Hugo Delgado: Unión

Hugo Delgado: Unión

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El ingeniero siempre se ha identificado con el chavismo.  A pesar de recibir todos los beneficios de la democracia, reniega, la critica y nada sirve de ella. Igual sufre los embates de la crisis que vive Venezuela producto del largo mandato de sus admirados. Parece que el país se dividió en antes y después de de Hugo Chávez. Se deduce del pensamiento rojito que después de 20 años de gestión, si no se mantienen en el poder, vendrá el diluvio.

Admira y le gusta el imperio, tuvo la oportunidad de visitarlo. Como buen chavista ante el desastre que vive Venezuela, siempre busca una justificación. Por ejemplo, ante la crisis petrolera, la debacle de la industria y la falta de suministro de gas industrial para la petroquímica, los culpables de la adversa situación son los del paro de 2002 que produjeron el cierre de los pozos que se sellaron para siempre, según él.  Es decir, el daño ocasionado no pudo subsanarse en los siguientes 16 años, con todos los recursos que hubo gracias a la bonanza.

Otro ejemplo, es su explicación sobre la deficiencia en la oferta de billetes en el sistema financiero venezolano. Según su argumentación, esa debe ser la tendencia, ir hacia las transacciones digitales, para evitar muchos de los vicios que ocurren en la deformada realidad nacional, como lo son el traficó de dinero efectivo, la evasión de impuesto, lavado de dinero, etc. Claro que eso sería lo ideal, pero el país debe preparar su plataforma tecnológica para dar semejante paso. Pero él no reconoce las fuertes limitaciones de infraestructura que existe en este momento: el servicio de internet es deficiente, la red de cables telefónicos es objeto de robos constantes, la G2 y G3 son tecnologías prácticamente obsoletas y la disponibilidad de puntos electrónicos para las compras es deficiente. En resumen no existen las condiciones mínimas para dar el salto.

Así como este personaje chavista justifica lo injustificable, con argumentos que ante un ignorante de los temas suena convincente, imaginen entonces los efectos de  estos mensajes heroicos y de víctima ante el imperio, bombardeados por los medios oficiales dirigidos a un sector poco preparado, que teme perder las dádivas oficiales (misiones, cajas de comida o ayudas económicas que no solucionan nada). Es una consecuencia de un modelo de vida que generó una cultura dependiente y enfermiza del ingreso petrolero, que permeó a empresarios, académicos, trabajadores, jóvenes, etc. Y que ahora arrollado por una realidad dominada por la tecnología, las energías limpias, la educación, el manejo de la información, y la modificación de los valores familiares, religiosos, políticos y culturales, intentan –en vano- mantenerse viva, a través del chavismo; he ahí el origen de su fracaso.

Lo que no reconocerán los chavistas, es que luego de disfrutar de la mayor bonanza petrolera de la historia, su limitada visión (autoritaria y rentista petrolera) y capacidad gerencial y falta de ética y valores son las verdaderas causas del desastre. A esto se une su inexistente voluntad por modificar su forma de pensar y sus acciones.  Sus  limitaciones, unidas a su conducta psicótica (especialmente de su dirigencia), han generado daños sociales difíciles de superar, como la exclusión, la intolerancia y el falso patriotismo con el escudan sus oscuras andanzas, causas que ocasionaron una sociedad dividida y la pérdida de la identidad nacional.

Un país desunido no podrá alcanzar sus objetivos comunes. Lo recordaba el sacerdote en su homilía del domingo 10-06-2018, el mal no se puede vencer si no hay unión; la familia igualmente no puede progresar si los padres no saben dirigir los intereses espirituales y materiales de sus hijos. Sin amor, comprensión y fe, mucho menos. Y esta enseñanza extrapolada de una parábola de Jesucristo, tiene plena vigencia, en una nación como la Venezuela de hoy.

