Hugo Delgado: Ganar tiempo sin importar costos

Hugo Delgado: Ganar tiempo sin importar costos

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El guión no ha variado. Durante 60 años de dictadura comunista, Cuba ha sabido franquear las dificultades, convirtiendo, primero a Fidel Castro, y luego a su hermano Raúl, en dos hábiles jugadores de ajedrez que pudieron sortear los embates de varios presidentes norteamericanos, sobrevivir a crisis económicas y mantener en el tiempo su discurso del desastre, violación de derechos humanos y hambre y pobreza disfrazadas.

Pero en Venezuela a pesar del control que posee aparentemente el chavismo, la situación no es nada fácil. El guión cubano del control soportado en la coerción y la manipulación social y política, también tiene variantes que le han impedido manejar a su antojo al país. Venezuela no es Cuba, y los venezolanos no son cubanos. Geográficamente, la isla dificulta la conexión con los vecinos, mientras que en el segundo caso, sus habitantes mantienen contacto directo con Brasil y Colombia, facilitando el intercambios de información, modos de vidas, comerciales y políticos.

La estrategia orquestada por el gobierno del ilegítimo presidente, Nicolás Maduro, con el nuevo paquete económico y mostrar el retorno de emigrantes que golpeados por las realidades de otros países, como un efecto positivo, es una mentira vendida como verdad. La debilidad se muestra como una fortaleza, pero en el mundo de la economía los números no mienten, lo vive Venezuela, Brasil, Argentina y Ecuador.

Estos países gobernados por populistas de izquierda, disfrazaron estadísticas, tomaron medidas económicas para favorecer a los grupos sociales de bajos recursos a costa de endeudamientos, que luego de la caída de los precios de las materias primas y  con reservas internacionales críticas comenzaron a mostrar sus secuelas. Pasó con Temer en Brasil, con Mauricio Macri, y Lenín  en Ecuador.

Ahora con países endeudados, reservas internacionales mermadas y compromisos sociales y burocráticos insostenibles, los gobiernos que sustituyeron a los mandatarios populistas de izquierda, pagaran el alto costo que generan, la reducción de empleados públicos, eliminación de subsidios, etc.

En entrevista con Rubén Blades (El tiempo 4 de septiembre 2018) el salsero, abogado y actor panameño, dice, evocando la realidad latinoamericana, “un país portátil con héroes falsificados, ideales hipotecados y total mediocridad”, difícilmente se lograrán naciones estables económicos  y sólidos modelos de bienestar social.

El auge de las materias primas permitió catapultar a héroes falsificados,y sumergidos en ideales supra humanos, como Hugo Chávez (Venezuela), Rafael Correa (Ecuador), Ignacio Lula da Silva (Brasil) o la dinastía Kirchner en Argentina, que al final de cuentos dejaron sus países sumergidos en deudas, corrupción, instituciones democráticas destruidas, cifras de pobreza y  educativas dudosas.

Blades en la misma entrevista  hace un llamado interesante ante la apatía y falta de compromiso ciudadano, “todos debemos participar en la vida pública si queremos construir una mejor sociedad, pero mientras los partidos que existen hoy sean los encargados de crear leyes y de aplicarlas, el país va hacia el desastre”. Sobre este último aspecto la tendencia de los gobiernos populistas izquierdistas  hicieron ver que “después de ellos el diluvio”. Eran la esperanza de los desamparados, los defensores del humanismo y del medio ambiente; esa tácita misión los obligaba a eternizarse en el poder y todos optaron por modificar las constituciones para buscar su permanencia, o utilizando los recursos públicos de forma corrupta y ventajosa favorecer a sus delfines.

Pero los planes se desbarataron porque la realidad los envolvió. Ahora el castro comunismo lucha por sobrevivir y se ha convertido en más peligroso, porque de lo contrario desaparecen o pagarán sus cuentas ante la ley. Es el temor de los  dictadores cubanos o de los autócratas Daniel Ortega en Nicaragua y Nicolás Maduro en Venezuela.

Los veinte años de chavismo dejan un legado fácil de percibir. Observar las calles de cualquier ciudad o pueblo de Venezuela es suficiente. Su gente camina desesperanzada, angustiada por los altos costos de los productos, la inseguridad, los malos servicios públicos, la corrupción, o engañada por fábulas inventadas en los laboratorios castro  chavistas que hacen ver un mundo de falsos héroes y realidades virtuales.

Lo más grave es la falta de humanismo de un régimen que sembró ilusiones en los sectores menos favorecidos y terminó entrampado en los intereses de los más poderosos y de una nomenclatura que destruyó el aparato productivo y la institucionalidad del Estado para mantenerse en el poder.

No importan los resultados, lo que verdaderamente interesa es controlar la vida de los venezolanos a cualquier costo, sea con el carnet de la patria o un caja de clap comprada fraudulentamente para llenarle los bolsillos a algunos enchufados, total poco importa el hambre o la falta de medicamentos, de un pueblo que todavía no dimensiona el tamaño y la capacidad del chavismo, y tampoco entiende su vinculación con el comunismo, el terrorismo y el narcotráfico internacional.