Oscar Morales: El subdesarrollo no es una sentencia eterna

Oscar Morales: El subdesarrollo no es una sentencia eterna

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Aunque usted vea a su alrededor un ambiente ruinoso y desalentador, donde la trampa y la pillería está por encima del esfuerzo y la perseverancia; aunque usted sienta  que la destrucción de su entorno es irreparable o que estamos condenados como nación a vivir perpetuamente en el subdesarrollo, pues le cuento que se equivoca y no todo está perdido.

Muchos autores que se han encargado de reflexionar sobre los sistemas políticos, económicos, sociales y culturales, que condicionan a su población a vivir con muchas carencias y bajas capacidades productivas, concluyen que sí se puede cambiar el presente paulatinamente y respirar un mejor destino futuro.

Habitualmente, los atrasos en nuestras sociedades se deben a prácticas malsanas que se inflan desde el Estado. En suma, la mayoría de las conductas que limitan nuestro progreso germinan en el aparato estatal. Es decir, la corrupción y la impunidad no vienen solas, al contrario, estos actos existen porque hay incentivos para caer en ello. La picardía y la argucia no se cometen sólo porque lo tengamos en el ADN, sino también porque las instituciones crean la atmósfera que lo hacen posible y la sociedad no le queda otra alternativa que premiar y unirse a la infracción, pues, muchas veces las personas están obligadas a comportarse así dado que es la única forma de lograr resultados. Caso contrario sería si coexistiéramos en un sistema donde se retribuye el entusiasmo por la productividad y se castigara la ausencia de ética y/o la degradación de la moral.

Si es cierto que el subdesarrollo está en la mente, también es verdad que ese modo de pensamiento fue alimentado por diferentes eventos, condiciones y circunstancias, es decir, no vino de la nada, diferentes ejercicios lo instalaron en nuestro esquema mental. Convivir bajo prácticas de populismo, rentismo, estatismo y asistencialismo no puede terminar en otra cosa que no sea dependencia y pobreza. En contraste, si se genera un contexto amigable con el progreso humano, las libertades fundamentales, el desarrollo industrial y el equilibrio medioambiental, tendríamos otros resultados más cercanos a la prosperidad, al perfeccionamiento común y el bienestar personal.

En concreto, la buena noticia que quiero acercarles es que mientras haya voluntad: todas las conductas son modificables. Así como en el Estado Islámico adoctrinan niños para matar y cometer cualquier acto de violencia con insensibilidad, de la misma forma pueden generarse estímulos para impulsar a una sociedad hacia comportamientos afines a la creatividad, el respeto a la ley yel fomento de todo aquello que tenga olor a innovación.

Los destrozos que sientehoy pueden enmendarse. La decadencia que sopla puede evaporarse. El empobrecimiento colectivo puede solucionarse. El desastre general puede remediarse. El subdesarrollo no es una condena inmutable. Las desgracias se alimentan y las dichas también. Ciertos hábitos te llevan a un sitio o a otro.

El quid del asunto es preguntarse qué preferimos: ¿Sociedades que gratifican el esfuerzo y la perseverancia o el engaño y la viveza? ¿Preferimos formar impulsadores de creatividad o alentadores del atraso? Hay medidas para ambos estilos de vida. Entre nosotros está la decisión.Promocionar la relación pensamiento-actuación bajo las reglas del civismo es posible.Apliquemos los incentivos correctos para que nuestro subdesarrollo no sea una condena sin fin.

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