Hugo Delgado: El gran interrogante

Hugo Delgado: El gran interrogante

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Pensar en la Venezuela post chavismo es un ejercicio nada fácil. Para la nomenclatura rojita es difícil dejar el poder y los privilegios que derivan de él, además de sus vínculos oscuros con el narcotráfico y el terrorismo, la violación de los derechos humanos, la corrupción y el lavado de dinero. Del otro lado, una oposición resentida por recibir el impacto negativo de la crisis,  una juventud frustrada por su imposibilidad de sembrar con su talento y entusiasmo su futuro, guarda revanchismo y difícilmente cederá en materia de impunidad.

Sería interesante para la élite intelectual evaluar la actual situación, buscar respuestas a las innumerables interrogantes que se ciernen sobre la realidad venezolana, con miras a construir un cuerpo de entendimiento y de respuesta, ante el aberrante comportamiento de las élites política, económica, social, cultural y educativa, en sus diferentes escalas de responsabilidades.

Los militares llamados a ser el baluarte del nacionalismo, y la defensa de los intereses más nobles de la patria, se han convertido en la fuerza pretoriana del régimen, amos y señores del contrabando de extracción en la frontera en abierta alianza con la guerrilla o el paramilitarismo colombiano, socios con bandas trasnacionales en la extracción de minera en los estados Bolívar y Amazonas, violación de los derechos humanos, corrupción con alimentos y cuanto producto circula por puertos y carreteras.

Con el grupo que ostenta el poder es difícil establecer conversaciones sinceras. Los antecedentes confirman la falta de voluntad e interés por buscar salidas, su lema, extrapolado del recetario cubano comunista de los Castro, no comprende esta opción, por algo dominan la isla hace más de medio siglo, pero como Venezuela no es Cuba, la realidad es diferente, y el interés de Estados Unidos y el resto del continente es mayor, entonces la búsqueda de opciones negociadoras no es descartable.

Ante el conflicto de intereses es evidente que la construcción de una agenda de negociación democrática será difícil, aunque el uso de la fuerza como salida no es descartable. Los términos deben ser amplios y servir para futuras negociaciones; en dicho proceso ambas partes cederán en algunos asuntos y tratarán de no transmitir la imagen derrotista a sus seguidores, especialmente los extremistas. Los encargados de entablar las conversaciones serán expertos en las áreas seleccionadas y tendrán la dura tarea de elaborar una agenda con prioridades y puntos más flexibles.

Esa salida democrática y civilizada es la ideal, pero la realidad venezolana muestra a una nomenclatura no dispuesta a ceder, empujarla hacia un proceso de diálogo implica una presión interna, producto de una situación insostenible y de agravamiento, e internacional, vía bloqueo de cuentas bancarias, sanciones penales, congelamiento de intercambios comerciales, suspensiones diplomáticas, entre otras, que obliguen al gobierno ilegítimo de Nicolás Maduro a sentarse en la mesa de diálogo.

La Venezuela de hoy muestra signos de agotamiento, resignación,  de aparente calma y graves cuadros de pobreza, desnutrición, epidémicos, producción industrial y agropecuaria, hiperinflación y de ruptura institucional. Lo peor del asunto es que no se vislumbran salidas, el gobierno de Maduro se muestra incapaz de solventarlos. La mentira como aliada del oficialismo solo sirve para agudizar la precaria solución y del otro lado, una oposición política deambula entre sus miserias egoístas.  Ante  la situación, una  población hambrienta y desamparada, sin nada que perder, podría volcarse hacia una explosión social.

Cálculos de los últimos años indican que más de cuatro millones de venezolanos han huido de Venezuela. Más de un millón son del Zulia. Lo positivo de esta experiencia es que esos inmigrantes han aprendido a valorar el trabajo y el respeto a ley, cosa que aquí poco importaba. Lo segundo, es el incremento de la remesa que ha generado una nueva fuerza económica y que ha llevado al gobierno a buscar mecanismos para captar esa masa monetaria, sin embargo, el valor oficial no se compara con el del mercado negro y es poco atractivo para quienes envían dólares del exterior vender a precio oficial. Este nuevo fenómeno también ha empujado los precios de los productos, servicios y de la divisa americana referencial para el comercio especulativo.

Los antiguos aliados del foro de Sao Pablo que en la década pasado conformaron una red izquierdista de gobiernos aliados, ahora muestran fisuras y ya cedieron en algunos casos como Brasil, Argentina y Ecuador, lo grave del asunto, es que otros están tomando el camino de la coerción como Venezuela y Nicaragua, esta última al borde de una guerra civil.

Para Venezuela un escenario válido es que su posible solución al conflicto abre un espacio interesante de desarrollo económico, político y de madurez ciudadana, esta última en deuda con su responsabilidad en el momento de asumir la toma de decisión pública.  Salir de este nudo gordiano, abre un escenario con un mercado prácticamente virgen, en el que cualquier industria tendría todas las de ganar porque no tendría competencia y un consumidor que aspira a solventar sus años de angustia. El sistema financiero tendrá el reto de crear los mecanismos que posibiliten el endeudamiento (líneas blanca y marrón, productos de primera necesidad, vehículos, salud, etc.). Y un punto importante será el poder judicial que garantizará la inversión privada y los derechos individuales.

A pesar de la precaria situación, la industria petrolera necesitará alianzas e inversiones importantes para recuperar su producción y la petroquímica, este último sector tendrá mucho futuro ahora cuando la humanidad camina hacia fuentes energéticas limpias y renovables. Sin duda, la inversión intensiva de capital tendrá un impacto favorable en la generación de fuentes de trabajo y demanda de bienes y servicios.

El deterioro de la infraestructura y de los servicios públicos (electricidad, vialidad, transporte, telefonía y comunicaciones  y agua), convierte a este sector en una mina para la inversión. Eso implica la búsqueda de capitales e inversionistas internacionales que en alianza con el sector público y otros capitalistas privados nacionales, tendrán la oportunidad de sacar a Venezuela del atraso que dejó 20 años de ineficiente gestión chavista. Estos sectores serán generadores de puestos de trabajo y demandará bienes y servicios. El reto nacional es garantizar la inversión y cederlos a los conocedores del negocio.

En medio de la desesperanza, los verdaderos visionarios tendrán la oportunidad de construir un modelo de país diferente al rentista petrolero, forjador de gobiernos corruptos y ciudadanos que irresponsablemente cedieron su poder de decisión, por otro basado en el trabajo, la creatividad, el estudio, el respeto a la ley y sobre todo apegado a los principios democrático. Hay que tener claro que en un proceso de negociación  el camino no es recto, lineal y predecible, amerita de preparación y de conocer los intereses de los adversarios, para poder construir una propuesta viable.