Douglas Zabala: Mi amada Maracaibo

Douglas Zabala: Mi amada Maracaibo

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Ayer volvi a recorrer la Avenida Libertador por segunda vez en dos dias. Este afan de caminante contralor es para ratificarme que por fin hubo una autoridad que pusiera punto y aparte a la letal agonia, que por décadas venia viviendo el casco historico de la ciudad y el inexpugnable Mercado Las Pulgas de Maracaibo.

Manuel Rosales amagó con convertir a este, otrora emporio del comercio marabino, en un Moll y Gian Carlo Dimartino, hasta un decreto de modernizacion y reacondicionamiento impuso en su gestión como Alcalde, y por no dejar Evelin Trejo, aunque jamás propuso algo al respecto, en medio de un cerro de basura que dejó crecer a su lado, de vez en cuando anunciaba que dejaria a ese hervidero comercial limpiecito y brillante como el sol que nos encandila.

Todos amenazaron con ponerle el cascabel al gato, pero ninguno se atrevió a dar por terminado con los males de ese populoso mercado y con la red de kioskos y construcciones ilegales, que por años se habian apropiado de las aceras, caminerias calles y callejones del casco historico marabino.

Aqui no se trata de simples loas o guiños de ojos, al ejecutivo regional y municipal, más bien es un emplazamiento público a que no pueden dar marcha atras en este proposito de devolvernos un pedacito del corazon de lo que en el pasado fue nuestra pujante urbe, y que hoy se asemeja a cualquier pueblo del medio oriente, devastado por una guerra: sin agua, sin luz, sin comunicacion telefonica normal, sin internet y sin trasporte público.

Anduve de nuevo con el cuidado de no accidentarme con las latas y hierros retorcidos, todavia tirados en la carretera producto de la demolicion. Es el inicio, pero aun con los primeros tumbes realizados, comencé a verle la cara a la vieja Calle Derecha, al Pasaje Colon, a la entrada de la iglesia San Felipe, tambien pude tocar de nuevo las puertas del desaparecido Banco Caracas, en la esquina de la calle Comercio, y ver por los lados del callejon Carique las huellas dejadas por los rieles del desaparecido Tranvia.

Que vale más el trabajo de quienes alli abrian sus puestos todos los dias o el rescate de lo que queda de nuestra memoria historica. Omar Prieto y Willy Casanova, que le busquen sitio a quienes de verdad sean emprededores del comercio informal, pero mirar de nuevo desde la esquina del Convento las puertas de San Juan Dios, volver al Malecón, observar de nuevo los frentes de las antiguas casa comercialesy recordar al Mercado de los buchones, Boburito y el bullicio de la gente comprando mercancia de las piraguas, es como para aplaudirle al gobierno la decision de intervencion de las Pulgas y todo cuanto tarantin exista en mi amada Maracaibo.