Ender Arenas: El enorme ruido del silencio

Ender Arenas: El enorme ruido del silencio

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Se dice que la mujer, que acompaña siempre al presidente que permanentemente aparece sonriente, pero que no dice ni una palabra, ni siquiera presenta atisbos de que habla, es quien realmente maneja los hilos del poder. Todo lo contrario a lo que la gente piensa, Maduro sería solo la voz que transmite lo que la Sra. Cilia Adela Flores le ordena.

El poder más que cantidad, es una relación. La Sra. Flores, alias la primera combatiente, es quien mejor lo ha entendido en el chavismo, incluso, mejor que el comandante, quien siempre concibió al poder en sus términos cuantitativos. De allí su voracidad autoritaria para acumular mas y mas poder.

La Sra Flores entendió el carácter relacional del poder. El poder como relación social. De allí, el manejo eficiente  al interior del bloque en el poder chavista. Desplazando factores que le discutían y ponían en entredicho el dominio que ella ejerce en silencio dentro de dicho bloque. Obviamente la Sra Flores no es la mujer de Mao la jefa de la “banda de los cuatro” aún cuando su nucleo también lo conforman cuatro, no es Eva Braun, ni Nadia de Stalin. Su poder tiene las ruidosas características del silencio, un poco agazapada, mientras su marido hace las gesticulaciones del poder.

Y, precisamente, se le ha criticado su silencio, pero esa es la característica de su poder. Se le ha criticado  la mueca que hace y que ella quiere que se  parezca a una sonrisa. Se ha criticado ese caminar detrás de Maduro y asentir como una verdadera imbécil los disparates que suele decir su marido. Pero, estoy seguro que los posibles gritos y susurros que pueden producirse en la alcoba presidencial no son de gozo, son las ordenes del día siguiente.

Flores ha establecido no una relación matrimonial, sino una relación de poder. Esta relación es totalmente diferente a las que se mantuvo en el pasado reciente, por ejemplo, entre Cecilia Matos – Carlos Andrés Pérez y Blanca Ibáñez- Jaime Lusinchi. En ambas situaciones, algunos analistas plantearon  que ambos mandatarios habían cedido el poder ante el olor de una totona. Algunos llegaron a calificar los últimos gobiernos de la democracia como  una “totonocracia”, como alguna vez califico Cabrujas el régimen de los adecos.  En el caso de Cilia Flores no se ha preocupado por hacer ostentación del poder, se ha preocupado mas bien de  construir una imagen de Maduro como un macho peludo que grita, gesticula y hasta dice groserías (también ha sido una idea de Flores) como forma de expresión grosera y chapucera del poder, pues ella es la encargada de las sutilezas.

Es posible que sea ahora que estemos en presencia de una verdadera “totonocracia” para hacer bueno el concepto que introdujo Cabrujas y descubramos, como hace Rosa Montero en su libro “Dictadoras” ( en realidad Montero es solo la autora del 10%, pero la editorial le tendió una trampa a los lectores) que Flores, al igual que Carmen de Franco, la esposa del dictador español, no es una mujer abnegada, silenciosa, que no se mete en nada, y que aparenta acompañar como un zombi a su marido y podamos verla realmente como es: una mujer ambiciosa y avara, que intenta hacer de su marido un  gran líder, cuestión en la que ha fracasado. Eso ya era demasiado.