Asdrúbal Cuauro: Noches para seretones

Asdrúbal Cuauro: Noches para seretones

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Los seretones de Carirubana (Paraguaná) eran los barqueros (…). Los seretones salían porque el pueblo todo era una oscurana (…). Los seretones se disfrazaban con sobretodos de caucho (…). Acostumbraban dejar los zapatos afuera de la casa donde querían entrar para no hacer ruidos. Estos noctámbulos no robaban nunca (…). Tenían una misión específica que realizar: cumplir citas amorosas, las cuales al ser descubiertas se convertían en escándalos de larga duración.

Era muy frecuente en aquellas noches tenebrosas escuchar la algarabía de quienes corrían en su persecución gritando: ¡un seretón, un seretón, agárrenlo que va golpiao; va corriendo hacia la Sillita, debe ser un barquero!

(Decanato del Núcleo LUZ- Punto Fijo. Alí Brett Martínez en tres tiempos, 1999)

La tragedia que vive Venezuela no es de una región o ciudad en particular. Es de la totalidad del territorio nacional. Cada conglomerado humano siente la caótica cotidianidad que le aplasta y no tiene forma alguna de evitarla porque la problemática es estructural. Resolverla requiere de voluntad política. De un liderazgo que entienda los problemas y de una intervención coordinada e integral y desde diferentes ángulos y perspectivas…con otra mirada.

Desde hace tiempo señalamos que como los perdidos en los montes andamos en círculo. Sin hallar el camino de salida. Se ha hecho de lado la caótica situación de la gente prestando atención a la trampa de los “trapos rojos” y las diatribas políticas estériles, tanto en la relación oposiciones-régimen como al interior de la oposición misma. Sin llegar a nada. Hacemos el juego al gobierno: distraer la atención.

El régimen utiliza esa estrategia para quitarse la presión de las demandas de una población cansada de tanta desidia. No obstante las funestas experiencias, sigo pensando en el establecimiento de diálogos con el régimen como solución. No es nuestro mejor momento –tampoco el del gobierno- pero hay que avanzar con unas oposiciones solidificadas. En bloque. Ser un interlocutor verdadero. Mostrar nuestro musculo político reaccionando con energía y serenidad. Seguir con la pasividad acostumbrada a la espera de una intervención foránea, es ingenuo.

¿Hemos probado de todo sin resultados efectivos? Hay que volver a empezar. Evaluar cada acción. Cada resultado. Establecer escenarios. Hacer énfasis en el conocimiento y emparentarlo con las experiencias. Nuevas miradas. El objetivo primario, obligar al régimen a sentarse en una mesa de negociación para arrancarle acuerdos. ¿Fácil? No lo será y tendrá un alto costo político.

No esperemos salidas mágicas. Demos a los “resistentes” y al chavismo crítico su espacio natural porque la idea es caminar juntos. Debemos convencernos que nadie podrá hacerlo por nosotros. Ni mejor.

¿Por qué no cambiamos la estrategia usual y empezamos a presentarle a los venezolanos, el país que queremos; que según parece esta trazado en diversas propuestas? Atrevámonos a discutirlas con diferentes actores sociales y mostrar las conclusiones a los ciudadanos como una propuesta preliminar. Ser una alternativa al régimen vigente. Empezar a construir la casa desde los cimientos, no por el techo.

Aprovechar los momentos en que el gobierno “baja” la guardia con un mensaje contundente y a una sola voz. No lastimera sino firme. Las presentación del Informe de violación de Derechos Humanos fue un buen momento. Después de eso se tornó “más cauteloso”. En días recientes ha dejado que la gente muestre su rabia y desesperación. Considera que las protestas se extinguirán lentamente. Total –piensa- son pequeños focos controlables. No le falta razón.

No obstante, el gobierno no tardará en inventar una nueva distracción para “correr la arruga”. Así ocurre con el sector universitario. Anuncia acuerdos con unos nuevos incrementos salariales y retroactivos –menos de lo exigido- y por arte de magia se terminan las protestas. La vida universitaria continua con “normalidad” aunque la institución marche su acelerado transitar hacia un desolado y derruido cementerio de chatarra. A merced del “ángel exterminador” de Miraflores y su particular visión del “desarrollo” nacional. “Todo necio confunde valor con precio” dijo Antonio Machado.

La complejidad de la problemática es tal que el pueblo desesperado trata de encontrar individualmente salida a la crisis. La gente entiende que para liberarse del yugo tienen que saltar a la profunda incertidumbre de la emigración.

El régimen, ni corto ni perezoso y al más puro estilo de la Cuba fidelista, da “puerta franca” al que se quiera ir. Empuja a la gente desesperanzada a dar el gran salto y… sin paracaídas. Se hace el desatendido del drama humano que creó. Cínico, piensa que “no tiene velas en ese entierro”.

Exporta el problema social a otros países de la región que deben reorientar partidas de su presupuesto para atender este imprevisto que se incrementa exponencialmente. Es una fuente de discordia al interior del país receptor. Muchos venezolanos ven en esas acciones puro chauvinismo; pero pensemos en la empática “hay que ponerse en los zapatos del otro”. Válido para el migrante y para el sorprendido país que lo recibe. ¿Donde comen dos, comen tres?

