Asdrubal Cuauro: El sitio donde se ahoga el tiempo

Asdrubal Cuauro: El sitio donde se ahoga el tiempo

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“Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)…
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo…
que no puedo salir de mi prisión…
que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
que llego tarde a todo
que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
que no soy lo que soy ni lo que no soy
que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
que he vivido quince años en el mismo círculo…”
(Rafael Cadenas. Derrota, 1963)
Los tiempos actuales son de exaltación al desamparo. Nada perturba la celebración del circo montado para el “ascenso triunfal” del presidente de la República al trono de Miraflores. A pesar de los escenarios que varios analistas políticos han planteado la reelección del actual mandatario es el más probable. Queda por ver cual es el caudal de votos oficial porque no es posible de manera independiente constatar la veracidad de la cifra irreversible que se anuncie el 20M-2018 por la noche.
¿Qué pasará a partir del 21 mayo 2018? Oscuridad es el nombre. Lo más factible haya un enroque en el gabinete y nuevas caras lo integren, provenientes de las filas de los derrotados en la elección. Los cobradores de la deuda continuarán haciendo cola y el gobierno nacional corriendo como el don Ramón de la serie El Chavo del 8. Algún nuevo paquete de medidas entrará en vigencia. La comunidad internacional seguirá expectante esperando resultados. Algunos países cortarán las relaciones; pero intervención directa no habrá. Un estallido anuncia. La debacle inminente.
Ya no habrá muro de contención por lo que el control se hará mucho más férreo y la MUD definitivamente desarticulada. La AN –que no puede eliminarse- podría ser sustituida por un nuevo cuerpo legislativo al estilo cubano o el ruso con una oposición oficialista, los derrotados en la elección presidencial. Ya el “oráculo político” oficialista predijo que acciones pueden tomar montados sobre los lomos del desencanto.
El diálogo con todos los sectores del país que anunció el mandatario para salir del atolladero podría ser una alternativa; pero ¿Será aceptado por los sectores más radicales de las oposiciones? ¿Estará dispuesto el gobierno a dar marcha atrás a sus decisiones políticas en materia de derechos humanos y el control social? No parece creíble ver al presidente de la República en esos afanes… ¿Quién sabe?
Volviendo al presente, el candidato-presidente se muestra imperturbable. El desmoronamiento del país no le quita el sueño. Las protestas, tampoco. El FMI le da risa…nerviosa. Un sudor frío debe recorrerle el espinazo…
Se continúa engordando al ya obeso déficit fiscal. Riega la tierra abonada con los clientelares bonos con la lluvia de promesas que brotan de abajo hacia arriba. Las recicla. Al estilo de las fuentes danzantes de Dubai. Nada parece estar pasando. Hay un espeso y oscuro silencio oficial. Un desesperante inmovilismo.
Son tan absurdos nuestros silencios que parecemos piedras rodantes. Que el régimen ni se preocupe en responder con algún argumento creíble las exigencias sobre la crisis humanitaria, es comprensible -nos abofetea con la manipulación de la realidad- pero que haya en nosotros una “sequía de palabras” no se entiende. No somos ciudadanos. Solo habitantes. Solo electores.
“No hay nada nuevo bajo el sol” se suele decir. A partir de esta expresión el escritor estadounidense Ambrose Bierce (1842-1914) construyó la frase: “No hay nada nuevo bajo el sol, pero cuántas cosas viejas hay que no conocemos”. La frase completa significa que la verdad no es todo lo que miremos. Depende de la perspectiva. Se conoce la faceta que se deja traslucir. Por esas sombras transita el gobierno nacional. Dice medias verdades. Miente con descaro. Niega los hechos.
Estamos en una época definida como de la posverdad. Algunos filósofos señalan es la lucha de siempre por el “desvelamiento de la verdad frente a quienes la ocultan y manipulan poniéndola al servicio de sus intereses o simplemente le dan la espalda complacidos en el delirio que salvaguarda sus deseos del frío tacto de la realidad” (José María Agüera Lorente en www.filosofiaenlared.com). El frío espejo.
En el contexto nacional y la realidad que vivimos, el régimen nos enseñó –el reforzamiento skinneriano- como decía Nietzsche en Sobre la verdad y mentira en sentido extramoral (1896), a ser expertos en el “arte de fingir; del engaño, la adulación, la mentira, el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad”. Una buena descripción. ¿En la lucha por la supervivencia, todo vale?
El presidente preso de sus propios demonios y una corrupción que caló profundo en la administración pública, echa mano de la represión para imponer a rajatabla su particular perspectiva de los hechos. Lo trágico es la impunidad y el desparpajo con que miente en nuestras propias narices y ante la comunidad internacional. Las redes sociales y otros medios de comunicación son vías libres para sus fake news (noticias falsas) y los hechos alternativos. Para silenciar los hechos. No ocurren.
