Asdrúbal Cuauro: Teatro Baralt

Asdrúbal Cuauro: Teatro Baralt

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“-No sé qué es lo que quiere decir con eso de la ‘gloria’ –observó Alicia.
Humpty Dumpty sonrió despectivamente.
-Pues claro que no…, y no lo sabrás hasta que te lo diga yo.
Quiere decir que ‘ahí te he dado con un argumento que te ha dejado bien aplastada’.
-Pero ‘gloria’ no significa ‘un argumento que deja bien aplastado’ -objetó Alicia.
Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso— quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.
-La cuestión -insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
-La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda…, eso es todo”.
(Lewis Carroll. A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, 1871)

Estos son tiempos de los que los aventureros sacan partido. Como a comienzos del siglo XX cuando el movimiento surrealista estaba en boga, el régimen se rebela contra la razón y la realidad. Hace de la anarquía su razón de ser y lucha por la abolición del Estado democrático y social de Derecho y de Justicia con que define la Carta Magna a Venezuela. Lentamente se aproxima a su objetivo y los que aún tienen un poco de cordura miran para otro lado tratando de sobrevivir.
Esa irracionalidad se hace patente en las decisiones de los diferentes niveles de gobierno. Como si fuese un señor feudal que dispone de la vida y los bienes de los que viven en sus dominios, pues no hay más ley que la suya, así actúa la gente que llega a posiciones de gobierno impulsada por el partido y el “gran dedo”. El único requisito para ser “autoridad” es abrazar el “socialismo del siglo XXI” y ser leal al máximo líder. El “comandante” quedó para la mercadería, al estilo del Che Guevara.
Observando los últimos sucesos de la región me vino a la mente la imagen del régimen socio-político de la época medieval. El gobernador del Zulia, en el acto de juramentación de los nuevos integrantes del Consejo Legislativo regional electos el 20M-2018, se dirigió al burgomaestre marabino: “en las próximas horas tendrá el Teatro Baralt a su disposición para hacer cultura popular”.
Ya antes había removido los cimientos del quehacer cultural zuliano al aplicar la política de todo nuevo gobierno “socialista” -hacer tierra arrasada- al destituir de su cargo al presidente del Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez (CAMLB) quien durante 27 años estuvo relacionado con la institución y la presidía desde 2015.
No es el hecho de la remoción porque legalmente el gobernador tiene potestad para hacerlo, es la forma como se maltrató a una persona que se ha dedicado en cuerpo y alma a esa institución para mantenerla en funcionamiento, a pesar de la problemática nacional que también afecta a la actividad cultural. No obstante, el ahora ex-presidente señaló con cortesía que ”fue tratado de una forma muy cordial, con mucho respeto” en el acto de entrega formal del cargo.
Esta situación es una consecuencia de la no existencia de una Política de Estado que permita ver más allá del presente y de una ideología específica. Solo hay una política de gobierno enmarcada en eso que llaman “plan de la patria”.
Al respecto, el reconocido hombre de teatro Héctor Manrique –“El arte seguirá cuestionando y retratando a la sociedad”, entrevista del diario El Nacional, 22 mayo 2018- viene en nuestro auxilio para apuntalar nuestra opinión: “Siempre el rol del artista es estar en la otra acera, en cualquier gobierno. Y en un momento como este, el compromiso de seguir en el escenario llamando la atención sobre las angustias y los problemas del hombre, no los problemas políticos, sino los del hombre”, aseveró.
“La obra intelectual –dice Ortega y Gasset en ‘La rebelión de las masas’, 1931- aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que la del político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban. Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral”.
Las mentes “cuadradas” de quienes manejan los hilos del poder y no son capaces, ni les importa, escuchar otra opinión que no se la suya, es lo que ha llevado al país al caos institucionalizado. A una anarquía que echa por la borda el camino andado y no parece haber quien detenga este tren que viaja a toda velocidad a ninguna parte.
Volviendo al caso del Teatro Baralt, el gobernador, no sabemos si es por desconocimiento o a sabiendas que no tiene potestad para hacerlo pero prevalido de la “autoridad” ordena la expropiación (no hay otra forma de decirlo) de una propiedad de la Universidad del Zulia. El Teatro (TB) es un espacio de diálogo entre los hacedores del arte y la cultura de la región, del país y más allá de las fronteras nacionales con la sociedad zuliana toda. Sin distingos de ningún tipo. Voces atemporales que dan respuestas a nuestras angustias e inquietudes para estimular procesos de cambios.
