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Borges en El Clarín: “Venezuela ya se ha convertido en un problema para toda la región”

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El dirigente opositor afirma que la corrupción, las migraciones  y la inestabilidad democrática impactan en la región.

El Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela hasta que el régimen de Nicolás Maduro la vació de poder con su Constituyente, el diputado Julio Borges estará en Buenos Aires entre el 14 y 16 de marzo y se gestiona desde Caracas que Mauricio Macri lo reciba. Ya antes de ser presidente Macri se hizo eco de lo líderes de la oposición que peregrinaron por este país buscando apoyo internacional. Considerando que el líder de Primero Justicia, Henrique Capriles, hoy está inhabilitado, Borges es el actual referente del partido, que integra la Mesa de Unidad Democrática (MUD). Esta acaba de desconocer el llamado a elecciones generales para el próximo del 20 de mayo. Borges presidió la delegación opositora en República Dominicana para diálogo con el chavismo que volvió a naufragar.

Mantuvo una extensa entrevista telefónica con Clarín desde Caracas. Se desarrolló de esta manera.

–Usted habla de un frente internacional que ayude a restablecer la democracia en Venezuela. ¿Qué nuevos aportes debería hacer teniendo en cuenta el fracaso de los anteriores?

–Es un proceso que se está dando en paralelo en Venezuela y queremos hacerlo a nivel internacional. En las próximas horas se va a lanzar, a fundar un frente amplio en Venezuela para unir a toda la sociedad venezolana organizada en contra de la dictadura de Nicolás Maduro. Entonces, a mí me está tocando la tarea de articular lo que podría ser su equivalente a nivel internacional. Y eso tiene diferentes ingredientes, diferentes componentes. Lo que yo quiero crear es una gran concentración y una gran sinergia de esa energía democrática que viene de afuera de Venezuela hacia adentro, y de la que está dentro de Venezuela hacia el propio cambio político del país.

–Pero insisto, ¿qué nueva retórica debería aplicarse habiendo fracasado todas. No han podido ni siquiera evitar que se suspendan las elecciones.

–Son muchas las cosas que hay que hacer. Es un tema que podría decirse que es de alguna manera histórico. Si tú ves por ejemplo la lucha que se dio en Polonia. El propio testimonio de Lech Walesa que dice que ellos estuvieron casi una década luchando y que sólo cuando lograron crear un gran frente que incluyó a los trabajadores, a la Iglesia, a la sociedad civil, a los intelectuales… Ya se está desarrollando en este momento un gran frente amplio, algo que no es otra cosa que lo que está en la Constitución y la Ley: elecciones limpias, equilibradas, transparentes. Hay que denunciar el fraude que está montando Maduro para las próximas elecciones a las cuales el país entero está dispuesto a hacer un enorme boicot para desconocerlas. Eso mismo hay que articularlo también a nivel internacional.

–¿Ese frente que menciona aspira al poder o en principio sólo pretende impedir las elecciones de mayo?

–Es un frente de opinión, de movilización social, de reivindicación, pero no es un movimiento electoral. La unidad democrática sigue existiendo, que es la unión de todos los partidos, y está incluida, está dentro de este frente. No se confunde una cosa con la otra. El papel de los partidos es claro, pero lo que se articula, es el papel de la sociedad civil en todas sus expresiones, junto a los partidos políticos.

–¿Qué es lo que ha fallado hasta ahora en la comunidad internacional que no ha logrado desestabilizar a Maduro?

–Yo creo que todo ha funcionado bastante bien, porque hasta ahora se han tomado medidas que yo quisiera que tú las vieras en perspectiva. Yo creo que lo que se ha hecho en el caso venezolano por parte de la comunidad internacional hasta ahora no tiene precedentes en la región. El hecho de que haya habido un grupo tan sólido como el Grupo de Lima, que reúne a los países más importantes de la región, el esfuerzo que ha hecho la OEA por presionar también, el hecho de que Europa entera ya esté sancionando a los funcionarios venezolanos, las sanciones de los EEUU, de Canadá, el involucramiento del Vaticano… Es algo que no tiene precedentes en la región, ni siquiera en el caso de Cuba. De manera que yo creo que ahí hay una visión muy firme y unánime de la comunidad internacional de no dar vuelta hasta que haya democracia en la región. Faltan todavía algunos pasos. Ya hemos visto como el Grupo de Lima, al cual pertenece Argentina, está decidido a ir más allá de las condenas, a tomar acciones concretas para presionar democráticamente a Venezuela, y esta es la etapa en que ahora estamos creando con esta gira.

–¿Por qué cree que el mundo está mirando obsesivamente a Venezuela? ¿Qué es lo que atrae habiendo tantas otras democracias fallidas y gente muriendo de hambre en el planeta?

–Es por una razón muy concreta. Porque las democracias de la región no pueden permitir que en la región se instale una segunda Cuba con el mayor número de reservas petroleras, de gas, de oro y de recursos naturales, dedicada exclusivamente a destruir la democracia y el progreso de la región. Eso es algo inaceptable, y que tiene que ser para todos los demócratas de la región una de las tareas más importantes de este año. Ha habido un proceso muy interesante que es el siguiente: al principio nosotros llamábamos a los países y les decíamos “hay una emergencia en Venezuela” y la gente decía “ustedes están exagerando, allí no está pasando nada”. El segundo paso era que los países nos llamaban a nosotros alarmados por lo que pasa en Venezuela. Y ahora estamos en un tercer nivel, que es que los países ya sienten que no se trata solamente del problema del hombre al que se le está quemando la casa al vecino, sino que ya el problema de Venezuela se metió adentro de la vida social y política de Argentina, de Chile, de Perú, de Colombia, de Brasil, de EE.UU., de España… Ya Venezuela se ha convertido en un problema interno, no sólo por las migraciones, sino por la corrupción, por el problema de la desestabilización democrática, por el tema del crimen organizado, el tema de lo que significa el apoyo de grupos irregulares… Estamos en esta etapa, y creemos que los países, más allá de las condenas, tomen acciones concretas para poner presión internacional y democrática sobre Venezuela.

