Hugo Méndez: La envidia

Hugo Méndez: La envidia

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De como la envidia miserabiliza, carcome el alma, y la bondad, el altruismo la hace grande y bella.
 Siempre mi Lago, tu que además de ser mar, eres río y puerto. Padre protector del Zulia, aún cuando tienes formna de útero, eres hombre y mujer a la vez, bautizado por Alonso de Ojeda y Américo Vespucci, ambos serán lo que nosotros queremos que sea. Undón Pérez, poeta de la ciudad por antonomasia, y José Ramón Yepes, hizo de ti Lago, su principal fuente de inspiración. Escritores, pintores y músicos fueron y son testigo de tus miserias y grandeza.
Aquí sentado frente a ti de nuevo, te observo, esta vez, plácido, reflexivo e inspirador. Espero me ilumines con tu sabiduría. ¡Uuumm! Que sabroso está este café.
Estamos en cuaresma, el próximo domingo 25 inicia la Semana Mayor. Esta vez quisiera reflexionar sobre la envidia, que tanto daño le ha hecho a Venezuela y a la humanidad.
Yo creo que Cain mató a Abel por envidia, Bruto mato a César por envidia, Judas traicionó a Jesús por envidia.
La Biblia testifica, con inumerables ejemplos, la huella invorrable del daño, que la envidia ha sembrado en la humanidad.
 El rey Saul envidió a David por sus grandes proezas militares y sus victorias; entonces, el rey Saul se convirtió en “…enemigo de David todos los días de su vida” (1 Samuel 18:29). Los hermanos de José lo vendieron a un comerciante porque “su padre lo amaba más”. “El corazón apacible es vida de la carne; Mas la envidia es carcoma de los huesos”. Proverbios 14:30. Ellos son, y así son los Grinchs contemporáneos.
 Existen dos tipos de envidia. La general y la particular.
 La general, que es producto de un estado de injusticia social, una injusta distribución, irrigación del bienestar, del progreso en las distintas capas de la sociedad. Estamos aquí ante un proceso acentuado en Venezuela del éxodo por el incremento de la pobreza: el despilfarro, el uso deshonesto, oscuro de los dineros públicos y, en definitiva, un mecanismo diabólico de empobrecimiento del país. Esto se refleja en una inflación que ya alcanza los cuatro dígitos. Ha sido un sistema destructivo del bienestar social, incremento de las desigualdades y, por consiguiente, la crecaión de un progresivo deterioro de la calidad de vida del pueblo y de la insfraestructura del país, desesperanza, derrotismo, en conclusión, es la frustración que padecen los distintos sectores venezolanos.
El ejemplo siguiente es ilustrativo: Bolívares 100 en 1999 serían hoy 1.000.000 un millon, semejante pérdida del poder adquisitivo, de acceso elementales de vida, no hacen otra cosa que generar hostilidad, que hacer propicios desequilibrios sociales, que han concluido y podrían concluir en violencia, en irrupciones hostiles.
John Rawls, en su Teoría de la Justicia, libro publicado en 1971 y revisado varias veces posteriormente, sentencia así: “Obligación del estado es asegurar el valor del ciudadano, no destruir su confianza y su posibilidades de  trabajo. La población no debe ser humillada, agredida. Si una sociedad a causa de una mala política, incrementa los sentimientos de angustia y de inferioridad, crece la envidia general y estamos, [así], en el preámbulo de la violencia social.” Imperativo subrayar, evidenciar que un verdadero Estado de servicio, de responsabilidad social, de justicia, pues, minimiza la envidia general, porque la sociedad está regulada por la justicia en todos sus órdenes. Un orden social otorga, concede prioridad al bienestar común, para evitar que se desate, destape y se derrame la violencia social.
La envidia personal resulta más sencillo dibujarla, describirla, aun cuando es mas compleja, élla, la envidia personal, es el origen de todos los males.
