Golcar Rojas: Absurdidades del no-país

Golcar Rojas: Absurdidades del no-país

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Hoy, cuando intentábamos ir trabajar, en el camino, me encontré con una chirrinchera atestada de gente. Una vieja camioneta pick up convertida en jaula. Chatarra que deambula transportando pasajeros como si fueran marranos. Eran las 12 del mediodía y el termómetro marcaba 36.5 grados centígrados.

Al ver la gente en el vehículo haciendo equilibrio, casi en punta de pies y agarrados con una mano de cualquier cosa, recordé que, hace días, murió un chamo que se lanzó de la chirrinchera andando para evitar ser atracado. Luego, supe que en Lagunillas de Mérida, en un accidente de otro camión que sin estar acondicionado para el servicio funge de transporte público, hubo varios fallecidos y heridos.

Cuando uno ve esas unidades, las condiciones en que circulan, se asombra de que las tragedias no sean más y aún más aparatosas.

Total que, íbamos a hacer un peluquería de un perrito por ochocientos mil bolivares —baño, secado, corte, limpieza de oídos y corte de uñas—. Ya subimos a un millón, pero esta estaba agendada desde antes de aumentar.

Llegamos y, cuando ya teníamos descargados los útiles de trabajo, el dueño del perrito se acordó de que estaban sin luz desde las 11 de la mañana. Normalmente, antes de salir, llamo y pregunto si tienen luz y agua para no hacer el viaje en vano. Pero como la señora, media hora antes había dicho que nos estaba esperando, pues pensé que no era necesario preguntar.

Perdimos el viaje. Lo peor es que esa cantidad que íbamos a cobrar, no alcanza ni para la carrera de un taxi, si se paga por transferencia. Si los dueños de la mascota quisieran llevar en taxi el perrito a la peluquería, la carrera probablemente le costaría lo que cuesta el embellecimiento del can.

En el no-país, una carrera corta en un taxi cuesta 250 mil bolívares, si pagas en efectivo, y la misma carrera sale en 750 mil, si pagas por transferencia. La absurdidad nos corroe.

Frustrados, nos regresamos. Al pasar por una estación de gasolina, aprovechamos que sólo había como ocho carros en cola para llenar el tanque que estaba por la mitad. Sí, en el absurdo no-país, uno se angustia si el tanque de gasolina tiene menos de la mitad de combustible porque las colas son de 3 o cuatro cuadras y una o dos horas para cargar. Si hay poca cola, uno aprovecha para poner el tanque a tope. 150 bolívares, mucho menos que un penny, pagamos por el medio tanque.

Pero, el no-paísbdemuestra cada minuto que todo puede ser más absurdo.

Como lo de trabajar no se nos dio. Fuimos al banco a sacar efectivo porque una gerente amiga, luego de casi dos meses intentando sacar dinero de mi cuenta, por fin me avisó que podía «darme» algo.

No pregunté cuánto. Necesito efectivo para depositar un pago de tribunales y cualquier cantidad me sirve.

Llegamos Cristian y yo al banco. Como si fuera droga, la gerente me miró y me dijo que esperara un poco. Al rato, tomó una hoja de papel bond usada y, sin que se viera desde afuera, envolvió ahí el dinero. Firmamos dos papeles del retiro y, sin abrir el «alijo», salimos del banco.

«¿Cuánto nos dieron?» «No tengo ni idea»

Ya en el carro, abrí la caleta: Dos relucientes billetes de 100 mil bolívares cada uno. Suficiente para lo que necesito pagar en tribunales, pero que no me alcanzarían ni para una carrera corta, si anduviese en taxi y pagara en efectivo. La gente hace colas de horas para que el banco, con suerte, le entregue esa cantidad absurda.

Si, definitivamente, el no-país baila al son de la absurdidad.

@golcar1