiene oculta su hacha de guerra. ¿Esta vez será diferente?… hay que verlo para creerlo.

Por cierto, ¿La abstención fue el resultado de la propaganda de la MUD, del Frente Amplio y de otras organizaciones de la sociedad civil, de las presiones internacionales o fue obra de un pueblo cansado de tanta desidia y consciente del momento histórico? ¿Una combinación de todos los factores? Ahora… ¿Qué vendrá?

Por lo pronto, el Grupo de Lima retira sus embajadores de Venezuela, llamándolos a consulta. Las presiones internacionales contra el gobierno continuarán y ya se anunciaron nuevas sanciones por EE UU. El presidente electo ha declarado llamará a un gran acuerdo nacional. Necesario. Imprescindible. Pero no creo llegue más allá de un montaje para tratar de bajar la presión internacional.

De sus palabras amenazantes citadas anteriormente se colige que el control social y político se acentuará. No tiene otra forma de enfrentar a ese “cuero seco” que es Venezuela, en el contexto de nuestras penurias y calamidades. Si la hiperinflación no es contenida, el presidente verá encolerizados a sus propios seguidores que exigirán más y mejores beneficios. Se desvelará la falacia de las promesas electorales. La dura realidad es que no habrá más recursos. Los embaucaron.

Más allá del evento electoral, en la semana recién finalizada un nombre estuvo en boca de muchos: El Helicoide. Una construcción que se me asemeja a una culebra enrollada y lista para atacar. Su construcción se inició en 1956, en tiempos de la dictadura de Pérez Jiménez quien se caracterizó por la modernización del país levantando edificaciones y grandes obras de ingeniería. El proyecto se paralizó en 1961 por falta de presupuesto.
No obstante ser percibido como un monumento a la dictadura, a partir de 1984 varios organismos del Estado se fueron instalando en el edificio. La Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip) –antigua Digepol- fue uno de ellos. En 2010 la Universidad Nacional Experimental de Seguridad (Unes) ocupó un espacio.

En tiempos del “socialismo del siglo XXI”, el poderoso y lúgubre Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) honra a sus “ancestros” -la Digepol y yendo más atrás la Seguridad Nacional- con sus prácticas violadoras de los más elementales derechos humanos. El Helicoide es un depósito de seres humanos martirizados con lo más refinados y perversos métodos de tortura. Es un territorio extranacional. No considera validas las leyes de la República, pues obvia las decisiones judiciales. “Excarcelación” no existe en el vocabulario de su directiva.

En sus calabozos se mezclan “privados de libertad” que han cometido delitos comunes, por razones políticas y hasta menores de edad. Hay un menor de edad (16 años) detenido desde el enero 2018 que debido a los sucesos del 16 mayo fue trasladado hasta el retén de menores de Coche. Su madre denuncia que otros tres jóvenes salieron en libertad menos su hijo que “tiene una boleta de excarcelación que extraviaron”. Tiene una fianza constituida desde el 15 febrero.

De ahí que no sea una sorpresa el motín llevado a cabo por los presos políticos este miércoles 16 mayo en demanda de respeto a sus derechos humanos y el cumplimiento del debido proceso: “Estamos aquí y no tenemos juicio y no tenemos traslado” tampoco son llevados a centros asistenciales cuando lo ameritan. Al mismo tiempo denunciaron “una brutal agresión” –fisura de cráneo, fractura de la nariz y fuertes contusiones- contra un estudiante tachirense a quien los presos comunes le habrían hecho una emboscada. Son más de 50 presos políticos.

El viernes 18, treinta mujeres presas en el recinto se declararon en huelga de hambre exigiendo respeto a sus derechos humanos. Reclamaban la presencia del fiscal general, la instalación de tribunales itinerantes para hacer las denuncias respectivas. Así como la atención médica para las reclusas con problemas de salud.
Los afectados –la víctima, su entorno familiar y amigos- señalan al Sebin de actuar de manera similar a las extintas Digepol, Disip o Seguridad Nacional. No guarda las mínimas formalidades de un Estado que se supone es de derecho. En estos casos la inseguridad se hace patente. Es un caso de marginación ante la ley.

Es una aberración que ese recinto penitenciario, sede de un órgano auxiliar de investigación y adscrito a la vicepresidencia de la República, sea la expresión de la barbarie. Estos tiempos “revolucionarios” no son precisamente civilizados. Las crisis humanitarias son repudiables. El desprecio por la población. El establecimiento de un terrorismo de Estado manifestado en la persecución y encarcelamiento de todo aquel que se oponga al régimen. Se vive aterrado pensando ¿Cuándo me tocará a mí?

La situación no es nueva en el país. Lo trágico y contradictorio es que los descendientes y aquellos que en las tres primeras décadas de la era democrática “se rasgaban las vestiduras” por la violación de los derechos humanos de los detenidos y muertos en las confrontaciones armadas del pasado sean los represores, asesinos y carceleros de hoy. Los que vulneran el Estado de derecho y lo hacen con igual o mayor sevicia que otrora. La “revolución” fracasada. La quiebra de la tabla de valores.

Si bien sobre el actual fiscal general recaen las denuncias por su nula actuación en favor del debido proceso, no puede omitirse que la fiscal general en el exilio está incursa en esa misma práctica durante su largo período al frente del Ministerio Público. Hay presos políticos a los que encerró tras las rejas y condenó con subterfugios y pruebas amañadas. Acató las órdenes del gobierno nacional. Cómplice.

Vivimos el momento preciso para profundizar la lucha por la democracia, por la libertad y por la justicia. Para rescatar la dignidad tan atropellada en estas dos décadas. Hay que retomar las movilizaciones pacíficas para volver a sentirnos fuertes y con capacidad de influir y modificar la realidad. Para reconstruir y desarrollar nuevos modos de convivencia verdaderamente democráticos. No será tiempo perdido.

“En los grandes peligros se buscará lo que salva a mayor profundidad (…) Necesitamos el valor de penetrar en las grietas para que pueda volver a filtrarse el torrente de la vida”.

(Ernesto Sabato. España en los diarios de mi vejez, 2004)

@AsdrbalC

NO COMMENTS