Hugo Delgado: Nico y el país de las maravillas

Hugo Delgado: Nico y el país de las maravillas

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El gobierno busca crear un ambiente de una Venezuela que no existe, que realmente existe pero en el discurso oficial (…) lo que nosotros vivimos es un sistema de puras palabras. En el lenguaje es donde se produce la realidad nacional y el gobierno tiene que apoderarse de ella””, Laureano Márquez (El Nacional 9 de febrero de 2018).

Burla, desprecio e ineficiencia, resumen la visión que tiene el ilegítimo presidente, Nicolás Maduro, del país. Así como su antecesor y gestor, Hugo Chávez, es el responsable de las penurias que vive Venezuela, su heredero solo se encargó de agudizar el desastre que se avecinaba y está pagando cara la factura heredada.

Despreciando y burlándose de las penurias de los venezolanos, NIco y sus secuaces  solo explotan la ilusión y las necesidades de las mayorías. Ahora la estrategia antes que se le agote el tiempo, es la compra masiva de votos de la forma más descarada y ruin, a través de los bonos que se le dan a los ancianos, madres, jóvenes y la última es el de carnaval, para que disfruten las alegres fiestas en medio de la peor crisis humanitaria jamás vista en la historia nacional.

Pero esa visión despreciable del chavismo hacia  Venezuela, es producto de su obsesión por el poder, que  le impide reconocer su fracaso, con el agravante de la visión y expresión de su presidente y séquitos incólumes ante la miseria y el dolor humano. Y en ese proceso de descomposición moral, jugó un rol importante el comandante eterno, responsable directo del modelo deforme de socialismo-autoritarismo-fascismo-bolivarianismo que condujo a la destrucción de la  industria nacional (incluyendo la petrolera), el comercio, la agroindustria, el incipiente turismo, el  sistema educativo y de salud, la infraestructura, y catapultó la corrupción y la impunidad.

A 20 años de chavismo, aquí están las secuelas de los esquemas de control, la represión y el engranaje mundial  de Venezuela en el narcoterrorismo ¿Qué  pensaban los adeptos al comandante eterno, que la historia no pasaría factura? El encanto de la revolución duró hasta que se terminaron los petrodólares. Hoy solo se están recibiendo las consecuencias del despilfarro y la corrupción generada por las vacas gordas.

La desgracia de Venezuela la expresó un chavista que huyendo de la crisis humanitaria llegó a Colombia, luego de cinco días de traumático viaje desde Valencia, endosaba la responsabilidad al gobierno del inepto Nicolás y calificaba a Hugo Chávez como “el héroe de los pobres”. Y es que  el modelo petrolero le permitió al comandante eterno, profundizar la dependencia a grandes masas de la población, utilizando  las dádivas oficiales. Becas, bonos, ayudas, misiones (vivienda, barrio adentro, etc.), gasolina y servicios públicos baratos, lo convirtieron en el redentor porque les regalaba, pero no los enseñó a generar riqueza  a través del trabajo y el estudio.

Era el país de las maravillas que Nico pretende proyectar, con  bonos de carnaval o para los jóvenes que solo servirán para inflar la liquidez monetaria pero no  para llenar la nevera, porque esa generosidad escasamente permite comprar un cartón de huevos y un kilo de queso. Es la manipulación vil de la necesidad humana en todas las escalas sociales. Es el precio de la conciencia y del estómago que aún le mantiene 5 millones de votos seguros.

No solo los pobres  caen a los pies del encantador de serpientes, los empresarios que han amasado grandes fortunas gracias al control cambiario, tampoco quiere que las cosas cambien. Es la desgracia de la enfermedad petrolera, que obnubila  la visión de los gobernantes y de algunos demócratas que se conforman con las migajas de la gran torta. Mientras el país se desbarata y la diáspora de venezolanos crece, a los gobernantes no les importa, total entre más inmigrantes mejor, los problemas se reducen y los vecinos pagan los platos rotos de sus medidas económicas y políticas.

El inmigrante declaró  a El Tiempo de Bogotá  (11-02-2018) “hasta la muerte del comandante todo estaba bien… el quería a los pobres”. Una frase certera que encierra la desgracia de  Venezuela.  Endosan la responsabilidad a Nico y su camarilla, pero no al padre de sus males.  Ahora los chavistas corren hacia otros países,  sin reconocer que fue su  irresponsable apoyo el origen de sus males.

La falta de compromiso producto del poco vínculo ciudadano-sociedad facilitó la tarea. Ahora la diáspora de venezolanos crece (se  calculan 4.5 millones) y los problemas se trasladan a sus vecinos Brasil y Colombia. Al respecto Laureano Márquez escribió en El Nacional 11  de febrero de 2018, “La nostalgia del exiliado la percibimos los artistas con mayor claridad. También de éxitos fundados en el talento, en el ingenio, en el saber y en el esfuerzo. De todo hay en el inmenso exilio venezolano: desde el que reproduce mañas y ancestrales vicios, hasta el que se afana de una manera que jamás imaginó en casa, con una fuerza interior que nunca creyó tener. El venezolano del exilio es honesto, trabajador, estudioso, prudente, ahorrativo y —sobre todo— portador de esa sabia humildad que quien se aleja de su patria…”.

Lo reprochable de la apreciación de Márquez es que muchos de quienes emigraron demostraron su responsabilidad y capacidad creativa y de trabajo en otras latitudes y no en Venezuela. Ahora que la diáspora se está llevando a los propios chavistas (gestores de la desgracia nacional), el reproche es mayor, porque sin reconocer su error  ciudadano huyen justificando al comandante eterno.

Mientras Nico compra consciencias con bonos, inunda de billetes sin valor la economía, incrementa la hiperinflación y baila sobre la miseria humana de los venezolanos, Brasil y Colombia reciben el impacto de su danza macabra y asfixiados por la gran cantidad de  inmigrantes ya exploran la idea de crear campos de refugiados apoyados  por organismos y países para garantizarles alimentación y atención médica. Es una desesperada carrera contra el tiempo para Maduro, empeñado en disminuir la presión interna (esa estrategia la aplicó Cuba en par de ocasiones).

Otro asunto interesante  fue el fracaso de la ronda de negociaciones en Santo Domingo, en el que los representantes de la  Mesa de la Unidad Democrática soportaron la presión oficial y del parcializado negociador, José Rodríguez Zapatero (es importante determinar qué intereses está representando), ahora es interesante escuchar los argumentos de los extremistas miameros, reyes del dedo, para cuestionar el rotundo no  de los demócratas que conscientemente consideraron el diálogo como la salida civilizada. Al criminal hay que demostrarle el crimen, de lo contrario es inocente. Y al chavismo  ya se le quitaron  todas las máscaras y la comunidad nacional e internacional saben quienes son y de lo que son capaces.

Cerrado el capítulo del diálogo, la opción del secretario de Estado Norteamericano, Rex Tillerson de ir más a la acción que a las palabras, abre las puertas a contundentes acciones como mayores sanciones a personeros del gobierno y  la posible suspensión de la compra de hidrocarburos a Venezuela, medida que dejará sin divisas a las debilitadas arcas  públicas y generará mayor desabastecimiento en el mercado interno. Lo  cierto es que el iluso país de las maravillas de Nico cada día se desdibuja más y si cree que ganando las elecciones se atornillará más al poder, está equivocado porque la realidad está socavando la falsa revolución que vendió el encantador de serpientes, Hugo Chávez.

Hugo Delgado