Hugo Delgado: El país miserable

Hugo Delgado: El país miserable

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A quienes ingenuamente les venden la idea que Hugo Chávez, en su regazo de muerte, decidió equivocadamente escoger a Nicolás Maduro, es falso. El comandante eterno y sus homólogos cubanos diseñaron un plan bien orquestado para materializar su selección con miras a eternizarse chavismo en el poder.
Limitado de formación, audaz en su oratoria y accionar, eso no implica que sea inteligente, tiene su principal aliado, en su visión de comprender que “todo lo que venga es ganancia”. Por su origen inestable no tiene escrúpulo alguno en mentir y mucho menos ser fiel a quienes lo mantienen en el poder. Es un ejemplo del “títere” del castro comunismo, que tiene enterradas sus garras en el país y que difícilmente soltarán, porque Fidel y Raúl sí estaban claros en la importancia de tener un país punta de playa, con recursos y fácilmente dominable, como lo es Venezuela.
Fidel y Raúl Castro estaban muy claros en esa escogencia, el delfín tenía que ser muy obediente y de limitado criterio. De ahí resultó Nicolás Maduro. Un personaje oscuro, de dudosa nacionalidad, de origen humilde e inestable, sin escrúpulos, endiosado por el poder y totalmente entregado a la causa comunista internacional. Por eso no le duele el país y sus ciudadanos, danza mientras los venezolanos sufren, entrega todo lo que pueda a los imperialismos ruso y chino, otros aliados sin límites morales, aprovecha las necesidades humanas (comida y medicinas) para manipular a la sociedad, insiste en unas políticas fracasadas que solo conducen al control, y en su afán de buscar aliados entrega la soberanía, el petróleo y cuanto recurso tenga a su alcance, total el adormecido pueblo se “cala todo”.
Bienestar social, estabilidad económica, justicia, institucionalidad, diálogo, valores, solidaridad, educación, no existen en su diccionario. Su único objetivo es mantenerse en el poder a toda costa. Por eso los demócratas que quieren salidas negociadas chocan contra la misma piedra sin comprender que los maestros de la burla, Fidel y Raúl Castro, lo han hecho con el mundo durante 60 años. Se han reído hasta de los gringos, han asesinado incluso a sus aliados (Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos) y han sumido a su pueblo en la extrema miseria humana ¡sin remordimiento alguno! Con el agravante que sus aliados intelectuales internacionales los justifican, respetan y admiran.
Resolver la situación de Venezuela, con un personaje así, será difícil. En abril de 2002, ante la presión social, Hugo Chávez pidió un avión para ir a Cuba. Maduro antes de llegar a una situación de esas hará correr sangre por las calles de Venezuela, ya lo demostró con las últimas revueltas. Nicolás se rodeo de sociópatas y leyó bien el guión represivo cubano, que exitosamente lo aplican aquí y en la Nicaragua de Daniel Ortega, y eso le ha permitido mostrar su imagen de invencible. Además de contar con aliados presentes en el territorio nacional, como las guerrillas colombianas Farc y ELN que lo apoyarán en caso de ocurrir cualquier incursión.
Mientras la burocracia diplomática latinoamericana, norteamericana y europea, siguen creyendo en salidas de “paz y amor”. Al viejo continente se les justifica está posición porque luego de las matazones de la primera y segunda guerras mundiales, aprendieron a buscar soluciones negociadas y a creer en la buena fe. Pero con el comunismo esto es diferente, porque los principios, la ética y los valores occidentales son los enemigos a vencer y no los respetan.
Ahora con China y Rusia buscando una alianza para enfrentar a Estados Unidos, Raúl Castro mueve su marioneta hacia ese epicentro buscando un equilibrio que lo mantenga con vida. Lo interesante del nuevo ajedrez mundial es que si rusos y chinos se están uniendo es porque tienen debilidades y se necesitan. A la final para los asiáticos, el mercado más importante de consumo de sus baratijas es el gringo y una guerra comercial en nada lo favorece porque si caen sus ventas, su economía con pies de barro podría derrumbarse, a pesar de las predicciones que lo apuntalan como la futura potencia, pero ahí están sus limitantes índices de pobreza, contaminación, corrupción y un modelo político, que le afecta su supremacía.
