Hugo Delgado: Metástasis petrolera

Hugo Delgado: Metástasis petrolera

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Mientras el ilegítimo presidente viaja a Rusia, Bielorrusia y Turquía, a buscar oxigeno financiero, la realidad del país y el mundo toman un rumbo diferente, al de sus intensiones. Acostumbrado a la bonanza petrolera, su gestión al igual que la “revolución rojita” ha basado su poderío en el control que le da la renta y la concentración del poder de la decisión pública, ese obsoleto modelo va camino al cierre de un ciclo que llenó de alegría, progreso, frustraciones y mucha corrupción. Ya no bastan rumbas nocturnas como las organizadas por el psiquiatra del régimen y alcalde del Municipio Libertador, Jorge Rodríguez, o el lanzamiento de un nuevo satélite mientras la gente muere de hambre y por falta de medicamentos.

Ahora que se acercan las elecciones del 15 de octubre de 2017, la huella del cáncer petrolero marca su huella. El despotismo, la corrupción, el populismo y el militarismo señalan la pauta en un régimen que languidece porque no va a cambiar su forma de pensar y actuar. Maduro y su legión de gobernadores, unos impuestos a la fuerza, otros gracias a la indolencia e irresponsabilidad de grandes sectores que aún creen la mentira del milagro chavista, representan la metástasis del modelo rentista petrolero, por eso no ofrecen nada diferente.

Esa forma de mentir sistemática, acentuada en el régimen chavista iniciado en 1999, es precisada por el escritor nicaragüense, Sergio Ramírez, en su artículo “Las vacas pastan en la ruta del Gran Canal “(El Nacional 8 de octubre de 2017) cita al filósofo contemporáneo, Bernard-Henri Lévy, quien “señala entre las características principales de los regímenes populistas la promesa de los milagros. Son promesas que nunca se cumplen y se quedan lejos de la realidad. Es lo que hoy se llama posverdad o mentira emotiva, otro sorprendente concepto según el cual, para dirigir a la opinión pública hacia el sentido que el poder desea, o necesita, hay que apelar a las emociones y a las creencias personales que vienen a ejercer mayor influencia en las mentes que los propios hechos objetivos”.

Revolución, pueblo heredero del heroísmo bolivariano, potencia mundial, eje del mundo anti capitalista, son algunos de los términos esgrimidos por el chavismo en sus casi dos décadas de régimen. Pero al correr la cortina, el panorama de Venezuela es desolador ¿Quiénes son responsables del daño del país? obviamente los gobernantes de turno que despilfarraron la mayor bonanza vivida por la nación sin dejar obra significativa alguna, con la anuencia de ciudadanos irresponsables que creyeron en el mensaje del encantador de serpientes, empresarios inescrupulosos, militares traidores a los preceptos patrios y constitucionales, y políticos vende patria que entregaron la soberanía a viles intereses foráneos.

Esos intereses dificultan cualquier solución a la crisis actual. Hugo Chávez logró colocar a Venezuela en el eje del comunismo, el terrorismo y el narcotráfico. En su reciente trabajo “Bienvenido Serrat” relacionado con el problema del separatismo catalán, el escritor Jean Maninat (El Pais 8 de octubre de 2017) dice “las tribus progresistas que han ido copando la política española –with a little help from my friends– han sacado a lucir su talante autoritario y la acomodaticia vara moral con la cual se miden ellos mismos, y a los demás.

Mudos ante la represión en Venezuela, o en Cuba, o en Irán, o en cualquier país que les deslice en el monedero unos duros de solidaridad silente, o unas vacaciones bajo el sol del Caribe, ahora se duelen por la represión –a todas luces desmedida– que sufrió el “pueblo catalán- Ahora, han hecho suya la peste negra del regionalismo y el nacionalismo que se cuela por Europa. Todo en nombre de una utopía regresiva –una distopía – donde aislados serían mejor, menos contaminados, más cerca de Rousseau y bien lejos del capitalismo que tanto parasitan para sobrevivir. Buenos, como una semilla de girasol, se pretenden”.

