Marcelo Morán: Tabeto

Marcelo Morán: Tabeto

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Después de varios años volví a conversar con mi amigo Adalberto Faría Estrada, Tabeto. El miércoles 05 de octubre, a las diez de la mañana,  lo vi pasar por una esquina de la plaza Bolívar de Ciudad Ojeda rumbo a su oficina. En otras ocasiones habíamos tropezado pero apenas  tuvimos tiempo para  un fugaz saludo.

Pese a sobrepasar los setenta y cinco años, Tabeto se conserva muy bien y mantiene la picardía y los pasos arrogantes de un muchacho de veinte. Quizás sea por su menuda figura que algunas veces recuerda la silueta de un jinete jubilado.

Ese día me invitó a continuar la conversación en un café, próximo a la plaza, donde fue recibido con muestras de afecto por parte de los empleados así como de algunos usuarios. En el corto trayecto hacia el establecimiento también había sido saludado por buhoneros, conductores de carritos por puestos y transeúntes que esperaban de él algún comentario sobre la situación del país o un chiste sobrevenido en esta imponderable rutina.

Tabeto es un extraordinario conversador. Habla muy despacio con una cadencia muy particular heredada quizás de sus primeros maestros que enseñaban en un estilo romántico como si a toda hora estuvieran recitando una página de “El Quijote”. Es hombre muy respetuoso. De su boca nadie ha escuchado alguna vez una palabra obscena o altisonante.

El pseudónimo Tabeto es una variante del nombre Adalberto, que le etiquetaron sus familiares y amigos durante la infancia.

Conocí a Tabeto en 1990 cuando participábamos en el despegue de El Regional del Zulia (el diario de la Costa Oriental del Lago). Él fungía como vendedor de publicidad  y coordinaba a la vez una sección de hipismo  que se mantuvo en la preferencia del público durante varios años. Había nacido en Tasajeras “un pueblo palafitoide”, –como él mismo lo califica– en 1941.

Este pueblo del municipio Lagunillas de estado Zulia, era una herencia de los indios Paraute, pero tuvo un auge al calor del boom petrolero iniciado por los años 20 del siglo pasado.

Tabeto recuerda y describe con una precisión fotográfica la llegada de las piraguas, tarareando para ello una gaita de Astolfo Romero: …“Las piraguas ya llegaron/Del distrito Colón…”

En esa escena de su infancia acudía al viejo puerto de Tasajeras acompañado de su hermano mayor Labinio, para intercambiar botellas con los piragüeros. Estos a cambio entregaban sacos de plátano, pescado u otro tipo de especies provenientes de Santa Bárbara del Zulia.

Los marinos tenían preferencias por los envases de “Marazul”: una marca de loción que venía en un frasco grueso y cuadrado, usado por familias pobres y barberos para refrescar los cuellos de sus clientes después de las trasquiladas. Otros optaban por los envases de aceite de ricino, que Tabeto  recuerda con pánico, pues en su niñez rehuía al repugnante sabor cuando su mamá le daba pequeñas pociones para combatir parásitos.

Tabeto no siguió estudios universitarios pero tenía una vocación muy grande por las letras a la que llegaba a través de la lectura escrupulosa y el roce  con personajes de diferentes campos de la cultura. Pero las disciplinas con las que más lidió desde su juventud fueron: el boxeo y el béisbol, claro, después del hipismo, donde se hizo una autoridad.

Tabeto puede desgranar la historia de un pura sangre con la misma disposición que un cronista describe la vida de un personaje o una celebridad. Por ese motivo fue invitado a Caracas en 1988 al programa Monitor hípico que conducía Aly Khan  y se trasmitía los domingos en VTV.

En ese catálogo de preferencias no podía faltar la música. Desde su niñez había visto desfilar muchos cantantes y orquestas en el bar “El alma del barrio”, que se encontraba en la misma cuadra de su residencia, y a orillas del lago.