Los rusos ahora que muestran sus armas para rememorar viejas glorias, caen en el error histórico de proyectar fuerza pero económicamente son una nación básicamente petrolera, fuente energética que ya comienza a languidecer para dar paso a energías renovables y limpias, con grandes fallas que podrán generar en el futuro una debacle como la que la llevó a la desintegración de la extinta Unión Soviética. Parecen no aprender la lección.
La renta petrolera manejada por el chavismo, sin duda alguna le permitió al comunismo latinoamericano y del resto del mundo, tomar un segundo aire. Lo irónico del asunto es que fueron los norteamericanos quienes lo financiaron, porque eran los mejores compradores y pagadores. Mantuvieron a Cuba y Venezuela, apoyaron a todos sus aliados y fortalecieron los mismos males que generan sus problemas de seguridad: narcotráfico y terrorismo.
Reza el viejo refrán que “tanto va el agua al cántaro hasta que se derrama”, eso va a pasar con Venezuela. Andrés Oppenheimer en su artículo Las democracias latinoamericanas le fallaron a Venezuela (El Nuevo Herald 22 de septiembre de 2018) escribió: “La declaración emitida el 16 de septiembre por 11 países del Grupo de Lima rechaza cualquier intervención militar en Venezuela, lo que es diplomática y legalmente correcto… Pero no propuso ninguna acción diplomática para presionar al dictador venezolano Nicolás Maduro para que permita la restauración de la democracia…”
La salida negociada está cuesta arriba, pero el problema de seguridad para Estados Unidos y el resto del continente tendrá su punto de quiebre, mientras se agrava el problema migratorio y los apoyos evidentes del régimen al terrorismo y el narcotráfico, factores que afectan directamente a Colombia, Brasil, Ecuador y Perú.
Lo grave de la declaración, advierte Oppenheimer, firmada, entre otros, “por México, Brasil, Argentina, Chile, Perú y Paraguay, es que no menciona nuevas sanciones diplomáticas a Venezuela…”, al Grupo de Lima se le “olvidó sus propios compromisos previos. El 21 de mayo, el grupo acordó por unanimidad reducir las relaciones diplomáticas con el régimen venezolano, buscar ayuda humanitaria mundial para hacer frente a la crisis de los refugiados y tomar medidas para congelar activos financieros de altos funcionarios venezolanos. Pero, increíblemente, el grupo no hizo nada al respecto en su más reciente declaración”. Mientras tanto, la crisis humanitaria en Venezuela empeora, y países anteriormente críticos como México y España, ahora vuelven a ser aliados del chavismo.
El mismo autor en otro artículo titulado “El éxodo de Venezuela recién está comenzando: aumentará dramáticamente” (El Nuevo Herald 1 de septiembre de 2018), contradice la mentira montada por el régimen, acostumbrada a utilizar las posverdades para contrarrestar la realidad miserable que viven los venezolanos. Oppenheimer advierte que “el éxodo de venezolanos aumentará sustancialmente. A medida que la economía siga colapsando, el régimen de Maduro seguirá expulsando deliberadamente a millones de venezolanos descontentos, para quedarse con una masa de personas empobrecidas en el país que puedan ser fácilmente controladas con subsidios alimenticios del gobierno”. A esto se agrega que el hombre es un animal de costumbres y es peligrosa la actitud pasiva de la sociedad que ahora acepta todo lo que le venga.
Es una versión express de lo “que Cuba ha hecho durante seis décadas: una limpieza política del país mediante la expulsión de críticos actuales o potenciales del gobierno”. Isabel Márquez (citadas por Oppenheimer), portavoz de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, confirma que “estamos viendo un aumento bastante significativo y progresivo de refugiados venezolanos que según ese mismo organismo ya suma unos 2,3 millones desde 1999, incluidos 1,5 millones en los últimos tres años”.
Con gran cinismo, Maduro ahora acusa a Colombia, Ecuador y Perú de maltrato a los emigrantes; exige a Colombia que reduzca los cultivos de coca porque estimulan la creación de grupos narcotraficantes y paramilitares, obviando cualquier crítica a los carteles guerrilleros (Farc y ELN) verdaderos controladores del negocio; pide S500 millones de dólares para repatriar los pocos venezolanos que, según su versión, se quieren regresar a disfrutar las ventajas de su paquete económico recientemente instrumentado y que amenaza con alcanzar índices de inflación con muchos ceros y está terminando de enterrar la alicaída economía nacional. Quiere tapar, con su verbo destemplado, una realidad que solo muestra en cualquier calle del país, la miseria humana a la que lo condujo el chavismo.

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