Esos gritones izquierdistas españoles que piden la separación catalana de España, son los mismos asesores de Chávez y Maduro. Cerebros perversos cuyas recomendaciones económicas han colapsado a la industria y agroindustria nacional, hasta colocarla en un escenario con números espeluznantes, con una inflación de 1500% para 2017, un Producto Interno Bruto en caída libre desde hace cuatro años, un endeudamiento que ronda los US 170 mil millones de dólares, un país con un sector productivo que no fabrica ni papel higiénico para sus necesidades.

Ahora que los demócratas encaran el duro compromiso de las retardadas elecciones regionales, afrontan manipulaciones de todo tipo con un Consejo Nacional Electoral y un Tribunal Supremo de Justicia sesgado, un poder ejecutivo que manipula como marionetas a sus gobernadores aliados y maneja a discreción los recursos públicos para favorecerlos; surge la mentira para reivindicar a la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente, declarando que existe un proceso de negociaciones que avanzó 95%, infringiendo así una de las características fundamentales de todo proceso de conversaciones como lo es el silencio, y cuya intensión de fondo no es más que buscar la decepción del votante y el abstencionismo.

El chavismo no tiene de otra que mentir. Vender ilusiones. Imponer su doctrina bolivariana, militarista y populista. Tiene que girar en torno al petróleo y las dádivas que le dan los dólares para jugar con el hambre y la salud de los venezolanos ¿Qué diferencia a Chávez y Maduro del gobernador Zulia, Francisco Arias Cárdenas? Nada. Son iguales. Presagiando su final. Pancho III crea policías a última hora, forma un programa de salud para manipular la necesidad de pacientes con enfermedades difíciles de tratar en tiempos de inflación y escasez, entrega viviendas sin concluir, pinta calles, coloca jardines en desoladas áreas verdes públicas, entrega una minúscula recuperación del Aula Magna para hacer soñar a una comunidad universitaria que ve como se desmorona su ciudad universitaria, ante la indolencia del Estado.

Sobre la elección de gobernadores, Carlos Blanco escribía en El Nacional (Elecciones en la turbulencia 8-10-2017), “el objetivo de estas elecciones es salir progresivamente del régimen, aunque otro argumento controversial es sobre la eficacia de las elecciones para provocar la salida del régimen (“dictadura no sale con votos” o “dictadura sí sale con votos”); tema que ha propiciado el retorcimiento de la historia propia y ajena para hacerle decir lo que interesa que diga; siendo que lo cierto es que las elecciones no han derrocado las dictaduras pero su ocurrencia en muchos casos ha servido como paso esencial para lograrlo”.

Presagiando la lección del 15 O, Blanco señala “no es de dudar que muchos opositores y chavistas descontentos vayan a votar por los candidatos de la Mesa de la Unidad Democrática. Las razones pueden ser simples y claras: sólo tengo el arma del voto y la debo emplear; seguramente, el ciudadano piensa que no tiene sentido renunciar al instrumento del cual dispone porque puede volver a propinarle una derrota contundente al régimen de Maduro”.

El cáncer del modelo rentista petrolero entró en su fase de metástasis, el chavismo intenta con la terapia intensiva prolongarlo, pero la realidad de la humanidad ya lo sentenció. La sociedad venezolana tiene el reto de construir el nuevo sistema de relaciones, el cemento que engrane sus partes sociales y productivas, el humanismo que propicie el reencuentro sano con sus raíces, y sobre todo el sentido de responsabilidad ciudadana que exija un liderazgo acorde con la dinámica de la sociedad del conocimiento, la tecnología y la integración universal. Esa oferta no la puede hacer un Arias Cárdenas o un Nicolás Maduro, porque sus formas de pensamiento están ubicadas históricamente en el siglo XIX y algo de principios del XX. Simplemente no representan lo que exige el mundo de hoy.