En este contexto se entienden los esfuerzos coordinados que realizan varios países para detener esa migración o contenerla, instalando “campamentos” para exiliados y estableciendo mecanismos para regularizar la situación y evitar el triste espectáculo de Cúcuta. El fantasma de la migración masiva a Europa está fresco en la memoria de los mandatarios que lidian con ese problema.

Volvamos sobre nuestras palabras y andando en círculos nos seguimos preguntando ¿Qué nos pasó? ¿Por qué dejamos que la situación llegara a esta etapa de desarrollo? ¿Fue un acto de ilusionismo y deslumbrados se permitió la instalación del más abyecto proyecto político-ideológico? ¿Quien asume la responsabilidad?

Con la llegada de la “revolución bolivariana” al poder se gestó una alianza regional para hacer frente común contra el denominado Consenso de Washington (finales década 1980) que en poca palabras postulaba la reducción del Estado (menos Estado, menos gobierno), la privatización de las empresas públicas, la apertura del mercado y la descentralización del poder, entre otras acciones.

Con el comandante eterno a la cabeza, Brasil, Argentina, Bolivia, Uruguay y Ecuador consensuaron aplicar la teoría de la “crisis de legitimación” que revertía el Consenso de Washington y devolvía la primacía al Estado. A partir de ese momento, el gobierno se encargaría de atender todas las necesidades de la población.

Fue el inicio del empobrecimiento del pueblo venezolano y lo digo en su significado más amplio, tanto el físico como el cultural y el espiritual. La gente no tiene libertad. Se vive en un estado de coacción general. El gobierno empezó la compra de conciencias algo que nos pareció una extravagancia electorera. El tiempo ha mostrado que fue una estrategia eficaz. Nos hizo depender –unos más, otros menos- de sus “favores”. Sacó a relucir la vieja leyenda negra del indio perezoso.

El actual-viejo-nuevo gobierno ha sofisticado ese mecanismo de control social y político y la tendencia es arropar cualquier diligencia que haga el ciudadano. Los bonos son celebrados aunque signifique mayor pobreza. ¿Recuerdan el condicionamiento operante de Skinner? La cuestión es mantener el poder mediante la paz de los cementerios. La “maquinita” de hacer dinero está aceitada y a full capacidad.

En la actual coyuntura, como se repite incesante, estamos bajo un régimen presidencialista que engulló al Estado. Pareciera se revive el absolutista y monárquico Luis XIV con su supuesta y enfática frase “El Estado soy yo”. Sin embargo, también se observan rastros de la fase posterior del absolutismo que se resume en la frase “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. El “despotismo ilustrado”.

Cada uno de aquellos gobiernos fueron desalojados del poder dejando tras de si una estela de corrupción, descomposición social y polarización política. Pero sobre todo, una profunda crisis económica que los sucesores han intentando corregir cambiando el rumbo. Es obvio que libre de ataduras, el país muestre sus heridas sin el populista maquillaje encubridor. La recuperación es lenta y dolorosa.

La Venezuela del “siglo XXI” vive esa misma tragedia; pero no hay cambio de gobierno. No lo conmueve la virtual “bancarrota” de Pdvsa ni la más lúgubre crisis humanitaria. Le atormenta la crisis de legitimidad. Vive del oxigeno que le proporcionan China y Rusia…y el leal verdor que no le desampara. Al parecer nuevos aires gubernamentales (España y México) le darán alivio a sus penas.

En general, el problema de este gobierno se sintetiza en su apego a un modelo fracasado y su sed infinita de poder. De ahí que se centre exclusivamente en lo político “que está relacionado por naturaleza al poder, al conflicto y al antagonismo” y no en la política que se refiere a las “prácticas e instituciones que formulan ciertos propósitos con lo que buscan mantener o construir hegemonía” (Chantal Mouffe citada por Hugo Spinelli en El proyecto político y las capacidades de gobierno, 2012).

Bajo este punto de vista se entenderá la problemática de la electricidad, el caso más emblemático en los tiempos que corren y nada nuevo en ciudades que están en condiciones peores que Maracaibo desde hace años. Es imposible de resolver en un futuro inmediato ni siquiera mediato –la respuesta es un paliativo- básicamente porque el ministro de Energía Eléctrica carece de capacidad de gobierno, personal e institucional. La retórica y el auto-exculpación no son soluciones. Oscurecen.

Vale decir, sería como “pedirle peras al olmo”. El ministro se ve impedido de diseñar y poner en práctica soluciones de fondo al problema porque no sabe ni tiene respaldo con qué hacerlo. Además, ese no es el objetivo principal del gobierno. Las promesas solo son…promesas (que se lleva el viento, dicen por ahí).

Es nuestra desgracia. La consecuencia de decisiones tomadas como pueblo. Ojalá sirvan de lección y podamos –caminando en paralelo- pensar en las cosas importantes para la trascendencia como país. Democracia. Libertad. Ética. Futuro

La esperanza no deja de luchar aunque la lucha esté condenada al fracaso, ya que, precisamente, la esperanza solo surge en medio del infortunio y a cusa de él”.

(Ernesto Sabato. Sobre héroes y tumbas, 1961)

 

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