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Ligia Perdomo: 15 años de controles de precios dejan como saldo la destrucción del bolívar

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Desabastecimiento, mercados negros y el ingreso al grupo de naciones que han vivido en hiperinflación, es el resultado de una política de controles que el gobierno de Venezuela ha mantenido por 15 años con el falso discurso de proteger a la población de los especuladores.

El gobierno de Nicolás Maduro pretende “bajar” la inflación ordenando a productores y comerciantes volver a los precios del 15 de diciembre de 2017, en medio de una hiperinflación que promete convertirse en una de las peores del mundo.

La primera semana de enero el gobierno obligó a los supermercados del país a llevar los precios de los productos a los vigentes a mediados de diciembre, sin que mediara razonamiento alguno. “No importó la estructura de costos”, dijo un empresario que optó por mantener en reserva su nombre. “Imponen la decisión y te meten en los depósitos a fiscales y militares para verificar la mercancía”.

En estas circunstancias es difícil que pueda restablecerse el nivel de inventarios existente para diciembre del año pasado, que ya de por sí no era el mejor, apuntan fuentes del sector consultadas por El Estímulo.

La fiscalización permanente de la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde), en compañía de efectivos de la Guardia Nacional y las constantes amenazas del gobierno solo contribuyen a incrementar el desabastecimiento y a promover los mercados negros.

María Carolina Uzcátegui, presidente del Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio), señala que quedan muy pocos inventarios. El abastecimiento es precario, dice para advertir los niveles críticos que exhiben hoy los supermercados del país y que superan 80%.

Este es el resultado de tratar de buscar frenar de manera artificial una inflación que tiene su origen básicamente en la emisión de dinero inorgánico (sin respaldo).

De acuerdo con la dirigente gremial la situación no es comparable con ningún otro período de escasez que haya vivido la República, ni siquiera el del paro nacional –con paralización de la industria petrolera– entre diciembre de 2002 y febrero de 2003.

Al cierre de la semana del 2 de febrero, la liquidez monetaria se ubicó en 181 billones 163 mil 960 millones 77 mil bolívares, un aumento de 1.485% en 12 meses, lo que explica que la inflación anualizada se haya ubicado en 4.068,2% en enero de este año, según la medición de la Asamblea Nacional.

“Los controles no solo son un fracaso desde el punto de vista de la actividad económica porque la desincentiva y reduce la oferta de bienes, sino porque es un mal mecanismo atacar la inflación, por el contrario, la acelera”, dice el economista Luis Oliveros.

Para el también profesor universitario, Venezuela vive la tormenta perfecta hiperinflacionaria que no tuvieron las naciones de América Latina que pasaron por este fenómeno: no se indexa el salario a la inflación y además hay una fuerte escasez de bienes y de dinero en efectivo (billetes).

Esto hace que la hiperinflación de Venezuela sea atípica. “Tiene todos los ingredientes para ser una de las más grandes de la historia, por lo menos de América Latina, donde se congrega la mayor parte de los episodios hiperinflacionarios”, señala Oliveros.

– Mal comienzo… y final –

Además de la inercia que llevan los precios por las equivocadas políticas fiscal, cambiaria y monetaria, la medida de rebajar los precios se dio comenzando el año, en un mes en el que tradicionalmente los inventarios son bajos y el arranque de la producción es lento por las vacaciones colectivas que se dan en diciembre.

Se ha creado un grado de incertidumbre elevado ya que la disparada del dólar paralelo hace difícil a los industriales decidir el precio a colocar a los productos, lo que también ocurre en el caso de los bienes importados por los supermercados.

Esto complica la situación de desabastecimiento. “Al ordenar la rebaja de precios se vaciaron los inventarios de los comercios, que qu, entonces los puntos formales de venta se quedaron sin mercancía, mientras la industria trabaja a 25% de su capacidad, sin materia prima, con máquinas paradas, con el personal yéndose del país. Es una destrucción acumulada”, dice Juan Pablo Olalquiaga, presidente de la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria).

En lo que va de año, varias líneas de producción de distintas empresas productoras de alimentos han paralizado su producción ante la falta de insumos o materias primas, lo que hace que para algunos sectores sea más complicada la posibilidad de abastecimiento.

Durante los primeros días de la medida de la Sundde, eran los mismos fiscales del organismo regulador quienes devolvían –al llegar a los supermercados– los pedidos si llegaban a un precio diferente al de diciembre, asegura Olalquiaga.

Pero transcurrido más de un mes, los supermercados lucen con menos mercancía y sus anaqueles exhiben productos de baja rotación. De acuerdo con una fuente relacionada, la gerencia de estos establecimientos comerciales decidieron no recibir inventarios ante el temor de registrar pérdidas.

Las autoridades bancarias flexibilizaron la cartera de crédito para que tanto industriales como comerciantes puedan endeudarse, sin embargo hay miedo en el sector.

“Si se toman esos créditos ¿quien le garantiza al comerciante una vez que se endeude que no le van a decir que debe vender a precios de 1998?”, pregunta Uzcátegui.

Señala que es el patrimonio del comerciante el que está en riesgo. “Necesitamos reglas de juego claras y la reversión de la medida de rebajar los precios a diciembre. Los inventarios son muy pocos”, indicó.

La incertidumbre lleva a los empresarios a preguntarse si abren o no sus puertas.

La hiperinflación hace que los proveedores despachen con pago anticipado, dice Olalquiaga. Sin embargo, muchos comerciantes no están dispuestos a hacerlo en virtud de la orden de rebaja de precios.

El dirigente del gremio industrial calcula que reponer inventarios a los medianos niveles de la mitad de diciembre tomará hasta finales del mes de marzo.

Es muy difícil que el gobierno quiera controlar la inflación, ya que es el único responsable de la impresión de dinero inorgánico. Por el contrario, sigue acelerándola, dice Oliveros.

De hecho, la orden de bajar los precios a los de mediados de diciembre no tuvo efecto sobre el resultado final de la inflación de enero, ya que se ubicó en 84,2%, similar al 85% de diciembre, de acuerdo con la medición de la AN, descata Oliveros.

“La clave para Venezuela es atacar la política fiscal deficitaria, porque se financia con emisión de dinero y si no se corrige esa realidad, no se reduce el enorme gasto público improductivo y no se hace un plan petrolera para generar ingresos, el país va tener un gran problema fiscal que se va a traducir en una política monetaria destructiva”, indica el economista.

La apreciación de Oliveros que pinta un escenario muy malo, habida cuenta que nada hace pensar que el gobierno vaya a cambiar de estrategia en el corto plazo.

“Venezuela va en camino a una dolarización desordenada, lo cual nos puede llevar a que en el corto, mediano y largo plazos las posibilidades de crecimiento económico sean bastante bajas, así como las de sacar a la gente de pobreza como se pudiera esperar para empezar a generar un cambio en la distribución de la riqueza”, observa Oliveros.

El ingreso del venezolano se ha pulverizado. Hasta enero el billete de Bs 100.000, el de mayor denominación de la economía, había perdido 70% de su valor en apenas tres meses, lo que pone de manifiesto que el gobierno acabó con el signo monetario del país. Esto es lo que ocurre en economías hiperinflacionarias.

“Hay que empezar a despedirse del bolívar”, dijo el economista José Guerra, miembro de la Comisión de Finanzas y Desarrollo Económico de la Asamblea Nacional a finales de enero.

@ligiaperdomo / El Interés