Hugo Delgado: Venezuela: Estado o sociedad fallida

Hugo Delgado: Venezuela: Estado o sociedad fallida

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La señora gritó desesperada criticando los apagones que no la dejaron dormir durante la noche. Intermitentemente, las bombillas llenaban de alguna esperanza a los angustiados pobladores. Dejó en penumbras a Maracaibo, hubo interrupciones de energía en todo el estado Zulia, grandes sectores de la ciudad sufrieron con agotada paciencia, sesiones de 12, 15, 24 horas o más. La situación era indescriptible. Mientras el gobernador, Omar Prieto, y el alcalde de Maracaibo, Willy Casanova, ni siquiera se dignan a dar explicación alguna sobre la situación, se dedican a  maquillar la ciudad, colocando vallas propagandísticas o limpiar áreas verdes, mientras la basura, la inseguridad, la falta de servicios y la corrupción de los funcionarios de seguridad, se tragan al Zulia y su capital.

No hay transporte público, la telefonía es casi inexistente, el gas y agua son deficientes, la electricidad no da para más, está colapsada,  de 12 mil empresas existentes antes de asumir el poder Hugo Chávez, solo quedan 3 mil denuncian los empresarios, la inflación se tragó los sueldos, los precios suben en cuestión de horas, la policía, los militares y la Guardia Nacional están totalmente corrompidas y no garantizan la seguridad, solo se dedican al matraqueo, la extorsión y el contrabando (en sus distintas modalidades); el dinero efectivo desapareció y por arte de magia aparece para ser vendido  hasta en 150%, algo inaudito; el Internet se deteriora cada vez más, y la falta de comunicación adormece la opinión pública.

Venezuela afronta la demanda de sus deudores internacionales porque desde septiembre de 2017 dejó de pagar y se niega a renegociar; tampoco tiene dinero fresco porque las sanciones norteamericanas cortaron el “chorro  que les permitía emitir bonos y pagar sus compromisos” hasta colocarlos en US $170 mil millones. El barril petrolero ronda US $ 60 dólares pero la producción nacional cayó a niveles históricos, extraoficialmente es 1.5 millones diarios, que impide aprovechar el repunte de precios, se estima que a final de año cierre en 1 millón; de las cuatro refinerías más importantes 3 pueden paralizarse y la petroquímica El Tablazo está casi detenida hace 5 meses.

A este escenario interno, al chavismo se le agrega el deterioro de las relaciones internacionales, los bloqueos, las investigaciones de corrupción y blanqueo de dinero proveniente operaciones oscuras, las denuncias de vínculos con el terrorismo y el narcotráfico. Nadie le presta dinero fresco, tampoco le venden materias primas a crédito. La presión diplomática y la ruptura son  la noticia más frecuente.  En medio de su angustia, la señora implora a Dios: ¿hasta cuándo?

Poco entiende, la desesperada señora, que en esos 20 años también muchos de los enchufados (empresarios y políticos) o de quienes estaban en la cera del frente eran los menos interesados en un verdadero cambio, a pesar de las advertencias históricas que hicieron analistas e historiadores que indicaban el desastre que se avecinaba. El ciclo final del modelo petrolero llegó. Arrasó con el país, pero lo más grave es el robo de la  esperanza y la fe, fundamentales para que una sociedad entienda la importancia de forjar su futuro.

4,2 millones de venezolanos se marcharon según cifras recientes de Datanálisis, de esta cifra 1,2 millones son del Zulia, en tres grandes mareadas como las definió Luis Vicente León. La última es la mayor porque es la que no tiene nada que perder y solo se va  a buscar un mejor destino aunque no sabe cómo. Lima, Bogotá, Cúcuta, Quito, Santiago y Buenos Aires saben lo que es eso. La situación en 2018 se agravará. Según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (El Nacional 17 de abril de 2018)  la inflación será de 14.000% y habrá  una caída del Producto Interno Bruto (suma de bienes y servicios producidos en el país) del 15%.  Si al cierre de 2017, el  mismo organismo ubicó esa cifra en 2700 % y la gente ya no aguanta, qué cree que pasará con los dantescos números del presente año.

