Ender Arenas: Entendiendo al Dr. Fermín.

Ender Arenas: Entendiendo al Dr. Fermín.

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Fue por pereza que encendí el televisor para ver A Vladimir Villegas a la 1. Por lo general no lo veo, pues Villegas es mi amigo y a veces me saca la piedra con sus ambigüedades y para evitar un mal pensamiento sobre el amigo mejor no lo veo.
Pero lo encendí también, más que todo, para celebrar que después de ocho horas continuas había reaparecido la electricidad. Y allí estaba el ahora pelón Villegas y Claudio Fermín, con esa voz engolada que a veces lo hace presumir como locutor que anuncia las cuñas de las lociones y perfumes que suelen pasar en la televisión en los canales extranjeros en la que el locutor mandibulea y solo se le entiende un susurro chasqueando la lengua, como el zumbido de un abejorro, que dice: ¡Ajoooo! Uuuuummm Carolina Herrera”.
El Dr. Fermín (a los sociólogos poco nos gusta ese titulo, pero estoy seguro que a Fermín le fascina) igual que Eduardo Fernández pertenece a la generación que desde sus primeros pasos (literalmente hablando) por este mundo, sus padres, tíos y amigos le metieron en la cabeza que en algún momento de su vida llegarían a ser presidentes, incluso sus primeras ropitas eran de riguroso negro con una bandita presidencial que les había bordado sus respectivas nanas, de tal manera que desde sus nacimientos se vaticinaba una lucha en el futuro por la presidencia entre Eduardo Fernández, quien ya desde chiquito decía si a todo y el negro Claudio Fermín, quien siempre fue perfumado con “Man Power”. Sus papás creían que esa era la colonia de los presidentes en Venezuela, que pendejos, no sabían que los presidentes en Venezuela siempre usaron una fragancia que luego se vulgarizo llamada Yardley.
Allí estaba Fermín, disertando sobre la situación política del país. Villegas lo escuchaba. Villegas es un buen periodista y siempre deja hablar a los entrevistados, con la sola excepción del Fiscal Tarek W Saab, quien le dijo que él respondía como le daba la gana, especialmente, cuando le hablaban de tortura.
Fermín es especial, habla como opositor, parece enfrentarse al régimen, incluso dice que es el peor gobierno de la historia, pero suena raro, porque a la hora de la verdad sus actuaciones siempre apuntalan las posiciones oficiales. Sus acciones son disfrazadas de realismo político y por eso fue el jefe de campaña de Henry Falcón en unas elecciones que de entrada se sabían amañadas y convocadas por un órgano ilegal e ilegitimo.
Ojo, no es que Fermín sea colaboracionista del gobierno. No. El detesta este gobierno, pero aspira a ser el hombre de estas circunstancias, su problema es que no termina de decirlo. En esto se parece a María Corina Machado, aunque en honor a la verdad esta es más sincera e intelectualmente más honesta en el sentido que ella lo dice con todas las letras: “Quiero ser la primera presidenta del país… yo soy la mejor… yo soy la que piensa… yo… yo… yo….”
De esta manera el objetivo de Fermín es desacreditar a quien se ha erigido como el conductor del proceso de cambio que esta hora demanda. Allí también coincide con Machado. Y como es lógico ambos coinciden con el gobierno: el objetivo es desgastar a Guaidó, rebanarlo, hacerlo parecer como un hablador de paja y un prometedor de promesas que no se cumplen. Por eso no se contuvo al final de la entrevista y dijo con esa voz de locutor de colonias francesas: yo no votaría por Guaidó y aunque lo dijo con otras palabras, solo para disimular, lo llamó traidor, usando el mismo o los mismos argumentos del oficialismo.
Así que si la competencia en un futuro es entre Guaidó y un chavista, llámese Maduro, Diosdado Cabello, Héctor Rodríguez, Iris Varela, Cilia Flores, etc. ya saben por quien votaría el Dr. Claudio Fermín

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