Cinthya Montoya: Incredulidad Psicosocial Colectiva en Venezuela

Cinthya Montoya: Incredulidad Psicosocial Colectiva en Venezuela

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Desde hace algunos años la sociedad venezolana se ha venido caracterizando por el fenómeno de la “incredulidad psicosocial colectiva”,
lo cual, ha logrado propagarse en los últimos años en otros países. Dicho
fenómeno ha sido causado directa e indirectamente por la nefasta gestión de Hugo Chávez Frías y agudizada con su sucesor Nicolás Maduro Moros, a
través de la agenda política, comunicacional y estratégica orientada por
agentes externos comunistas.

Sumergiendo al sujeto individual, al actor social y corresponsable en su espacio, en un ser desconfiado, apático, frívolo y reticente a las situaciones y realidades de su entorno, agravado ello por las inestables posiciones, decisiones y argumentos discursivos de los dirigentes
de oposición.


El venezolano se proyecta como un sujeto individual y colectivo en
negación en una sociedad altamente polarizada (y esto podría ser una
constante cíclica en cada situación de impacto o choque político para las
personas), en la cual no se cree y no se confía en el otro, el individuo solo
aprueba su verdad y su realidad (solo soy yo, solo se yo, solo lo he hecho yo,
lo cual, incluso devela una carga de egolatría negativa), dejando a un lado,
obviando, menospreciando y subestimando la realidad, la situación y aporte que podría dar el otro. Unos no creen que sus políticos son corruptos y están envueltos en actos delictivos; otros no creen en el alcance de las políticas y decisiones del régimen; otros no creen que sus dirigentes son capaces de negociar con el régimen y, otros menos creen que pueden contar con una dirigencia política que pueda llevarlos a la libertad o que sea capaz de materializar políticas públicas por el bienestar del país, de la sociedad, del individuo o del colectivo.


Ante ello, esa “incredulidad psicosocial colectiva”, ha permitido que
el sujeto individual pierda su espacio colectivo (sociedad+comunidad),
porque ha dejado su papel activo en manos de “un Salvador, un Mesías o un
grupo de dirigentes políticos o de dirigentes propietarios y calculadores de
sus intereses personales”, sin internalizar en su sistema de valores y
principios el menester de aceptar al otro con sus posiciones, sus realidades,
sus verdades, sus necesidades, sus aportes; como también, descubrir que en
conjunto con los otros puede vivir e impulsar procesos de cambios propios,
no negociados, ni direccionados por un grupo e incluso que puede bajo el
criterio de la corresponsabilidad contribuir con los dirigentes políticos o
desde sus espacios de acción social a resolver asuntos diarios y hasta
impulsar programas, planes y políticas orientadas al desarrollo, al porvenir
del país.
Y es ahí cuando la incredulidad psicosocial colectiva (entendida como
la negación constante de hechos por parte del conglomerado ciudadano), se
convierte en parte de la dinámica social, en la cual, lo falso es parte de la
agenda e inmediatez promovida por las fuerzas de poder y la verdad cuando
llega de golpe, es obviada, negada, eludida, minimizada y pasa a un segundo
plano, con un nuevo hecho o un nuevo “show mediático” (político,
económico, internacional, social y hasta artístico) que marca la agenda
política-social y conlleva a repetir el ciclo, sin permitir concretar al sujeto
individual desde lo colectivo y organizado una solución a sus problemas.


Asimismo, el fenómeno de la “incredulidad psicosocial colectiva” se encuentra relacionado y reforzado por una vertiente o elemento
predominante, que se puede definir como “alzheimer político-social
colectivo” (con énfasis en la memoria corta), el cual hace que las personas
en su mayoría olviden hechos-situaciones y problemáticas (bien sea por
desconocimiento, edad, desorientación política o inexperiencia), elevando a
condición de “héroes, salvadores, aliados o mesías” a los representantes
políticos o vinculados al entorno político, que en su momento contribuyeron con alguna situación de deterioro del país y en ciertos casos, castrando moral y públicamente con la omisión, el rechazo, la crítica, el juicio de valor y en descredito a aquellos que han intentado recuperar la democracia, fortalecer las libertades y los derechos o hasta promover políticas públicas que permitan o permitieran el desarrollo de la sociedad venezolana.


Las situaciones y problemáticas influyentes en lo político, social,
económico, militar y hasta ambiental deben ser recordadas, no deben, ni
pueden olvidarse por los ciudadanos, tampoco pueden ser subestimadas por ser la verdad de algunos, muchos o pocos y menos si la omisión, la duda o el olvido se relaciona con apatía, indiferencia, negociación, acuerdo,
decisión política o con una declaración de “arrepentimiento”, pues son
circunstancias que han afectado a un país y a sus ciudadanos (y en el caso
venezolano, es una situación que ha impactado a la sociedad desde 1999, con persecuciones, acosos, detenciones injustas-presos políticos-, torturados, asesinados, expropiados, arruinados, entre otros calificativos otorgados a los que han sufrido a manos de un régimen degradado, un régimen delincuencial).


La historia debe estar presente constantemente en el colectivo, no se
deben olvidar a los protagonistas de las grandes debacles políticas económicas y sociales, porque los procesos políticos son históricos y cíclicos y hay que tenerlos presente para razonar en un futuro.


Cinthya Montoya
Dra. en Seguridad de la Nación

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