La sola visita a la edificación ya es un regalo para los sentidos. El visitante se topará con un pedazo de historia regional. Si opta por la sala Baja (sala Sergio Antillano) podrá apreciar parte de los cimientos y muros de la estructura original y elementos decorativos -figuras arquitectónicas y artísticas de distintas épocas- dispuestas en forma de herradura, como la concibió Manuel de Obando (1877). El piso es una maravillosa creación multicolor del desaparecido artista plástico contemporáneo Francisco “Paco” Hung. Se conserva también la taquilla original del teatro, restaurada con hojillado de oro (véase: Teatro Baralt. Catálogo Cantv, 1999).
Si asciende por las escaleras hasta la imponente “gran sala”, la platea inclinada le dejará ver en toda su magnificencia la magnética belleza del cielo raso (plafón) del techo y la decoración interior, obra del zuliano Antonio Angulo. Su bien cuidado aspecto y algunos avances tecnológicos incorporados invitan al placer de disfrutar de un espectáculo digno del generoso pueblo zuliano. Le invitamos a visitarlo asiduamente, quererlo y cuidarlo. Mantener un comportamiento cívico, es la norma.
Por ese maravilloso espacio que es una muestra al mundo de lo “creado y creador” de nuestra gente; que ha costado años de “sangre, sudor y lágrimas” y una labor concertada entre la Universidad del Zulia, instituciones del Estado y sector privado es que censuramos la conducta de un gobernante que da “una patada a la mesa” y pretende hacer proselitismo a costa del patrimonio universitario.
Visto en perspectiva, es un nuevo ataque contra la autonomía universitaria en el afán de reducir las universidades autónomas -en este caso LUZ- a cascarones vacíos. Una simple edificación sin vida. Examine. Cerrado a la diversidad política. A la crítica social, científica, artística, cultural y económica. Como poetizo Vicente Huidobro “Solo el ataúd tiene razón. La victoria es el cementerio”, pues siempre que ha ocurrido, la organización expropiada se llena de abandono, vacíos y soledades.
En este 2018 se ha consumado la perdida de otros espacios académicos de LUZ. Tal es el caso de la Hacienda San Pedro y la Granja Experimental Ana María Campos, claves en las actividades de investigación, docencia y extensión en el área agro-pecuaria y de un profundo impacto en las actividades producctivas del sector, sin que las autoridades competentes hayan actuado de manera efectiva para restituirnos las áreas ocupados por terrófagos que en nombre de una ideología política juegan con el desamparos de ciudadanos que nadan en la nada de la miseria.
Estas acciones vandálicas echan por tierra el esfuerzo y el sacrificio de los universitarios que luchamos día a día para que nuestra Universidad del Zulia mantenga sus puertas abiertas y con espacios académicos que en medio de su pobrecía ofrezca a los estudiantes la posibilidad de aprender-haciendo. Lo más aproximado posible a lo que significa ser una universidad del prestigio de LUZ.
Este atentado a la libertad académica y el desconocimiento al tutelaje de LUZ sobre el TB no es la primera vez que ocurre. Ya tiene ribetes de sistemático. La Asamblea Nacional emitió un Acuerdo -24 julio 2013- con motivo del 130 aniversario del TB pero por ningún lado se menciona a la máxima casa de estudios de la región, con el agravante que ocurrió en las instalaciones del Teatro.
No se desconoce los méritos del gobernador de ese entonces por su voluntad y decidió apoyo en el apuntalamiento económico y financiero a las labores de restauración y rehabilitación del TB, es la mezquindad cuando se trata de una universidad autónoma. Ni se nombra por equivocación. No obstante, como consuelo, se “hace extensivo” el Acuerdo al Consejo Directivo de la Fundabaralt y a su personal.
Por cierto, el sociólogo Daniel Castro Aniyar expresa en el artículo “El espíritu mismo del Teatro Baralt” en el portal www.biendateao.com, 21 mayo 2018, que “Las encuestas entonces midieron que ésta -el TB- fue la obra más importante del primer período de Arias Cárdenas. Pero todos sabían que la restauración había comenzado con Lolita” (Lola Aniyar de Castro, gobernador del estado Zulia 1993-1995).
Retorno a Vicente Huidobro: “Sigamos nuestra marcha / llevando la cabeza madura entre las manos” para enviar un mensaje de optimismo a todos a los que les duela el destino de la Universidad del Zulia y la suerte del Teatro Baralt. Más allá de sus actividades, es su contribución al arte y la cultura lo que está en juego. El arte y la cultura sin fronteras ni cortapisa alguna. Un fuerte abrazo al personal del Teatro y al Consejo Directivo de la Fundabaralt, del cual me honra haber sido integrante.
“El Teatro Baralt, no tengo dudas, debe quedar en manos de LUZ: la misma cantera de donde aún se puede obtener ese celo de cuidado y patrimonialidad. La misma pequeña vela inapagable que, como siempre, ha iluminado a las Bellas Artes y la cultura popular en un solo abrazo. La misma institución centenaria que ha acompañado, sin protagonismos personales, electorales, mercantiles o corporativos, la vida del Zulia”.
(Daniel Castro Aniyar, Íbidem).@AsdrbalC

 

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