Este fin de semana un ama de casa compró verduras. El tomate a Bs. 400 mil y la papa en Bs. 460 mil, una semana antes el primero se cotizaba a Bs. 120 mil y la papa en Bs, 170 mil. Un empresario zuliano comentaba que un día subió dos veces el precio (en la mañana y en la tarde) porque el dólar andaba loco.  Luego de permanecer durante varias semanas oscilando entre Bs. 170 y Bs. 215 mil en el portal Dolartoday, durante el mismo período cuando se anunció el lanzamiento del petro, sospechosamente y luego de un mes, cuando los resultados no fueron los esperados con la moneda virtual oficial, aparecen inexplicablemente cuatro portales más con precios de divisa volátiles.

¡Oferta y demanda¡ dijo el empresario, sin razonar sobre los indicadores básicos para determinar el precio del dólar. A  fin de cuentas quien paga  “el plato roto” es el consumidor. Esa falta de conciencia y solidaridad nacional es el gran daño que está afectando a la sociedad. No es el gobierno solamente el agente depredador, es la sociedad cómplice que ahora  se arrepiente e inocentemente dice “me equivoqué”, sin medir el daño que ya causó. Es el bachaquero  que compra un producto a Bs. 3000 y lo vende a Bs.250 mil (medicamentos o comida), o la red digitalizada que navega promoviendo la especulación, o los choferes que cobran a los más desamparados la tarifa que les da la gana, sin que la Alcaldía de Maracaibo haga algo. Es la anarquía total. Es la demostración del divorcio entre los intereses de la mayoría y los de la nomenclatura gobernante empeñada en mantenerse en el poder.

Venezuela es la única responsable de sus propios males. Los venezolanos escogieron a Hugo Chávez, lo legitimaron en 5 procesos electorales, como dijo el premio nobel de literatura, Mario Vargas Llosa durante su reciente visita a Bogotá-Colombia (El Tiempo 21 de abril de 2018); igual  votaron por Nicolás Maduro, aunque su evidente derrota fue maquillada por el Consejo Nacional Electoral, para lograr así una ilegítima victoria que nadie protestó. También es cierto que existe una masa respetable que sueña con el comandante eterno y espera sagradamente la pensión y cualquier bono para comerse  una migaja de la gran torta.

¿Venezuela es un Estado fallido o una sociedad fallida? A criterio del analista Aníbal Romero (El Nacional 22 de octubre de 2014) es la segunda porque ese componente ha permitido el desastre que se vive, mientras el Estado en su esencia ejerce su función de control eficientemente en beneficio del chavismo. Nicolás Maduro y su nomenclatura controlan la estructura formal que les garantiza el manejo de los poderes y  de los menguados recursos que recibe por ventas de petróleo y el saqueo al arco minero. Aguas abajo la autoridad no existe.  A los comerciantes abocados a ganar a como de lugar, mueven los precios a su antojo y no les convienen los cambios, al igual que a  los políticos de uno u otro bando  que hacen negocios en la oscuridad; tampoco lo es para quienes reciben las dádivas oficiales (bonos o ayudas).

Los petrodólares aceitaron muchos bolsillos locales e internacionales y retardaron la crisis, pero el festín se terminó, solo queda la borrasca de  la noche de tragos. Ni el engañó del Bolívar Fuerte impulsado por el irónico “premio nobel de economía y profesor de la Universidad del Zulia, Rodrigo Cabezas”, puede tapar la realidad: ¡son Bs. 400 millones de los viejos los que paga el consumidor por un kilo de tomate y Bs. 460 millones por un kilo de papá! Y como respuesta a la doña,  la crisis eléctrica no se va a resolver con paños de agua tibia porque gerencia y capacidad no hay. El gobierno brilla por su ausencia, al igual que la conciencia y solidaridad de los venezolanos, el Estado o la sociedad fallida es una realidad.

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