Ender Arenas: El día que hice uso del transporte público.

Ender Arenas: El día que hice uso del transporte público.

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Fue el miércoles, exactamente a las 10 y 30 minutos de la mañana, cuando de pronto mi carro empezó hacer como si tuviera un resfriado: cos cos cos y daba pequeños salticos, luego, se tambaleo, agonizante como si hubiese sido mortalmente apuñalado, finalmente hizo un ruido extraño como si le faltara aire y ¡pum! se paró, justo frente al Doral Mall. Confieso que me asusté sin embargo cuando mire el marcador de la gasolina, allí estaba la razón me quede, ese sí, sin el vital liquido.

Bueno me dije, esta “la bomba” cerquita y empecé a empujarlo hacia allí. Bueno, empujar es un decir, más bien pujaba.

Cuando llegué, eso que los entendidos llaman fluido eléctrico, se había interrumpido y se presagiaba, porque así lo dijo, el ministro general Mota Domínguez, que podían “..ser cuatro, seis, ocho horas o las que fueran necesarias” dejé el carro en la cola que le daba la vuelta a todo la manzana, calcule que unos ochocientos metros y me dije me voy a la casa, me baño, almuerzo, duermo dos horitas, leo otro rato, veo televisión, visito a mi vecino Jorge Ríos, regreso a mi casa, me tomo una bebida energética para recuperar fuerzas y regreso a la bomba cuando calcule que vaya a volver la luz y así lo hice, solo tenía que esperar el transporte que me llevara a mi casa.

Empecé a esperar algo que me llevara hasta mi casa. No aparecían los “por puesto” y llegué a la conclusión que esa era una especie en extinción, no pasaban tampoco los autobuses, luego pasó lo que llaman chirrincherra pero iba con gente hasta en el techo, el colector, iba en la capota y no me paro, creo que ya no cabía ni un alma.

Después de diez minutos paso un camión de estacas y detrás pasó un volteo, el primero ni reparó en las señas desesperadas que yo le hacía, iba atestado de wayuu, en el segundo confieso que no le hice señas, pues aunque parecía que había espacio pensé que la bajada del voleto podía ser peligrosa, pues me han dicho que el chofer usa el mecanismo con el que despacha la arena.

Que mala suerte la mía me dije para mis adentro. Un rato después, me dio alegría cuando vi asomar un Tritón 350 le hice señas y paro, pero no me pude subir, un gordo que esperaba más adelante, cerca de la esquina, me dio un empujón y salí disparado hacia el suelo, le reclamé y el gordo me contestó ya con el camión en marcha una vaina que no entendí mucho, pero creo que me llamo “guevón”.

Al fin a las dos horas paso un camión cava y este si me paró. Las cavas tienen la particularidad de ser cerradas totalmente, pues se usa para el transporte de productos bajo refrigeración, a este le habían eliminado la puerta que la cerraba herméticamente y creo que por el olor había servido en el pasado muy reciente como transporte de pescado.

En su interior había como veinticinco personas. Me llamo la atención la presencia de dos muchachas muy atractivas que iban en el fondo, muy asustadas, pues dos tipos con mala cara con los vaivenes de la cava se le acercaban peligrosamente y uno demasiado cerca, según le escuche a una de ellas cuando le grito: “si me lo vuelves a acomodar te corto la cara” y saco un cuchillito de sierra de cortar pan.

Al fin llegue a mi casa, eran entonces las dos de la tarde y mi mujer me dijo: me tenias preocupada” y le conteste “es que me vine en el transporte público”.

Ahora son las seis de la tarde, la luz está punto de regresar y espero debajo de una matica en la cera el transporte que me regrese a la bomba y llego el Tritón y estoy sentado al lado del gordo no me dijo nada, pero creo que el gran carajo se esta riendo.

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