Efraín Rincón Marroquín: No soy abstencionista

Efraín Rincón Marroquín: No soy abstencionista

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Cuando en una sociedad, el sistema político impide la competencia institucionalizada que les permita a los ciudadanos votar por la opción que más les guste o más les convenga, resulta inapropiado hablar de abstencionismo. El abstencionismo puro aparece cuando, a pesar que el sistema promueve y defiende condiciones electorales justas y equitativas, el ciudadano decide no votar por diversas razones; bien porque está conforme con la situación imperante y le brinda un apoyo pasivo a la élite gobernante; porque está fastidiado de votar para que no ocurra ningún cambio que le favorezca; o, sencillamente, porque la política le importa un bledo. En cualquier de estos casos, el ciudadano esgrime sus particulares razones para justificar su abstención al voto.

En mi opinión, el abstencionismo no es la característica predominante de Venezuela a escasos días de la celebración de la elección presidencial, tal como lo perciben algunos analistas y opinadores de oficio. Desconocer la vocación democrática de los venezolanos y su apego al voto, como mecanismo para impulsar cambios políticos, es una actitud temeraria que manifiesta el profundo desconocimiento sobre la cultura democrática del pueblo venezolano.

El hecho que la mayoría de los venezolanos manifieste su decisión de no votar el 20 de mayo, no puede interpretarse como un acto suicida y cobarde que facilita la entronización del madurismo en el poder. Es más bien, un comportamiento de ciudadanía rebelde y de protesta que se niega a otorgarle al dictador la legitimidad de la que carece.

Debemos tener plena conciencia que, a partir del 30 de julio de 2017 con la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, el régimen instauró un modelo electoral que le garantiza la victoria, no importa si tiene los votos suficientes para ganar. El fraude se institucionalizó a partir de esa fecha y cualquier opción diferente al régimen que decida participar en la contienda, tiene asegurada la derrota. El régimen se quitó la máscara y necesita desesperadamente de competidores que abalen su farsa electoral para garantizar un mandato de seis años más, producto de “elecciones democráticas”.

Aquí no se trata de decir que debemos votar porque de lo contrario estamos dejando solo a Maduro en el escenario electoral, o la frase bastante trillada que “un demócrata vota siempre, no importa las condiciones electorales”. La situación es mucho más compleja que resolver el dilema de votar o no votar. El asunto de fondo es construir una base fuerte que nos permita salir bien librados de la tragedia que estamos viviendo y ello exige, entre otras cosas, organizar una oposición más inteligente, más estratégica, con capacidad de conectar con la gente e imprimir la fuerza y la emoción que hemos perdido; lamentablemente Henry Falcón no es capaz de alcanzar esos objetivos. Los esfuerzos para salir de esta tragedia inédita e inhumana deben fundamentarse en una verdadera unidad nacional, dirigida  por  un líder que abra caminos para guiar la transición y con ella la construcción de una nación libre, democrática y con oportunidades de progreso para todos.

Esa oposición activa, responsable y comprometida con los venezolanos, más allá de un slogan de campaña, está llamada a la convocatoria de todos los venezolanos que aspiramos un cambio, tanto los opositores natos como aquellos oficialistas que con legítima razón aborrecen el desgobierno de Maduro. Y, de esa manera, con el apoyo internacional firme y contundente, exijamos condiciones equitativas y de real competencia electoral para que sea el voto la vía para iniciar el cambio de rumbo político de la nación.

La última encuesta nacional de Consultores 21, proyecta que un 30% de los venezolanos estaría muy seguro de ir a votar el 20 de mayo, un porcentaje bastante reducido en comparación con otros procesos electorales presidenciales. De ese porcentaje, los oficialistas estarían votando dos a uno respecto a los opositores. Por otra parte, como ya lo apunté, Falcón no termina de generar confianza en los electores, ni tampoco está inyectando la emoción necesaria para salir votar masivamente y vencer a Maduro. En un escenario como éste, con el riesgo que me llamen profeta del desastre, no veo otra opción que Maduro ganando la elección, a no ser que las cosas cambien sustancialmente en los próximos 30 días de campaña. Pero, además, tendríamos que evaluar el tema del día D, ¿quién va a cuidar los votos de Falcón?, ¿cuál es su estrategia para vencer los abusos, trampas y ventajismo avalado por el CNE y el Plan República, a favor de Maduro?, ¿cuenta con recursos económicos y organizativos para que los votos sean el reflejo auténtico de la opinión de los votantes?

No soy abstencionista, nunca lo he sido. El comportamiento ciudadano asumido a lo largo de mi vida, testimonianel valor que le he dado al voto, abalado por mis escritos y opiniones públicas. No deseo que me confundan como un bolsa que prefirió cruzarse de brazos antes que acudir a votar a ciegas. Soy un ciudadano que, además de exigir condiciones electorales que respeten la libre competencia, he luchado por muchos años en contra de la podredumbre y la miseria en la que nos han sumido esta revolución putrefacta.

Tampoco estoy de acuerdo con la pasividad y el conformismo que aniquilan el espíritu libertario de los venezolanos. Insisto, no podemos cruzarnos de brazos en espera de otro salvador con tentación populista y mesiánica. Es urgente que el Frente por Venezuela salga del mutismo y cumpla con su responsabilidad de unir a este pueblo para luchar por la libertad y el progreso; es vital la conexión emocional que nos deslastre de la desesperanza y el fatalismo. Es prioritario que con organización y mucha firmeza exijamos elecciones verdaderas en las que el líder de la oposición reúna el mayor consenso posible, credibilidad y confianza para iniciar la tarea de la transición política del país. Vamos a aprovechar la indignación de este pueblo contra el peor gobierno de nuestra historia. Existen muchas razones para salir de Maduro pero hagámoslo con inteligencia, con unidad nacional  y con una oposición a la altura de su compromiso histórico. Sólo así destruiremos de raíz el cáncer de una revolución cuyo objetivo es eliminar a Venezuela y a su gente.

Profesor Titular Emeritus de LUZ – @EfrainRincon17

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