Hugo Delgado: Péndulo político

Hugo Delgado: Péndulo político

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El mundo político se volvió loco o simplemente lo que está ocurriendo en España y Latinoamérica es consecuencia de la misma dinámica social, una especie de ir y venir de su historia, a manera de péndulo, en el que su sociedad cambia de parecer ante el comportamiento de sus líderes, colocándose durante un tiempo en una acera y luego en la otra, dependiendo de las recompensas positivas y afinidades entre lo que proponen sus dirigentes y lo que ella piensa.

Sucede algo inaudito en lo ocurrido en España, el viernes 1 de junio de 2018, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), ahora dirigido por Pedro Rodríguez, logró dar un golpe parlamentario al presidente Mariano Rajoy (2011-2018) y sacarlo del poder, asumiendo el poder sin un voto popular, porque todas las elecciones en las que participó salió derrotado. Este dirigente pertenece a la misma organización responsable de la crisis en la que sumió al reino español durante su mandato, su colega de ideas y mediador en la crisis venezolana, José Luis Rodríguez Zapatero. Ahora unido con los grupos separatistas Vasco y Catalán, logró una ligera mayoría para destituir a Rajoy, artífice del mejoramiento de la economía y de sacar a la nación adelante, luego de la nefasta gestión socialista.

Claro está que las serias denuncias contra el Partido Popular sobre su financiamiento oscuro de sus actividades es injustificable, pero también es cierto que la nefasta gestión del PSOE tampoco es aceptable, más cuando se une a los independentistas catalanes que han ocasionado graves daños a su provincia con su insistente actitud ideológica, sin medir consecuencias económicas, sociales y políticas. Meses atrás y luego de las agitadas consultas electorales que intentaban separar a la comunidad catalana de España, más de tres mil grandes empresas y bancos salieron de la región, dejando una estela de desempleo, reducción de la recaudación y otras secuelas que en algún momento mostraran la dimensión del daño.

Rajoy y su partido no midieron las capacidades destructivas de sus contrincantes, menospreciaron sus posibilidades, creyeron que luego de saborear la acidez de la crisis y ahora mostrar indicadores económicos y sociales positivos era suficiente. Fue el típico pensamiento tecnócrata, centrado en cifras y al que se le olvidó la dinámica política del adversario. Todos los afectados por sus decisiones se unieron para fortalecer las aventuras independentistas de dos enemigos acérrimos de la nación española: los vascos y los catalanes.

De la mano del lobista y negociador, José Rodríguez Zapatero, el principal aliado del decadente chavismo, el ilegítimo presidente, Nicolás Maduro, podrá tomar un segundo aire, por ejemplo en sus relaciones con la Comunidad Europea, en momentos cuando la presión internacional y las investigaciones de corrupción y lavado de dinero, principalmente en España, afectan las cuentas de la nomenclatura rojita que había echado raíces en ese país, durante la gestión del desprestigiado mediador hispano y parte del gobierno del mismo Rajoy; sin embargo, este último apoyó las investigaciones y fue un frontal adversario del régimen venezolano, ésta férrea posición tendrá cambios.

Al sur del continente americano, el presidente de Argentina, Mauricio Macri, enfrenta el dilema de negociar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para sanear la economía, lograr el financiamiento a bajo costo de US $30 mil millones para aplicar sus políticas de reforma progresiva que buscan revertir el daño que ocasionaron los esposos, Néstor y Cristina Kirchner (2003-2015), durante su largo mandato, con sus políticas populistas y corruptas que crearon una red clientelar a la mejor manera del peronismo; generando a su vez, una burocracia inoperante y un gasto público insostenible que ocasionó un déficit de 5% del Producto Interno Bruto, que la actual gestión está reduciendo gradualmente.

Lo sorprendente del caso, es que la corrupta e investigada ex mandataria y ahora senadora, Cristina, está tomando fuerza en una opinión pública que solo entiende de clientelismo, subvenciones y medidas económicas insinceras.

El peronismo como las izquierdas latinoamericanas ven en el FMI el brazo hambreador del capitalismo, desconociendo su función sanadora de las aberraciones que los corruptos e ineptos gobernantes instrumentan en sus países y que luego de dejar deudas y secuelas de su ineficiencia no les queda de otra que buscar dineros frescos e inversiones para poder reactivar sus aparatos productivos, y cuál es la vía: acudir a esta instancia rectora de las finanzas internacionales para poder recibir el oxigeno que necesitan. Ahora Cristina Kirchner apuesta a resucitar al peronismo populista que tanto daño le ha hecho a Argentina y trata de agrupar la crítica social para renacer políticamente.

En Brasil es inaudito lo que ocurre. El genio de la corrupción de la izquierda latinoamericana, el ex presidente, Luis Ignacio Lula da Silva, condenado a 9 años y medio por un escándalo sin parangón en la historia del continente denominado Lava Jato, en el que están involucrados Odebrech, Petrobras y la constructora OAS, es postulado por su partido para las elecciones presidenciales, lo peor, es favorito según las encuestas.
En Colombia, el ex guerrillero del M-19 y ex alcalde de la capital Bogotá, Gustavo Petro (2012-2015), se proyecta como el máximo líder de la izquierda con un discurso populista, muy cercano al pensamiento desastroso del socialismo del siglo XXI impulsado por Hugo Chávez, a pesar de su gestión corrupta e ineficiente. Lo inexplicable es su aceptación en el electorado joven y la justificación que dan sus seguidores para tapar el desastre que ocasionó en la capital de la República, y su cinismo discursivo moralista y de transformación, cuando ell fue todo lo contrario durante su mandato.

Sin embargo, las encuestas muestran una diferencia difícil de superar de cara a la segunda vuelta que será el 17 de junio de 2018, en el que el candidato apoyado por Álvaro Uribe, Iván Duque, es el favorito, mostrando así que la sociedad todavía reconoce el trabajo que hizo el ex presidente cuando recibió un país arruinado por la violencia, la corrupción y la mala gestión, y entregó otro estabilizado y con crecimiento económico.
Venezuela es un caso especial en la dinámica pendular de Latinoamérica. En 1999 cuando una mayoría relativa apoya a Hugo Chávez y le da un cheque en blanco, muchos de sus seguidores justificaron su voto favorable con el argumento que “necesitamos una bota para enderezar el país”. 18 años después la bota lo tiene colapsado, corrompido e integrado en el eje del narcotráfico y el terrorismo mundial. La tensa situación y empeoramiento que se vive, muestra una sociedad sin liderazgo, ni propuestas que muestren una salida viable. Chavismo y oposición mayoritaria están paralizadas, solo esperan que una tercera fuerza desenrede el nudo gordiano que está apretando aceleradamente al país.

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