Hugo Delgado: Entre guerras y acuerdos

Hugo Delgado: Entre guerras y acuerdos

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Luego de leer las órdenes de detención por el ilegítimo presidente, fiscal y juez, Nicolás Maduro, contra antiguos directivos de la extinta y eficiente empresa zuliana de electricidad, Enelven, se reafirma más el espíritu bélico, militarista y falso del gobierno, más preocupado por mantenerse en el poder que en solucionar los problemas fundamentales de los venezolanos. Creen que a la fuerza se tapa la realidad.

La guerra eléctrica se une a la económica y al complot internacional que tiene azotada al inocente régimen chavista que durante 20 años, y luego de despilfarrar más de un billón de dólares de ingresos petroleros, no ha podido encausar a Venezuela por la senda del progreso, y mucho menos garantizar el bienestar y riqueza de sus ciudadanos. Es el mismo discurso de la dictadura de los Castro en Cuba, con el que azota y controla la isla hace cinco décadas, metiendo miedo con embargos e invasiones que nunca llegan.

Es la razón del fracaso del comunismo cubano en Latinoamérica. Su propuesta ideológica revanchista, cargada de resentimiento, explotación de los más bajos sentimientos de frustración y carente de toda opción para mejorar la calidad de vida y enrumbar el país hacia el desarrollo, tiene vida corta. Lo vivió el Chile de Salvador Allende, sucede lo mismo con Nicaragua, mientras otras experiencias como el de los gobiernos corruptos del Ecuador de Rafael Correa, el de Argentina de los Kirchner o el de Brasil de Lula da Silva, en donde aprendieron de la historia y crearon modelos ortodoxos para repetir a media los errores de los Castro.

Sin embargo, la mediocridad de la dirigencia chavista y el militarismo de su pensamiento y acción, hicieron que Venezuela fuera la excepción y ahora navegue en el mar de los fracasos. Empeñados en repetir el discurso atemorizante de la invasión y el embargo económico del castro comunismo, Hugo Chávez y su delfín Nicolás Maduro, despilfarraron la oportunidad del boom petrolero para eternizarse en el poder. Ahora los tiempos cambiaron, con el aparato productivo destruido, endeudados, con las instituciones públicas debilitadas, la anarquía generalizada que hace prever una explosión social incontenible e indicadores económicos espeluznantes, no queda mucho margen de maniobra.

Con la represión política, militar y judicial, el gobierno ilegítimo de Nicolás Maduro, pretende mantenerse en el poder, aún con el creciente rechazo a su gestión. Sin embargo, utilizando los recursos del Estados ha logrado manipular los estómagos de los venezolanos. Con el único objetivo de mantenerse en el poder, logró cortar una oposición a su medida para realizar el venidero 20 de mayo de 2018, un circo electoral, en el que sin duda, saldrá reelecto presidente, siendo los payasos del circo, un grupo de candidatos sin ninguna opción, liderados por el ex gobernador del estado Lara, Henri Falcón.

La candidatura de Falcón puede generar dos efectos. El primero justificará el circo democrático que pretende avalar la reelección de Maduro. El segundo, -de ganar- sería el gobierno de transición. Según el ex presidente del gobierno de España, Felipe González, (diario El País 7-005-2018), “teme que acabe pactando con Maduro en un intento de lavado de imagen”, básicamente porque “es una competición electoral completamente falseada”. En caso de una sorpresiva victoria, la misma puede generarse de un chavismo que “se está fracturando por dentro. Hay mucha gente del régimen que no quiere continuar con esta farsa, que no quiere continuar la responsabilidad de destruir a su propio país”.

Venezuela ahora presenta características de una sociedad fallida (cómplice de su propio destino) y de un gobierno inexistente, aguas abajo. ¡En el país no hay autoridad! Es lo que comenta la gente cuando ve la especulación con los precios de los productos de primera necesidad, los deficientes servicios públicos, la impunidad delictiva, la corrupción policial, judicial y militar. El ciudadano se encuentra desguarnecido.

El chavismo comete el error de creer que controlando el poder formal tiene garantías para mantenerse en él. González al responder a la interrogante sobre el antes y después de las elecciones, dice: “La situación el 19 de mayo y el 21 de mayo será exactamente la misma respecto del país. Es decir, ¿qué va a cambiar después de una competición electoral completamente falseada, cuyos resultados son previsibles? Hagan la maniobra que hagan de imagen, de pactar el Gobierno con la supuesta oposición derrotada, que sería Falcón, o no, la situación del país sería la misma. La situación sería del 13.000% o 14.000% de inflación, un salario mínimo que sube cuatro veces en un año y que se devora a sí mismo inmediatamente”.

En relación a los posibles pactos oscuros detrás de las elecciones, Héctor Schamis en su artículo “Las metamorfosis del chavismo Maduro, Falcón y el gobierno de unidad nacional” (El País 5 de mayo de 2018), escribe: “El reacomodamiento de las piezas está en curso, según me llega desde varias fuentes confiables. En un almuerzo que habría tenido lugar hace dos semanas, los embajadores de algunos países de la Unión Europea en Caracas conversaron con el candidato Henri Falcón. Allí se hizo referencia a un gran acuerdo político preparado por José Luis Rodríguez Zapatero… En dicho acuerdo, gobierno y oposición—léase el candidato Falcón—se comprometerán a asegurar la estabilidad y lanzar un plan económico de recuperación inmediatamente después de la elección del 20 de mayo. El escenario previsto es de siete millones de votos para Maduro y cinco millones para Falcón. Es la consabida fórmula del fraude inteligente: 60-40”.

Schamis hace referencia a la posibilidad de nombrar a Falcón vicepresidente y será una oposición a la medida del régimen. “La idea ya estaba dando vueltas hacía tiempo, pero fue Zapatero, eximio diseñador de contubernios, quien aparentemente le dio las puntadas finales: un gran gobierno de reconciliación y unidad nacional.

Se une al plan, el jefe de campaña de Falcón, Francisco Rodríguez un economista actual presidente de Capital Torino (es un bróker de tenedores de deuda venezolana), que enseñó en las universidades de Maryland y Wesleyan (USA); entre 2000 y 2004 fue asesor económico y financiero de la Asamblea Nacional; tiene una maestría y un PhD en la Universidad de Harvard; y un licenciatura en economía en la Universidad Católica Andrés Bello; su destino final es convertirse en “zar de la economía”.

Lo cierto es que hoy los venezolanos enfrentan la disyuntiva de votar o no votar. En un escenario adverso, con la gran posibilidad de reelegir al incompetente Maduro, “si me quedo en casa o salgo a sufragar”, igual la trampa está hecha, dicen algunos. Otros se niegan rotundamente. La oposición naufraga en medio de sus dudas, esperanzada en una presión internacional que aumenta y le cierra el círculo a los corruptos del régimen, pero que no cuenta con un aliado interno homogéneo, capaz de aglutinar a ese 80% inconforme que solo ve su destino fuera de las fronteras o espera el momento oportuno, cuando el hambre no espere más, y se decida a dar el gran salto.

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