Hugo Delgado: Yo con yo

Hugo Delgado: Yo con yo

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Sorprende la ligereza como algunos especialistas de opinión pública justifican la opción del voto a favor de Henri Falcón, aduciendo que no hacerlo implica la permanencia del ilegítimo presidente Nicolás Maduro por seis años más, y que su poder será fortalecido con el control que tiene de la estructura formal del Estado, el poco interés en respetar acuerdos y mucho menos los principios democráticos. Entonces, según estos expertos, hay que aceptar el ventajismo, la subordinación del Consejo Nacional Electoral (CNE) al Poder Ejecutivo, la inhabilitación de partidos y líderes, la compra de conciencias vía Clap, bonos y aumentos desmedidos salariales insignificantes e inflacionarios, etc. Un proceso que lleva a la confrontación de “yo con yo”, porque el ilegítimo presidente cortó el traje a su medida.

Es decir habrá Maduro para rato. Se unen a los argumentos de estos consultores el apoyo económico y político de China, Rusia e Irán, así como la incapacidad del sector demócrata más interesado en cuidar sus asuntos personales que los nacionales y la inoperancia demostrada por otros países que aparentan interés sobre la situación del país y el peligro que representa para la región. Por lo tanto, antes de quedarse en casa, sin propuesta alguna del que hacer si se decide no acudir a las urnas electorales el próximo 20 de mayo de 2018, es mejor optar por el mal menor y por lo menos propiciar una transición. El objetivo entonces es votar.

En ciertos aspectos estos expertos tienen razón. Los demócratas no han mostrado interés alguno en unificar una estrategia que le permita a la opinión pública nacional canalizar su rechazo al régimen. Tampoco tienen un liderazgo definido producto de sus rencillas internas y muchos esperan que la solución venga de la mano de un mesías o del extranjero. Es la salida fácil, cómoda y del mínimo esfuerzo. Igualmente hay negocios comunes entre dirigentes y empresarios de ambos lados sin interés alguno en cambiar las cosas.

El escenario de las venideras elecciones es complejo y no tan fácil, como lo muestran los expertos, para Nicolás Maduro. Si se ve desde el punto de vista formal, el chavismo controla toda la estructura pública y los recursos, incluyendo los cuerpos represores. El proceso garantiza una confrontación de “yo con yo”, porque Henri Falcón es visto como un títere del chavismo, aunque otros lo muestran como la opción de la transición.

Desde la óptica internacional, el principal mercado de los productos chinos es Estados Unidos y con la caída de la producción petrolera, la desinversión nacional y la corrupción generalizada, hay que determinar hasta donde arriesgarán su gran negocio por defender a Venezuela. Rusia tiene sus problemas internos, económicos, sociales y políticos, y a pesar del repunte de los precios de los hidrocarburos tiene que evaluar lo atractivo que resulta para Vladimir Putin enredarse más con Europa y Estados Unidos.

Europa y América, exceptuando Nicaragua, Bolivia y una que otra islita del Caribe, ya crearon un frente común, aunque faltan acciones más contundentes; las sanciones norteamericanas y de la Comunidad Europea ya hacen estragos en los bolsillos de los corruptos del gobierno, al igual que en las finanzas públicas que no tienen la opción de ir a los mercados internacionales a buscar dineros frescos para renegociar deudas y seguir con el festín.

Lo ocurrido en Nicaragua en días pasados muestra que el engranaje con La Habana es un hecho. La forma como los grupos paramilitares adeptos al gobierno de Daniel Ortega asesinaron a 42 manifestantes, más el incidente ocurrido en la catedral de Managua, cuando un motorizado ingreso al recinto y amenazó al cardenal Leopoldo Brenes (La Patilla 29 de abril de 2018), es muestra que la izquierda latinoamericana está funcionando con una estrategia común. Estados Unidos y el resto de sus aliados tienen que replantearse el trato con el régimen de Cuba, articulador junto al Foro de Sao Pablo de las acciones comunistas en el continente, especialmente en Colombia y Venezuela que tendrán procesos electorales para elegir presidentes.