El drama de los profesionales de la salud vejados porque exigen mejores condiciones socio-económicas y laborales, es un caso emblemático. Su lucha por la apertura de un canal humanitario que permita el acceso a donaciones de medicinas e insumos hospitalarios por organizaciones humanitarias internacionales, es arteramente torpedeada. Negado el permiso con vehemencia. No existe crisis. Son inventos.
El Defensor del Pueblo está desaparecido. El régimen, para cuidarse de las denuncias por violaciones a los derechos humanos, encarga a bandas armadas y encapuchadas la represión a las manifestaciones de protestas. Actúan al amparo de la impunidad. Los cuerpos policiales y la GN “acuartelados”. Civiles contras civiles. En Maracaibo, la policía regional acaba la protesta a como dé lugar. Sin contemplación.
Los malos servicios básicos –electricidad, agua, gas doméstico, transporte- también han dado lugar a protesta, crecientes en intensidad. La mayoría silenciadas. Las explicaciones más absurdas como respuesta, algo proverbial dado que son empresas “socialistas” del gobierno nacional. Saboteo es la palabra preferida no solo por obra de perversas personas de “la derecha” sino también por la naturaleza.
La crisis humanitaria por alimentos sigue su ritmo ascendente exponencial. La hiperinflación hace de la malnutrición y la desnutrición graves problemas de salud pública. Ya no solo se trata del abastecimiento de productos sino su costo. La mayoría de la población está imposibilitada para adquirir los productos de la canasta básica. Incluso, la desvalida clase media profesional. Hay un artículo de Juan Vicente León -Lo que viene- en prodavinci.com que vale la pena leer con detenimiento.
El invento de las clientelares cajas Clap es un engaño para calmar los ánimos desbocados, pues solo alcanza para un número limitado de personas. Es un mecanismo de exclusión social y político magnificado con el uso de la tecnología. Se anuncian nuevas medidas para otorgar las Clap: solo a los incondicionales al régimen.
Así, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social dio cuenta de un incremento durante el mes de abril 2018, del 25% de las protestas sociales respecto a 2017. Fueron contabilizadas 927 manifestaciones. Un promedio de 31 diarias.
El régimen no puede enmascarar las crisis humanitarias con su profusa propaganda y obstinada negación. Con argumentos traídos por los cabellos como el señalado por el segundo vicepresidente del Psuv en un programa de televisión:
“Hermano venezolano. Si usted tiene en su casa a alguien enfermo y no encuentra las medicinas no es porque el gobierno no ha hecho todo lo posible, es porque existe gente como Julio Borges y otros opositores”.
Esta ha sido la tónica del oficialismo desde el invento de la “guerra económica”. Echarle la culpa de la crisis a otros factores. No asume su responsabilidad. Las estrategias y tácticas ejecutadas por el comandante en jefe y sus ejércitos no han podido vencer en la guerra. Ni siquiera asestarle un simple rasguño con un cortaúñas. Como dijo un constituyente y dirigente del Psuv respecto al control de cambio. Son medidas políticas nada que ver con la economía. He allí el resultado.
El problema han sido las políticas populistas, el férreo control y el colapso de la economía. El despilfarro de montañas de dólares para honrar el ego del comandante eterno en su empeño de convertirse en líder continental sino mundial. Para hacerse de votos en los organismos regionales y labrarse la imagen de redentor de los pueblos del Caribe y de Suramérica. El experimento del Bronx -Nueva York- no dio resultados. Fue cancelado. En ese ínterin hundía en la ignominia a la población nacional.
El presidente-obrero llegó tarde, pues la botija estaba casi vacía. Sin embargo, continúa raspando la olla a costa de nuestras miserias para complacer los apetitos caribeños. Tabla salvadora en la OEA. Votos en la ONU y otros organismos regionales o sectoriales. En la venida a menos Unasur, está por verse.
“…la última palabra no ha sido dicha todavía”, escribió el politólogo chileno Fernando Mires, a propósito del evento electoral del domingo 20 mayo 2018. Sea cual fuere su opinión amigo lector, no pretendo convertirme en su Pepe Grillo, como el de Pinocho. Haga lo que le dicte su conciencia. En lo personal, no convalidaré el proceso más viciado y antidemocrático que cualquier otro realizado, y eso es mucho decir.
“Venezuela no se ha perdido, ni se perderá nunca porque un ciudadano se burle del Presidente. Venezuela se perderá cuando el Presidente se burle de los ciudadanos” (General Carlos Soublette, 1837).
(*) El título es una frase de El desterrado poema de Víctor Salazar (1963).

Asdrúbal Cuauro
@AsdrbalC