Gladys Socorro: #Asiloviyo

Gladys Socorro: #Asiloviyo

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Es amarillo, azul y rojo. Ocho de cada 10 personas lo llevan a sus espaldas. Caminan por las calles como si estuvieran uniformadas; no importa la edad, todos lo usan por igual: es el morral revolucionario que incluía útiles escolares. Llegó hasta los lugares más apartados del país, y con él se profundizó aún más la influencia chavista y la sensación cierta de los excluidos de ser tomados en cuenta.

No son meras estadísticas, yo lo ví. A veces hay que apartarse de las grandes ciudades para entender el comportamiento político electoral del resto de Venezuela. Hay que ampliar el foco para dejar a un lado las críticas y pensar en estrategias que puedan competir con lo que hay.

Un recorrido por pueblitos de Falcón me hizo entender por que esta población tan golpeada, con severos problemas de electricidad, escasez de agua, gas, comida y medicinas, aún sigue siendo roja rojita. El mismo patrón debe replicarse en el resto del país. Nos guste o no, las ayudas directas son más efectivas que cualquier planteamiento macro.

Los han subestimado. Los años pasan y aún en la oposición venezolana no tenemos clara la magnitud de contra quien nos enfrentamos. El chavismo va más allá de lo que se ve. En los lugares más remotos ha llegado la mano roja, con pequeñas o grandes cosas, pero está presente. Viven como si estuvieran en una campaña permanente.

Esa es la diferencia. Mientras la oposición sigue etérea en su discurso de derechos humanos, restitución del hilo constitucional, presos políticos y democracia, el gobierno toca la puerta de cada casa y algo deja, así sea una caja Clap cada cuatro meses, y con eso les mantiene la esperanza de que en cualquier momento les llegará nuevamente.

Por muy pequeño que sea el pueblo, ha sido tocado por la Misión Vivienda. Cada casa se entrega elementalmente amoblada. Tienen tanques azules de agua como solución a la escasez que ellos mismos crearon. El gobierno se convirtió en el que azota y luego unta la crema cicatrizante. Lo aceptemos o no, esos ojitos de Chávez tatuados en cada casa y en los morrales siguen teniendo el control sobre millones de venezolanos. Son unos ojitos que intimidan, que reclaman, que castigan. Nos guste o no, debemos aceptar que como oposición hemos fracasado. Toca reinventarse.

#AsíLoVíYo #Reflexión #Oposición #Chavismo #MorralRevolucionario #MisiónVivienda #11E

Gladys Socorro
Periodista
Twitter: @gladyssocorro
Instagram: @gladyssocorro
Blog: gsocorro.wordpress.com