Oscar Morales: ¿Crisis? ¿Dónde?

Oscar Morales: ¿Crisis? ¿Dónde?

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Son muchos los indicadores que revelan los destrozos del tejido productivo del país. No obstante, decir que volveremos a sufrir una caída del PIB (esta vez del 9%) y que al cierre de este año todo apunta a una cifra hiperinflacionaria de más del 9.000%, aparentemente no es muy claro para muchas personas, y todavía les cuesta creer que estemos experimentando la mayor depresión económica de nuestra historia cuando ven los sitios de comida rápida abarrotados, heladerías llenas, discotecas y licorerías con igual afluencia u oficinas bancarias con filas interminables.

Les apuesto que muchos han escuchado alguna vez unas expresiones similares a las siguientes: “Supuestamente estamos en crisis, pero no cabe nadie en ese carrito de hamburguesas”, “Menos mal que la gente no tiene plata porque si no la cola llegaría hasta quién sabe dónde”, “Qué crisis ni qué crisis, igualito están todos los restaurantes full”.

Es razonable que se tenga estas impresiones. Pero ya lo dice el viejo refrán: No todo lo que brilla es oro. Con un salario mínimo integral de 1.307.646 bolívares y un kilo de queso cercano a los 900.000 bolívares, ¿quiénpodría comprar ese kilo de queso? Aún más, ¿quién podría comprar una hamburguesa en500.000 bolívares  o un helado de 1.000.000 debolívares?

Pensándolo varios días pude aterrizar en cuáles son esos grupos sociales que todavía pueden hacer esos consumos, pese a las cifras inhumanas que sufre la mayoría de la población. Si se hiciera una encuesta en estos lugares de esparcimiento y recreación, me atrevería a decir que el 90% de sus asistentesserían: A) Funcionarios del gobierno (civiles y sobre todo militares). B)Ejecutivos petroleros. C) Familiares de algunos de los más de 3 millones de venezolanos que viven en el extranjero y reciben remesas. D) Comerciantes que hacen maromas para ajustarse al ritmo implacable de la hiperinflación. E) Trabajadores informales que viven del contrabando de extracción, compra y venta de efectivo, “bachaqueo” de productos básicos, y todos los nuevos oficios rentables –ilícitos- del “hombre nuevo” revolucionario.

Con respecto a las filas afuera de los bancos, es evidente que su explicación está más cerca de la imposibilidad de adquirir efectivo y problemas operacionales en las oficinas comerciales, que a la cantidad de dinero que poseen los cuentahabientes. Si no, pregunten el saldo promedio mensual de los ahorristas y se sorprenderán.

Y en cuanto a la aglomeración de personas en estos sitios de entretenimiento y consumos suntuarios, su relación explicativa está sustentada –a mi juicio- en el bajo número de tiendas y locales comerciales operativos, que a la alta demanda por estos bienes.

¿De qué crisis hablo?Yo hablo de la crisis que encierra el drama de María y Josécuando notan que los precios aumentan todos los días y sus salarios mínimosadquieren menos para alimentar a sus hijos. Me refiero al viacrucis que aguanta la señora Elena para la búsqueda de sus medicamentos o al padecimiento de millares de niños por la reaparición de enfermedades endémicas que habíamos superado hace décadas atrás. Hago referencia a los más de 300.000 mil estudiantes          que han desertado del sistema escolar en el último año para trabajar y aportar con algunos ingresos a la familia.

Negar el hundimiento en todos los aspectos de la vida nacionalno nos ayudará a revitalizar la economía. Voltear la cara para invisibilizar a más de la mitad de la población que perdió unos 11 kilos el año pasado no nos alentará la mirada hacia el futuro. Al contrario, la solución es encararlo con políticas públicas efectivas y no culpar por los pésimos servicios básicos al primero que se les ocurra, u ocultar las estadísticas económicas y sociales para disfrazar de alguna manera la catástrofe humanitaria.

Hay una crisis que no se puede camuflar. Afrontemos porque hay hambre, mucha hambre.

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