Daniel Asuaje: La suerte está echada

Daniel Asuaje: La suerte está echada

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En unas elecciones limpias y competitivas o el gobierno sale por los votos o se queda legítimamente en el poder, pero, en Venezuela, se ha diseñado un dispositivo eleccionario para asegurarle al gobierno la victoria sea o no sea mayoría electoral. Los equipos técnicos de ARIES-T.I. y de EXEAS Consultores, al analizar los patrones estadísticos de las elecciones bajo la era chavista hemos detectado una fina ingeniería electoral que en términos simples puede describirse como un proceso osmótico mediante el cual se cambian las densidades relativas de votos rojos y azules entre centros de votación de modo que los rojos terminen siendo mayoría por pocos votos en los centros electorales elegidos para el proceso de ingeniería.

Para lograrlo apelan a combinaciones de una calculada tasa de migraciones forzadas de electores entre centros electorales, disolución de centros electorales multimesas, su conversión en centros unimesas y la concentración de determinados tipos de electores en centros escogidos. Hay quienes sospechan de trucaje de máquinas de votación selectivo en aquellos centros no auditados y/o sin presencia de testigos electorales. El resultado neto es la producción de distribuciones de votos anormalmente “normales”, pues han sido normalizados a la fuerza registrándose patrones atípicos como la sobre representación de ciertos grupos etarios, resultados en mesas de votación discrepantes con las leyes matemáticas de evolución natural y aumento en mesas de electores chavistas que no obedecen a lo esperable desde el punto de vista demográfico, entre otras anomalías estadísticas.

Lo ingenioso de este diseño es que para lograr el resultado éste se camufla en alteraciones minúsculas en centros matemáticamente escogidos de tal forma que no se produzcan efectos cuantitativos muy notorios pues lo que importa son pequeñas gotas cuya sumatoria llena el vaso que el CNE precisa para proclamar a los rojo rojitos como vencedores. Por lo pequeñas, bien distribuidas y disimuladas, son difíciles de detectar a simple vista.

Complementa a esta ingeniería los obstáculos a la oposición para tener testigos en la totalidad de las mesas, las irregularidades en los horarios de apertura y cierre de centros de votación, el voto inducido por control social, político e institucional vía carnet de la patria y la publicación de resultados electorales por las juntas locales solo después de dar Caracas los resultados totalizados nacionalmente y otras irregularidades más que convierten a las elecciones en una caja “lava votos” trampeados.

Pero esta ingeniería no es perfecta y para garantizar sus fines requiere de una apreciable abstención electoral, que la oposición no cubra la totalidad de las mesas de votación con sus testigos, no se auditen las mesas necesarias y se evite que cuadernos y actas de votación lleguen a las manos opositoras. Es un mecanismo muy fino perfeccionado elección tras elección y es muy macabro: si se vota se corre el riesgo de convalidar la tramoya, pero no votar la facilita. Esta gente sabe muy bien hacer el mal.

En estas elecciones tienen a su favor la salida masiva de venezolanos hacia el exterior, pues el régimen muy bien podría usar sus nombres para usurpar sus identidades y voluntades haciéndolos figurar como concurrentes en el proceso. Que no se depure el REP de fallecidos ni se recoloquen en los consulados respectivos a los emigrados, abona la trampa. Un REP viciado es condición necesaria para el dispositivo.

Si bien el gobierno puede “ganar” las elecciones no consigue nada sin el reconocimiento nacional e internacional de la legitimidad de su victoria. Por eso está sentado en República Dominicana, necesita negociar porque económica socialmente está colapsado y busca cómo no naufragar políticamente.

La oposición más que triunfar electoralmente busca desalojar a Maduro del poder y tiene en las elecciones su recurso más inmediato a la mano. Su éxito depende del quiebre del dispositivo ingenieril madurista mediante un candidato único, copar todas las mesas con testigos electorales, realizar las auditorías necesarias, tener veeduría internacional imparcial y contar con el voto masivo de los opositores. La primera depende del consenso, por la veeduría se presiona vía República Dominicana pero las dos restantes no están fáciles hoy debido al clima de desmovilización ahora prevaleciente. Difícil, más no imposible, pues de los casi trece millones de opositores, bastaría que cerca de 7 MM votaran y se cubran de testigos los centros de votación. El gobierno sabe que tiene un buen dispositivo, pero sabe también que no es ciento por ciento seguro a su favor.

Todos juegan sus penúltimas cartas en esta mano en paz. La comunidad internacional repudia la convocatoria de la elección cercando más al gobierno, la oposición juega su última carta electoral porque sabe que de ganar sería reconocido su triunfo y participar eleva el costo de un retiro a última hora o de cantar fraude ¡la suerte está echada!

dh.asuaje@gmail.com

@signosysenales

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