A lo interno para el desorientado sector democrático, la realidad es compleja. Con un ventajismo desaforado, ahora profundizado con el clientelismo vía bonos, el control sobre el Consejo Supremo Electoral, la ilegalización de partidos y con sus principales líderes inhabilitados o en el exilio, el dilema es apoyar a Henri Falcón y darle el toque de legitimidad democrática que necesita Maduro para mantenerse en el poder, o desarrollar una estrategia abstencionista que le reste legalidad, unifique criterios entre todas las partes y con el apoyo internacional logren presionar al régimen para que se haga un proceso electoral justo, se liberen los presos políticos y habiliten los que estén sancionados, se respete a la Asamblea Nacional y se permita el canal humanitaria para resolver los problemas de alimentación y salud.

La dispersión o desconocimiento de la opinión pública sobre las causas de sus problemas internos es preocupante. Ángel Oropeza en su trabajo “Articulando la ebullición” (El Nacional 30-04-2018) escribió: “…Cómo en el estudio sobre actitudes políticas Ratio-UCAB de febrero de este año, al preguntar, por ejemplo, quién es el responsable del desabastecimiento, solo 39% afirma que es Maduro y su gobierno, 6% señala a la oposición, 6% a los militares, 7% a la crisis económica mundial y un alarmante 30% al invento oficialista de la “guerra económica”, mientras 12% no sabe o no responde. Que la gente sufra es una tragedia. Pero una miseria mayor es sufrir sin saber quién es el responsable de ese sufrimiento”.

A esta falta de claridad se agrega la manipulación que hace el gobierno Nacional con la política de los bonos y la tarjeta de la patria, para comprar indirectamente a los sectores menos favorecidos, manteniendo esa nefasta dependencia clientelar, sembrada con la cultura petrolera. Sin embargo, con el éxodo de más de cuatro millones de venezolanos y una aparente calma y acrítico, la situación continúa tornándose difícil y peligrosa, por la volatilidad social que se avecina.

El mismo Oropeza lo advierte: “Venezuela está en ebullición. Todos los días hay decenas de protestas ciudadanas y expresiones populares de descontento frente a la grave crisis que padecemos. El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social registró en su último reporte 2.414 protestas de enero a marzo de 2018, lo que equivale a un promedio de 26 protestas diarias. Esta cifra representa un incremento de 93% en comparación con el mismo período del año pasado”.

Es lógico el incremento de las protestas, Venezuela se acerca a una inevitable explosión social. La coerción y la amenaza como política de gobierno no va detener la protesta masiva que se va a generar cuando los venezolanos imposibilitados de comprar alimentos y medicinas, y de sufrir las inclemencias de los malos servicios públicos comiencen la fase de saqueos y destrucción del comercio y lo poco que queda de la industria nacional. Tal como lo está haciendo, por ejemplo, el gobernador del Zulia, Omar Prieto, contra el ingeniero Ciro Portillo, quien se atrevió a criticar las precarias condiciones de la electricidad zuliana, que ya para nadie es un secreto, y ha ordenado su detención, como si esa medida resolverá la grave situación.

Sin embargo, el chavismo encarnado en Maduro apuesta por el control de la estructura informal y se le olvida que más del 80% rechaza su gestión, y el uso de la fuerza para controlar la explosión que se avecina, ya advertida por analistas internacionales y nacionales. Pero la realidad poco importa para los usurpadores del poder. En la contienda electoral del 20 de mayo de 2018, el asunto central para los demócratas es el manejo de la desconfianza en el sistema electoral y en el candidato, Henri Falcón, quien no es bien visto por ese 80% que rechaza la gestión rojita. El dilema de votar o no debe verse más allá de una simple e irresponsable decisión, es un acto de responsabilidad ciudadana y sobretodo de confianza.

@hdeldado10

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