–¿Cómo juzga el hecho de que Argentina no haya presionado tanto años pese a las críticas de siempre que tuvo Mauricio Macri? ¿Cree que la via debería haber sido el intervencionismo?

–Ya no es intervencionismo, es un problema interno el que está dándose en este momento. Y es la tarea que nosotros tenemos para lograr la solidaridad sin intervencionismo de los países de la región.

–¿Está conforme con la manera en que se mueve la embajada argentina en Caracas?

–Es una embajada muy activa y que tiene la virtud de ser convocante de todos los sectores, no solamente está concentrada en el tema político, sino también en todo lo que significa la relación con la sociedad en el sentido más amplio: con los intelectuales, con los universitarios, con las organizaciones sociales. Eso transmite el espíritu de lucha democrática que la Argentina está dando por Venezuela y que nosotros agradecemos profundamente en este momento tan difícil.

–Cuando usted dijo “ni gringos ni cubanos”, ¿qué quiso decir?

–Nosotros queremos dar a entender que lo que queremos hacer es por Venezuela. El Gobierno venezolano dice que somos un grupo que simplemente sigue órdenes (del exterior), cuando realmente quien está siguiendo órdenes es nada más y nada menos que Nicolás Maduro, que está recibiendo órdenes de Cuba –¿Y qué opina de pedidos como el de Antonio Ledesma, que ya fuera de Venezuela pide sanciones? En su país ya hay una interna entre quienes se quedan a “pelear” desde adentro y quienes se fueron.

–Esto es como una especie de camino que hay que recorrer, hay que estar abierto a toda la presión democrática que sea necesaria. Yo creo que se ha logrado mucho gracias a la presión internacional, el gobierno se tuvo que sentar con siete países a conversar gracias a la presión internacional. El gobierno sabe que tiene que buscar algún tipo de solución y si no lo hace, como decía hace pocas horas la Unión Europea, estará mediando mayor presión. Quiero destacar que este proceso internacional es irreversible, y tiene que darse hasta el final. Creo que hay una decisión de todas las democracias del mundo de apoyar al pueblo venezolano por todas las vías posibles para restaurar la libertad, los derechos humanos, la democracia en el país.

–¿Está de acuerdo entonces con el esquema de sanciones aplicado hasta ahora?

–A mí me parece que hay sanciones que son absolutamente imprescindibles, como son aquellas relacionadas con la violación de los derechos humanos en Venezuela. En este momento, es increíble, pero no hay ningún tipo de Estado de Derecho, no hay ningún tipo de garantías. Lo que hay es una violación masiva de los derechos humanos por parte de los funcionarios del gobierno y eso tiene que estar absolutamente castigado. Igualmente, está el tema relacionado con la corrupción. Es increíble que el país quizá con más recursos de la región, que es Venezuela, con la mayor cantidad de oro, de petróleo, de gas, de recursos naturales, tenga a su pueblo, en este momento, comiendo de la basura, emigrando del país a millones, muriendo la gente en las calles porque no tienen medicinas. Y eso se debe a la corrupción. La corrupción también debería ser castigada porque todos estos recursos han ido a parar a los bancos fuera de Venezuela, para hacer negocios con distintos países. Y estoy seguro que con Argentina hay toda una trama de negociaciones muy fuertes de lo que era el gobierno anterior con el chavismo.

–¿No cree que entre la oposición venezolana sigue habiendo una desconexión con los sectores populares que sigue conservando el chavismo?

–Yo creo que eso ha cambiado radicalmente en el país. La oposición es un movimiento popular en Venezuela. Hay una encuesta donde le preguntan a la gente “si el país que tiene Maduro en su cabeza se parece al país que tú tienes en la cabeza”: la proporción es mucho más de 80 a 20 en contra de Maduro. A Maduro lo sostiene fundamentalmente la dependencia de la pobreza, la cúpula militar, que está sumamente corrompida, y la tercera pata del trípode es el know how de la dictadura cubana que ha tomado todas las instituciones en Venezuela. Ese es el soporte de Maduro, pero ahí no hay ningún soporte popular. Un país donde la inflación ya pasó a la hiperinflación (6500 % interanual), como lo vivieron ustedes en Argentina, es absolutamente imposible que sea popular. Un país donde el salario mínimo son apenas 6 dólares al mes, es imposible que sea popular. Un país donde la gente no come, no tiene seguridad, no tiene medicina es imposible que tenga a un líder popular. Todo lo contrario. Venezuela quiere elecciones libres para demostrar que Maduro solamente está allí de manera ilegítima.

–Pero cuando los jóvenes salieron a protestar, el año pasado, mostraban también una postal antisistema.

–Lo que hay que entender, en el caso Venezolano, es que se ha destruido la democracia, no hay una salida política clara. Y por eso la gente siente que la política, los partidos políticos son instrumentos que en este momento no funcionan, porque no hay democracia. Mi partido fue ilegalizado, el de Leopoldo López también, la mayoría de los líderes está enjuiciada o inhabilitada. Por eso la gente siente que en este momento la política no es la que puede dar una respuesta clara a los problemas del país. Pero este es un problema mucho más profundo y a pesar de que hay un gran movimiento de cambio, la gente siente que no se puede expresar políticamente ese cambio. Eso es parte de la frustración. Por eso hemos salido a la calle y hemos salido al exterior para que nos ayuden a construir una solución democrática.

Natasha Niebieskikwiat – El Clarín de Argentina

 

 

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