Kaled Yorde: ¿Qué nos está pasando?                  

Kaled Yorde: ¿Qué nos está pasando?                  

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La crisis en Venezuela es en lo político, económico, social, y cultural, honda y omniabarcante. Las estadísticas Llevadas por la ONU, UNESCO y demás prestigiosas universidades y ONGS en el mundo tienen colocado a nuestro país ocupando el último lugar en virtudes y aciertos y el primer lugar en corrupción, violencia e inflación servicios públicos, innovación y calidad de vida.

¿A qué se debe ello? La respuesta es sencilla: le hemos dado la espalda a Dios, sustituyéndolo por las ansias desmedidas de poder, dinero, renombre, vicios y apegos, todo ello agravado por una fuerte dosis de deshonestidad , vulgaridad, y engaños descarados como vía de hacerse rico de la noche a la mañana.

Pablo en Gálatas 5,6 lo afirma de manera contundente en términos sencillos: “Digo pues, andad en el espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu y el del Espíritu es contra la carne; la carne y estos se oponen entre sí para que no hagáis lo que quisieres.”

“Y manifiestas son las obras de la carne que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias ,homicidios, borracheras, orgias, corrupción y cosas semejantes a estas acerca de las cuales os amonesto, como yo los he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredaran el reino de Dios”.

Tales antivalores señalados por Pablo y asumidos como una práctica normal por muchos, son los causantes de las grandes desgracias y del sufrimiento en el mundo en general y en Venezuela en particular.

Una buena pregunta sería: ¿Como revertir tales males? A través de la oración, el perdón, la reparación del mal causado y el amor al prójimo.

De Nuevo Pablo sobre el particular dice: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

No nos hagamos vanagloriosos irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.”

En otras palabras, no hacerle a nadie lo que no nos gustaría que nos hicieren a nosotros mismos. Así es de sencillo.

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