La dirigencia que usurpa el poder, se mantiene a través del miedo, la amenaza y la manipulación de las necesidades básicas; irresponsablemente evade responsabilidades y se escuda en justificaciones patrioteras y absurdos magnicidios, bloqueos e invasiones imaginarias (copiadas del guión de Fidel y Raúl Castro en la Cuba comunista y que aplica hace 50 años para gobernar). Lo grave del asunto es la pérdida de vida en los hospitales, la desnutrición que mata silenciosamente, la destrucción del futuro de millones de jóvenes y  de la industria nacional en todos los sectores y la frustración social que impide valorar lo espiritual sobre lo material ¿Quién entonces se responsabilizará por estos hechos que ocasionaron muerte y desolación?

El país entró en un cono de frustración. En la convicción generalizada de la sociedad, Venezuela entró en un sinfín desesperanzador. Lo dice la gente común, los académicos, la dirigencia política que se ubica tibiamente en la oposición, incluso en conversaciones privadas los oficialistas también reconocen los daños de su gestión, pero públicamente no, para evitar daños al proceso.  La paralización social y la falta de respuesta condujeron al país a un estado de involución, situación que el padre S.J. Luis Ugalde no acepta porque afirma que la situación ha empeorado y no se detiene.

El chavismo golpeó el modelo consumista de Venezuela, acostumbrado a los vaivenes y disfrutes esporádicos de una bonanza de precios petroleros. A falta de recursos y con una deuda que supera US $180 mil millones, el gobierno no pudo mantener el ritmo de las importaciones, producto de la caída de la producción y los precios internacionales. Lo advirtieron varios connotados economistas como Pedro Palma y Ricardo Hausmann, igual situación denunció, el profesor, ex director del Banco Central de Venezuela y ahora diputado, José Guerra, sobre el recalentamiento de la economía producto del incremento desmedido de la masa monetaria, lo que ha generado una presión de demanda sobre una oferta de productos que no pude satisfacerla, de ahí la hiperinflación que se vive, con una inflación mensual que ya supera el 110,1.% según la Asamblea Nacional (El Nacional 11-06-2018). Es simplemente una carrera suicida.

Otro punto sensible de la situación de Venezuela es que la autoridad se perdió. El rumbo país no existe. El Gobierno de Nicolás Maduro y su estructura formal se ve en los medios con sus amenazas locas  emanadas de un mandatario desdibujado por la ilegalidad y su incapacidad para solucionar problemas, con sus constantes amenazas de guapetón de barrio y bailarían de salsa que logra prolongar el legado de Hugo Chávez de convertir la política en “algo trivial”, como dice el profesor de la Universidad del Zulia, Ender Arenas (La vida como problema, Biendateao 9 de junio de 2018), cuando al referirse a Diosdado Cabello, señala que “ Su método: la trivialización de la política. De allí, los malos chistes que hace en un programa que no en balde se llama Con el Mazo Dando”.  Impidiendo así que los asuntos de interés nacional se dimensionen y se les busquen respuestas acordes con su magnitud.

Las conversaciones cotidianas solo versan sobre la desesperanza y la mala situación. “Hay que irse de este país”, “los jóvenes no tienen futuro aquí”, gritan en coro. El asunto es que la crítica se centra en la incapacidad para adquirir alimentos, medicinas, repuestos, ropa, calzados, etc., y no en la revisión humana para construir respuestas. Esperan el milagro externo para que “vengan a salvar la patria”. Sin liderazgo visible y proponente, oficialista u opositor, la nave perdió su rumbo y no tiene capitán que la dirija.

Las  universidades llamadas a generar crítica languidecen con una dirigencia académica agotada y sin ideas, estudiantes desesperados por egresar para marcharse de Venezuela; profesores, empleados y obreros más preocupados por sus precarios bolsillos que en cumplir sus misiones formadora de profesionales y generadora de conocimiento. Su dirigencia docente y estudiantil carecen de respuesta, la situación económica les impide pensar y proponer. Venezuela vive en su laberinto histórico y sus hijos no tienen capacidad para encontrar el camino que la enrumbe hacia puerto seguro.

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