Hugo Méndez: De cómo la Ética es resultado de un acto humano,...

Hugo Méndez: De cómo la Ética es resultado de un acto humano, no de un acto del hombre según Aristóteles

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Hoy amanecí utópico, apreciados lectores.

Para hablar de ética es necesario iniciar por asimilar el signo conceptual y su relación con la jerarquía de valores, es imperioso  precisar. Precisar tiene su origen etimológico en el “praecedum”, cortar, podar, eliminar. Así nominaban los latinos a la época  de la poda de los árboles, de tal manera que el campesino, una vez podado el árbol, se encontraba frente a la estructura esquelética del mismo.

También es necesario podar la ética; despojarla de la hojarasca para obtener su esencia, su ontología. Todo lo que realiza el hombre conscientemente cae en el terreno de la ética. Toda la vida integral del hombre es ética. Por lo tanto uno es responsables de sus actos cuando actúa conscientemente, libremente.

“Ética” es un vocablo muy utilizado pero poco discernido. Es cierto que etimológicamente ética y moral tienen el mismo significado: ética viene de un término griego “ethos”, que significa costumbre, manera de ser y de obrar; es decir, manera de pensar y actuar; moral procede de uno latino, “mos”, que significa lo mismo.

El gran Aristóteles, en su libro dirigido a su amado hijo Nicómaco, “Ética a Nicómaco”, hace esta diferencia entre acto humano y acto del hombre.

Podemos decir que cuanto el hombre haga mediante decisiones libres cae en el terreno de lo ético. De esta manera puede ser presentado el acto humano. Sólo los actos humanos son éticos, no así los actos del hombre.

A primera vista acto humano y acto de hombre se equivalen, pero, al contrario, se niegan.

Acto de hombre es el que realiza el hombre sin que medie, digo sin que medie, para nada su libre decisión. Ejemplo, cuando un hombre respira o cuando el corazón late, o cuando obra sonámbulamente, cuando ve, escucha o huele se hace con ausencia absoluta de decisión de su parte, aun cuando la inteligencia esté activa. Dice Aristóteles, “muchas cosas impuestas por la naturaleza las hacemos y las padecemos sabiéndolas, y de las cuales, sin embargo, ninguna es voluntaria ni involuntaria, como envejecer y morir”. También son actos sólo de hombre aquellos que se dan en un hombre cuya inteligencia está en ciernes, en su inicio pues,  o cuando está gravemente impedida. Un niño recién nacido por ejemplo solo protagoniza actos de hombre.

Es acto humano, por el contrario,  cuando la persona obra con conocimiento, con advertencia, con conciencia, y en un ámbito de libertad personal.

Por lo tanto, el acto humano siempre es mixto: es el producto de la inteligencia, de la voluntad y del organismo físico actuante. Se trata de “actos”, es decir, de un proceso interno que se expresa exteriormente sin ninguna coerción, obligación o imposición, es un acto de absoluta libertad, por ende, de absoluta responsabilidad.

Sin embargo, es oportuno aclarar, esta definición de acto humano tampoco es una ecuación matemática. Sería simplista, muy simplista, pretender que basta con coagular una definición para explicar la compleja, inexplorable y misteriosa naturaleza humana. Estamos hablando de actos cuyo protagonista es el hombre unitotal, complejo,  mediatizable, circunstanciado.

El hombre es unitotal, la tendencia moderna de segmentar al hombre lo atomiza en su esencia. El hombre existencialmente no tiene sectores. No tiene un control axiológico humano invulnerable; es decir, el hombre no es un robot programable para ejecutar actos éticos inmaculados, somos hombre de carne y hueso como diría  otro grande, Don Miguel de Unamuno.

A la razón, a la inteligencia le es muy difícil aconsejar al corazón, al corazón le es muy difícil aconsejar a los instintos, y es aquí, en esta última dimensión, la de los instintos, donde somos iguales, semejantes a los animales.

Aristóteles alertaba que “en materia de pasiones y acciones los razonamientos son menos persuasivos que las obras”. Y que en general no parece que la pasión pueda ceder a la razón, sino a la fuerza. Es preciso, en consecuencia, propone el Estagirita, “preparar de algún modo el carácter haciéndolo familiar con la virtud y enseñándole amar lo bello y aborrecer lo vergonzoso”. La cultura subjetiva, la que cada quien se construye libremente, que va aportando paulatinamente “valores” al proceso educativo personal puede logra el autocontrol, la sumisión de nuestras pasiones e instintos a la razón y a la voluntad.

Así es la naturaleza humana, la sustancia humana en la cual se da el hecho ético y moral. Es preciso tomar en cuenta esta realidad porque según el filósofo gaditano Antonio Millán-Puelles “una ética en donde no se tuviese en cuenta la naturaleza humana, sería una ética utópica, superetérea, vagorosa, sin raíces en la realidad”. No sería Ética.

De hecho, sería absolutamente absurdo pensar en una inteligencia en estado puro, imperturbable, incondicionable. A propósito Confucio decía que “es fácil, muy fácil conocer el bien; lo difícil, lo muy difícil es transformarlo en hechos”. Y no sólo el bien, el amor, la justicia, la solidaridad, la amistad.

Y es difícil porque tanto la racionalidad como la libertad, están sujetas a mediaciones, culturales, psicológicas, sociológicas, que condicionan su desarrollo y grado de aprehensión.

Aquí viene mi utopía de la cual le anunciaba al inicio de esta reflexión.

Propongo una Ética centrada en lo humano como sujeto, donde el hombre unitotal sea la esencia de sí mismo, que promueva y potencie lo mejor de cada quien; no una ética que penalice, que someta, que esclavice, sino una Ética que derrumbe, aniquile todas las estructuras, instituciones y relaciones donde el hombre sea un ser abandonado, esclavizado y humillado. Una ética vinculada a la estética,donde la creación de las “joyas universales del espíritu” sean el alimento, el sustento de nuestra alma.

Debemos propiciar un mundo sin guerras, un mundo de paz. Es necesario acabar con los fundamentalismos religiosos y políticos que someten, innecesariamente, al hombre a una guerra sin cuartel. De hecho las guerras más sanguinarias y crueles han sido religiosa;a la historia, que es testigo de los tiempos, lamentablemente, le sobran ejemplos.

Porque estos “Dioses” de unos luchan en contra de los “Dioses” de los otros, dios dinero, dios ideologías, dios revolución, dios dominación,  aun cuando todas las religiones creen en un “Dios”, eso no los une, sino que los divide, los aniquila en una lucha total. La guerra resta, la paz suma.

Propongo, y aquí la utopía, una Síntesis humanizadora de los mejores principios, las “joyas universales del espíritu” que hasta ahora ha parido la historia para crear un nuevo  Contrato Social, ya no Nacional sino Terráqueo, verdaderamente universal. Y esto con el utópico propósito de no permitir más nunca que el hombre sea un ser abandonado, esclavizado y humillado.

En el fondo si la humanidad, si cada uno de nosotros no sumamos, no veo posibilidad alguna de futuro viable, que sea más digno, más justo y más libre.

Isla dorada,  Maracaibo, 15 de abril de 2018.

5 y 35 de la mañana.

Hugo Méndez