Hugo Delgado: El objetivo es Cuba

Hugo Delgado: El objetivo es Cuba

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Si verdaderamente América quiere una estabilidad debe liquidar la amenaza cubana. Lo advirtió en la década de los cincuenta, Rómulo Betancourt cuando decía a los países acaramelados con los ideales de la revolución de los barbudos, que sufrirían los embates de la miseria, la corrupción, el autoritarismo y la sangre. La élites intelectuales americanas  y europeas justificaron los desmanes de Ernesto “Che” Guevara y Fidel Castro, los genocidios de José Stalin en la Unión Soviética, de Mao Se Tung en China, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) o Sendero Luminoso en Perú y ahora los del autoritario Daniel Ortega en Nicaragua.

Para esta izquierda intelectual son condenables las violaciones de los derechos humanos de las dictaduras derechistas (Augusto Pinochet en Chile, o la de los militares en Argentina, Anastasio Somoza en Nicaragua, etc) pero los muertos socialistas y comunistas y sus grupos guerrilleros sí se justifican. Ahora resulta que el Lava Jato, la red de corrupción jamás vista en Latinoamérica, dirigida por el ex presidente Ignacio Lula da Silva,  no es condenable; tampoco lo es las irregularidades del padre del desastre en Venezuela, Hugo Chávez, y su delfín, Nicolás Maduro.

Pero todos estos actos históricos tienen su fundamento. Escribía el pasado 19 de julio de 2018, Antonio Sánchez (El castrocomunismo, concepto y realidad, El Nacional 19 de julio de 2018) “No es otra la razón de llamar castro comunismo a la particular forma de acceso al poder totalitario y antidemocrático de las izquierdas marxistas latinoamericanas que se está implementando ahora mismo desde el llamado Foro de Sao Paulo a lo largo y ancho de nuestro continente: su primer objetivo es acudir en defensa de la intangibilidad de la tiranía castro comunista cubana, madre de la criatura desde hace 60 años. En segundo lugar, proteger a los regímenes castrocomunistas derivados: Venezuela y Nicaragua. En tercer lugar, velar por el tránsito al castrocomunismo definitivo de las democracias ya en manos del Foro, como Bolivia, e impedir la pérdida definitiva de Perú, Ecuador, Uruguay y Brasil. En dicho sentido, la lucha en defensa de Nicolás Maduro y Lula da Silva se convierte en una de las más importantes y prioritarias…”.

Por otra parte, el autor también enfatiza en los orígenes de esta estrategia “El asalto largo y prolongado, como el que se intenta en el resto del continente: entrar a las instituciones por vía electoral y, una vez dentro, fracturarlas para ponerlas al servicio del ataque frontal, mediante la agudización de las crisis internas, la corrupción, la amenaza y la muerte”.  Lo intentaron recientemente en Colombia con el inepto y corrupto ex alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, en complicidad con el presidente Juan Manuel Santos y las Farc; lo lograron con Manuel López Obrador en México, luego de una paciente lucha y el desacierto de los partidos mayoritarios.

El error de las democracias occidentales es no entender la esencia de la estrategia comunista internacional. Con su metodología fragmentada en su ejercicio del poder, el respeto a la ley y a la separación de poderes, los demócratas incurren en el error de menospreciar la paciencia, por ejemplo cubana o rusa, para llegar o mantenerse en el control de sus países. Tampoco dimensionan el efecto camaleónico con el que actúan, Sánchez enfatiza en ese punto argumentando “que las vías hacia el comunismo se diversifican en tantas, cuantas condiciones nacionales existan. Ya sea según las clases protagónicas del cambio revolucionario, ya sea según el modo de apropiarse del poder. Sea mediante el liderazgo del proletariado, como en Rusia, sea mediante el campesinado, como en China; sea por la vía pacífica y progresiva del voto y la conquista de la hegemonía, como en las sociedades industrializadas europeas, sea por la vía armada y violenta del asalto al poder, como en Cuba”.

El trabajo Chávez, Castro y Lula da Silva fue integrar a Venezuela con su posición energética estratégica en la dinámica del comunismo, el terrorismo y el narcotráfico (directamente relacionado con la Farc y el ELN que actúa impunemente en el  territorio nacional), eso demuestra que las herramientas sociales y políticas internas no son suficientes para enfrentar esa amenaza; mientras la burocracia diplomática europea y latinoamericana, deshoja la margarita, el castrocomunismo y el Foro de Sao Pablo se repliega y mueve sus fichas  colocadas en los poderes públicos  y económicos para eliminar a sus contrincantes, tal como sucede con su enemigo, el ex presidente de Colombia Álvaro Uribe, o con Mauricio Macri ahora presionado por los corruptos sindicatos peronistas comandados por Cristina Kirchner.

En el fondo estos actores comunistas solo buscan el objetivo supremo (según Sánchez): “Según los pronósticos del marxismo científico, derrotada la burguesía y conquistado el poder total por el proletariado, desaparecerían las clases y con ello sus luchas. Reinaría la paz universal, la paz perpetua, todas las necesidades serían satisfechas, la propiedad colectiva de los bienes de producción desplazaría a la propiedad privada, causa y raíz de todos los males, crímenes, enfrentamientos, luchas, combates y guerras, y a la paz universal sucedería naturalmente la armonía universal. El hombre habría alcanzado el paraíso terrenal, vale decir, el reino del bien y la felicidad plena”.

El guión cubano aplicado en Venezuela no ha variado desde la llegada de Fidel Castro al poder. Ahora se entiende porque los discursos de Hugo Chávez o Daniel Ortega enfatizaban en el amor, la paz, la fraternidad el humanismo, como armas de manipulación y  seducción. En la Chile de Salvador Allende se replicó, al igual que en Nicaragua, Bolivia, Brasil, Argentina, Ecuador, El Salvador y Honduras. Periódicamente se  repliegan cuando la corrupción e ineficiencia provoca el rechazo generalizado, luego regresan con más bríos. Esa ha sido su dinámica histórica.

En Venezuela, el antecedente de poseer una cultura petrolera, rentista y dependentista, facilitó el trabajo del binomio Fidel-Hugo, el trabajo fue más sencillo. Lo reafirmaba recientemente el director de Datanalisis José Ignacio Gil Yépez sobre las características de la crisis nacional. Más de cuatro millones han emigrado, la mayoría opositores aunque la moda ahora es la fuga de los chavistas; la oposición está dividida (no destruida como dice Diosdado Cabello); los venezolanos esperan una solución de Estados Unidos y de sus aliados y no una propia;  la burocracia diplomática latinoamericana y europea es cómplice,  lenta para actuar y miope para ver el tamaño de la amenaza; y la dependencia de la vida nacional es total de las decisiones del deteriorado gobierno de Nicolás Maduro. El mismo guión a la cubana.

Solucionar el problema Venezolano, implica eliminar la amenaza cubana, alfa y omega de la crisis nacional y del continente latinoamericano. Hace algunos años, el diplomático y periodista, Pablo Bassim, en una de sus interminables tertulias decía que Cuba era un conflicto de baja intensidad que justificaba la inversión en la defensa de Estados Unidos, por eso era conveniente mantenerla viva.  Sin embargo, más de medio siglo después, la necesidad de estabilizar el continente y crear el mercado común para competir con los tigres asiáticos y Europa amerita de eliminar las enfermedades y Cuba es una de ellas.

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