Oscar Morales: Un espejismo llamado efectivo

Oscar Morales: Un espejismo llamado efectivo

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Entre tantos disparadores emocionales negativos que padece el venezolano, hay uno que le rinde un homenaje a lo absurdo: imposibilidad de tener efectivo. Cualquiera de las más elementales transacciones diariasen billetes son traumáticas. Desde comprar un café o pagar el transporte público es, definitivamente, una epopeya sin precedentes. Pero, ¿cuáles son las causas de esta dificultad para obtener efectivo?

En un sistema monetario, normalmente la cifra que representa la cantidad de billetes y monedas en manos de público, y los depósitos bancarios en cuenta corriente y a la vista, está cercana al 14% del total de la liquidez monetaria. En nuestro caso, esta cifra se encuentra por debajo del 4%.

Si a esto le sumamos que el 80% delos nuevos billetes puestos en circulación (fueron emitidos entre enero y febrero 517 millones de piezas)  pertenecen a las denominaciones de 500, 1000 y 2000 bolívares, es fácil suponer que no solventará el problema, y complicará saldar los montos transaccionales que día a día aumentan por efecto de la hiperinflación. Es decir, la impresión de efectivo es insuficiente, y también se equivocan en las denominaciones que emiten. Si es algo tan evidente, ¿por qué no imprimen billetes de más alta denominación? ¿algún negocio con comisiones jugosas?

Otros opinan que la escasez se debe a que los billetes se van por nuestras fronteras. Este fundamento es muy débil. No dudo que haya una montaña de bolívares del lado colombiano, pero en territorio venezolano también hay un montón de pesos colombianos; no obstante, Colombia no está sufriendo una crisis de efectivo. Aún más, yo les pregunto: ¿Acaso en España, Inglaterra, Estados Unidos o Francia hay escasez de efectivo por tener millares de sus billetes alrededor del mundo?

Si me dicen que los billetes se van para Colombia porque allá son comercializados con elevadas ganancias, entonces no es responsabilidadde Colombia. Los culpables somos nosotros que tenemos un sistema monetario destruido con incentivos negativos, que hacen posible a los agentes económicos lucrarse por los diferenciales cambiarios y la pérdida meteórica del valor de nuestra moneda. ¿O es que los colombianos también dirigen nuestra política monetaria?

En consecuencia, el problema radica en que el Banco Central de Venezuela (BCV) emite con asombrosa lentitud la nueva familia de billetes y los que pone en circulación son las denominaciones más bajas. Mientras tanto, se duplican los precios -en promedio- cada 30 días, perdiéndose  la capacidad de compra rápidamente, y la actualización del cono monetario llega con retraso. Por lo tanto, el alza desenfrenada de precios profundiza la fatalidad. Y por supuesto, también se olvidaron de una política antiinflacionaria para minimizar la desgracia.

Las consecuencias de la escasez de efectivo están a la vista: Varias empresas han tenido que darles días “especiales” a sus empleados para que vayan a la caza de efectivo (que gastan  en menos de 2 pasajes a su lugar de trabajo). Se hacen diferenciación depende de cuál medio de pago utilices para adquirir los bienes y servicios. Se crea el negocio de “comprar” efectivo con comisiones apartes. El tiempo que se derrocha en la búsqueda de los billetes preciados, ocasiona una menor productividad nacional y profundiza la depresión económica. Hay algunas comunidades que están poniendo en circulación su propia moneda (Ej. Elorza). Ahora es más común observar diversos servicios que pueden pagarse recurriendo al trueque. Los cuentapropistas, como los taxistas, albañiles, electricistas o verduleros, están sufriendo más que nadie.

Por estas razones, se tiene la percepción de que el dinero en efectivo es un espejismo. Este modus vivendi representa a las sociedades primitivas, que hace algún tiempo fue superada por los vientos de la modernidad. Pero nosotros, aparentemente, nos regresamos a la prehistoria y todas nuestras precariedades queremos atribuírselas a otros; en cualquier suceso los culpables son los demás y todas las circunstancias son responsabilidades de terceros. Y entonces, me pregunto: ¿quién se supone que gobierna?