En 1963 cuando ya era un joven de veintiún años no imaginó compartir mesa con uno de los cantantes más populares de esa época en el continente: Julio Jaramillo. En ese momento –aseguró Tabeto– que cuando el Romántico de América terminó su presentación, dio instrucciones para que los músicos retornaran a Maracaibo, pues él iba a continuar la parranda con un excelente guitarrista de Tasajeras, llamado Arcilio Vicent. Pero al cabo de dos horas, el intérprete de “Nuestro Juramento”, sucumbía de borrachera y quedaba dormido de bruces sobre una mesa, ante la mirada absorta del joven Tabeto.

Esta anécdota la escuché por primera vez en 1995 de parte del mismo Arcilio Vicent en una reunión organizada en Ciudad Ojeda por una hermana de nuestro amigo el doctor Guillermo Piñeiro Ríos, adonde fui invitado.

En 1964 Tabeto debutó en el boxeo aficionado (en peso mosca) con el nombre de Kid Rayo y participó en más de veinte peleas. En seguida contó con el respaldo de su pueblo que para entonces estaba huérfana de héroes. Pero en la rutina se dio cuenta de que a través de ese deporte tan rudo e ingrato no hallaría el camino para consolidar sus sueños, y la abandonó.

Al siguiente año se fue a probar suerte a Caracas y encontró trabajo como mesonero en un restaurante del este. En el establecimiento llegó atender figuras como el maestro Billo Frómeta y Renato Capriles. Pero el personaje que lo marcó y aún mantiene vivo en sus recuerdos es el ilustre Arturo Uslar Pietri, quien frecuentaba el sitio acompañado de su esposa. Tabeto conversó en muchas ocasiones con el novelista quien siempre le mostró simpatía y más de una vez le recomendó seguir estudios y no dejar el hábito de la lectura, pues lo consideraba muy acucioso y claro en sus racionamientos, sobre todo, por venir de un apartado y pintoresco pueblito de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo. Pero de las dos recomendaciones del afamado escritor,  Tabeto solo  llegó a cumplir la última.

Para Tabeto todo marchaba bien en la capital hasta la llegada de diciembre, que traía consigo las primeras gaitas de la temporada. Esta música tan pegajosa que identifica a la última etapa del año empezó a taladrar en su  mente de tal manera que preparó su maleta y se vino a toda marcha a Tasajeras para estar presente en las fiestas patronales de San Benito.

Las fiestas patronales de San Benito con sus chimbangleros y los desfiles de carnaval por las salitrosas calles de Tasajeras desaparecieron en 2004, cuando esta comunidad fue reubicada por el gobierno nacional a Ciudad Urdaneta, a 18 kilómetros al este de Ciudad Ojeda, como medida de previsión ante el progresivo hundimiento del suelo a causa de la explotación petrolera. Pero sus ruidos, colores y los rostros alegres de la gente siguen viviendo con definición plástica en la memoria de este sencillo personaje del municipio Lagunillas.

Ahora parte de esa añoranza la vierte los domingos en horario de 8 a 10 de la mañana a través de un espacio radial llamado: “Inolvidables de la canción”. Así mismo Tabeto escribe artículos de opinión en el diario capitalino “Tal Cual” desde hace cinco años, donde también  hace revivir aquellas hermosas experiencias de su pueblo y la constante denuncia ante el grado de abandono en que se encuentra la Costa Oriental del Lago.

Entre otros proyectos Tabeto me comentó la culminación de su libro: “Valores humanos de mis amigos”, que recoge una síntesis de las trayectorias, empresariales, políticas y artísticas de sus más cercanos allegados. El libro será prologado por el médico y cronista saladilero doctor Guillermo Piñeiro Ríos, y espera bautizarlo a mediados de noviembre del presente año.

Después de una hora de grata conversación salimos del café. Nos despedimos, y Tabeto echó a andar hacia la avenida Bolívar con el arrebato de un atleta, pero de pronto me asaltó una última pregunta:

–¿Dónde queda tu oficina, para visitarte la próxima vez?

Volvió su cara, sin detener la marcha, y respondió risueño con una de sus travesuras:

– En la esquina de aquel edificio mollejúo –señaló con una carpeta que llevaba en su mano izquierda– me paro todas las mañanas…y ahí me conseguís.

@marcelomorán57

 

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