Oscar Morales: Aunque no lo crean: Fueron sus mejores años

Oscar Morales: Aunque no lo crean: Fueron sus mejores años

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Muchos opinan que estos fueron los mejores años de la presidencia de Nicolás Maduro, y yo estoy de acuerdo por muchas razones. En primer lugar, si nos remontamos al año 2013, confirmamos que el país producía 2.7 millones de barriles diarios de petróleo y los precios se cotizaban muy cercanos a los 100 dólares, por lo cual se supone que había oxígeno financiero para solventar inversión, ahorro, consumo y gasto nacional. Ahora, produciendo 1.1 millones de barriles y el precio entre 50-60 dólares, no son buenos fundamentos para creer que saldaremos las necesidades de la economía nacional.

Adicionalmente, podemos recordar que en el año 2013, Venezuela cerró con 56% de inflación y se estima que para el próximo año se profundice la hiperinflación y toquemos los 10.000.000%. Con ese ritmo de aceleración de los precios nadie podría pensar que lo venidero es mejor.

 Por otra parte, en aquella ocasión se escuchaban rumores de corrupción y seis historias de posibles funcionarios públicos que se aprovechaban de sus posiciones para asaltar la hacienda pública y otros se dedicaban al narcotráfico con patrocinio del Estado. Pero sólo eran relatos lejanos y se tomaban como habladurías de tres envidiosos. Hoy en día, esto ya no es chisme ni cotilleo, al contrario, ya existen centenares de pruebas con personas sentenciadas, y lo mejor: muchos siguen hablando y están cooperando con la justicia. Vendrán nuevas revelaciones que los harán tambalear aún más.

A principio de esta década, no se experimentaba la huida desaforada del capital humano y tampoco se tenía conviviendo dos asambleas dirimiendo la legislación nacional. Además, la nación no presentaba la cantidad de demandas internacionales y el riesgo de perder buena parte de sus activos en el extranjero por causa de estos litigios.

 En el mandato anterior, al presidente Maduro lo recibían sus colegas con respeto a la investidura. Actualmente, sobran los dedos de las manos para contar quién quiere tomarse una foto con él, o bien dedicarle 15 minutos para escuchar sus comentarios.

En resumen, 6 años atrás teníamos una mejor posición económica, menor crispación política y  menos drama humanitario. En este momento, estamos sin buenas perspectivas y sólo la esperanza nos anima.

Un año más para confirmar el fracaso del modelo, un año más para asegurarnos de no repetir la lección y un año más para convencernos de que un país no puede funcionar con calidad si todas las tareas las quiere asumir el Estado.

Si revisamos la historia y nos detenemos en los segundos períodos presidenciales, es notable lo perjudicial que fueron en su momento. Dice el refrán: Nunca las segundas partes fueron buenas. Y por aquí parece que se reválida la frase.

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