La envidia es producto de rivalidades, resentimientos interiorizados, frustraciones individuales. Aristóteles afirmó que la envidia particular está engendrada por el odio, implica maldad.
El filósofo-teólogo catalán, Jaime Balmes, gran conocedor de Santo Tomás de Aquino, sostuvo que la envidia, es el dolor que provoca el bien ajeno. Existe un sentimiento degenerativo, descendente, del envidioso, es el producto del decadente. Por esta razón, Oscar Wilde confesaba, que un franco y auténtico amigo es aquel que tiene un alma verdaderamente bella, hermosa, grande para poder disfrutar, gozar de los éxitos de su amigo: obvio porque no es envidioso.
 A su vez, Friedrich Nitzsche sostiene que “necesita un fisiólogo que ampute su parte degenerada, fea. Al envidioso lo domina el rencor, la debelidad, que se vuelve contra él. Su envidia no puede cambiar la situación del envidiado, incrementa su amargura, su monstruosidad moral, por ello el hombre superior no envidia, construye su futuro sobre la base de sí mismo, no mirando a los lados, [ni a sus semejantes]. La envidia es la pasión subalterna del resentido, decadente.”
Infinitas son las posibilidades del que asciende por la fuerza del espíritu y su inteligencia: potencia alta de la condición humana que dá el saber, el conocimiento. Rechazar la envidia individual, es una acto es un signo de superioridad moral, de inteligencia. Y digo inteligencia, porque nuestro pensamiento es el mejor “acabado”, es la obra maestra del universo, de nuestra temporalidad y de nuestra finitud. Asi que el pensamiento humano también es, por encima de la luz y del bioplasma, lo más acabado y más sutil, lo más sublime, lo vertical de todo lo que pasa a la intemporalidad y la infinitud.
 El individuo, el hombre pensante superando su realidad, se pone más allá de la mezquindad, de las amarguras que limitan el desarrollo integral del ser. Así su interioridad es más grande, profunda, vasta.
 De esta manera, el hombre sapiens, y para mi también el Homo Ridens, afirma la vida construyéndose así mismo, en la visión del bien, de la belleza, de la felicidad, que le dan sus realizaciones personales, rechazando amarguras que engendren el bien ajeno. Ghandi sólo reconoció en la bondad, en la luz: el signo de superioridad moral y espiritual.
Como dijo el ilustre florentino Dante Alighieri: O luce etterna che sola in te sidi, ¡Oh luz eterna que sola en ti existes/, sola t’intendi, e da te intelletta, sola te entiendes, y por ti entendida/ e intendente te ami e arridi!, y entendiente, te amas y recreas!
Yo me pregunto: ¿qué lenguaje habla el dominado por la envidia?
Su lenguaje es el chisme, la palabra grotesca, el brollo pues. Es el inventor de falsas historias, se regodea falsificando la verdad, para engendrar odio. Es el arquetipo del decadente, condenado por su putrefacta miseria humana, moral y espiritual. Quiere hundir al semjenate porque él está hundido. Carece de sabiduría, elogia la necedad, la mezquindad lo define y caracteriza, así es el mediocre.
 La envidia es la ceguera del alma, porque obnubiliza su belleza, su grandeza, la hece mas oscura, la corroe.
La Mitología Persa, para culminar, describe al envidioso: él llega ante el Dios del mal Marduc, y le pide el peor mal, para el envidiado. El Dios le responde: el mal que Yo le dé a quien envidias te lo daré a ti por mitad. El envidioso le pide entonces al Dios del mal: sácame un ojo, para que así el envidiado quedara ciego. El Mito Persa describe la miseria humana del envidioso. La moraleja brota cuando el envidioso se percata que su envidia no causa daño al envidiado, sino que miserabiliza, carcome más su alma.
 La felicidad del hombre superior, grande está en la virtud y la fuerza de su bondad.
 Que la bondad se apodere de nuestro espíritu, inteligencia y que la envidia sea desterrada al infierno. Vade Retro Satanás.
 Isla Dorada, Maracaibo 10 de marzo de 2018 5 y 05 de la mañana.

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