Juan Marcos Colmenares: Vivir de limosnas

Juan Marcos Colmenares: Vivir de limosnas

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“El peor de los males y el peor de los crímenes es la pobreza”. (George Bernard Shaw).

En Venezuela estamos sufriendo un empobrecimiento estructural, intencionalmente aplicado por el régimen desde hace años, con el bastardo propósito de que los venezolanos emigremos y nos asilemos, para que el oficialismo se quede en el país haciendo y deshaciendo a sus anchas.

La Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi) 2017 reflejó que el índice de vulnerabilidad en los hogares venezolanos ubicados por debajo de la línea de pobreza aumentó de 48% a 87% desde 2014 a 2017. Ese estudio realizado por las universidades UCAB, UCV y USB determinó que, como consecuencia de la inflación y la limitación del acceso a los servicios básicos, 56% de los venezolanos están en una situación de pobreza reciente, o sea, nuevos pobres.

La realidad es que hay un pueblo desesperado, que está pasando hambre, que está siendo asesinado, que no encuentra medicinas ni leche, y los niños crecen con graves deficiencias. No hay comida ni medicinas y la desnutrición infantil se ha disparado. Más de 8 millones de personas consumen 2 o menos comidas por día; en los últimos 3 años hemos perdido un promedio de 11,4 kilos de peso y masa muscular; y las empresas que visten a sus obreros han debido cambiar sus uniformes hasta 2 veces debido al adelgazamiento. Hay madres que deciden a cuál de sus hijos deben alimentar por día; que no pueden darles la fórmula, porque no la consiguen en las farmacias o no pueden pagarla a un bachaquero; y los hospitales reportan tragedias de niños que mueren por falta de medicinas básicas.

La educación venezolana está estancada. El Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello ha señalado que existe un severo estancamiento en el acceso a la educación: de una población de 12 millones de escolares de 3 a 24 años de edad, solo 9 millones están inscritos en algún plantel; y hay 1 millón de niños y adolescentes de 3 a 17 años que no están escolarizados y no reciben ninguna formación. De 4.200.000 jóvenes de 18 a 24 años de edad solo asisten a las aulas de clases 1.600.000 alumnos, lo que se traduce en que 3 de cada 4 venezolanos abandonaron la escuela, quedan excluidos del sistema educativo y son más vulnerables a la pobreza.

Y lo peor es que no hay evidencias serias de que este régimen tenga planes para enfrentar esta gravísima crisis económica. Cada cierto tiempo aumenta el salario mínimo y aprueba unas limosnas (bono Niño Jesús, de fin de año, de Reyes, de discapacitados, de carnaval, de Semana Santa, para las embarazadas, bolsas CLAP…), que desestimulan el trabajo productivo, crean mendigos y limosneros y solo producen más inflación, porque es dinero basura sin ningún respaldo económico. Recientemente ha creado el petro, una criptomoneda oficial respaldada por supuestas reservas petroleras, diseñada solo para evadir las sanciones internacionales, para el lavado del dinero proveniente del tráfico de drogas y de la corrupción de los boliburgueses enchufados al gobierno; criptomoneda que fue declarada ilegal y nula por nuestra Asamblea Nacional. Y hace pocos días decretó una reconversión monetaria, eliminándole tres ceros al bolívar y creando un nuevo cono monetario, sustituyendo el bolívar fuerte por el bolívar soberano.

Este maligno gobierno de Maduro es una fábrica de pobreza y exclusión; y hoy hay más pobres que en 1998, como consecuencia de haberse robado los millonarios recursos que ingresaron por renta petrolera en los últimos años.

Para salir de esta maldición chavista-madurista debemos hacer de todo: Seguir en la calle, luchar en la Asamblea Nacional, pedir ayuda diplomática, declarar emergencia humanitaria, exigir presión internacional, solicitar intervención militar, promover sanciones, demandar la legítima intervención de nuestras Fuerzas Armadas y hasta conspirar. No podemos limitarnos a transitar solo por la ruta electoral.

jmcolmenares@gmail.com

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