Hugo Delgado: La historia habló

Hugo Delgado: La historia habló

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Venezuela solo conoce que su rumbo es hacia el abismo. El silencio social y la ineptitud del ilegítimo gobierno de Nicolás Maduro, son lo único que destacan en estos tiempos de incertidumbre y pérdida de fe y esperanza. Lo único seguro es que la situación está empeorando, sin que la sociedad y el Estado muestren respuesta alguna.
El deterioro se agudiza, al igual que el canibalismo desatado en el interior de la sociedad, en una especie de carrera por la supervivencia y la destrucción del otro. Cultura traída de los tiempos de la Venezuela de los caudillos del siglo XIX, cuando la política era una extensión de la guerra permanente que llevó al país a su destrucción, al hambre, la mortandad, las enfermedades endémicas y la desolación.
Ahora con nuevos caudillos, llenos de odio y resentimiento, complejos de superioridad y sin valores, el chavismo se entronizó para desolar nuevamente a Venezuela. Se dio la proverbial realidad pronosticada por el psiquiatra e historiador, Francisco Herrera Luque, sobre una sociedad venezolana estructurada en torno la violencia y esa capacidad de odiar y amar con intensidad. Y en medio de esa diatriba, el venezolano aprendió a sobrevivir, tomando herramientas de la modernidad para justificar sus desordenes.
Ese desorden psíquico se refleja en la sociedad en general y en sus gobernantes ¿Quién puede justificar la mentira oficial cuando tapa el deterioro de la salud, los servicios públicos básicos, la economía y la producción agropecuaria? ¿Qué puede pensar el venezolano cuando mueren sus familiares y amigos a las puertas de un hospital por falta de atención y medicamentos, mientras el presidente Maduro y sus ministros niegan esa realidad? ¿Qué pensamiento atraviesa la mente de un padre o una madre cuando no puede alimentar a sus hijos porque el costo volátil de los productos no se lo permite, o no los envía al colegio porque no hay transporte o no tienen para los pasajes?
Ese es el día a día de los venezolanos en cualquier rincón del país. Mientras al presidente ilegítimo, Nicolás Maduro y su camarilla parece no importarles. Es como si la receta comunista de los dictadores cubanos Fidel (+) y Raúl Castro buscará ganar la batalla espiritual, socavando la fe y la esperanza de la mayoría. En el fondo, la cartilla indica el control de la nomenclatura sobre la vida nacional, lo que comen, lo impartido en los colegios y universidades, formas de vestir y de organizarse socialmente, y para lograr ese objetivo era importante contar con los recursos petroleros que avalarían el objetivo máximo de la causa revolucionaria.
Lo decía el padre y gestor del desastroso proyecto, Hugo Chávez, “necesitamos 20 años para consolidar el socialismo” y no importa “si pasamos hambre o andamos desnudos, lo que importa es la revolución”. Lo único que no previó el sátrapa fue que la situación empeoró antes de los 20 años y el petróleo dejó de ser el maná para mantener el sistema. Su efectividad evidenció simplemente que Venezuela sigue siendo un país netamente petrolero, con una sociedad inmersa en una cultura rentista, dependiente de la dádiva pública, sin responsabilidad ciudadana y poco sentido del trabajo como fuente de generación de riqueza y bienestar.

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