Sebastiana Barráez: En cuáles políticos creen los venezolanos

Sebastiana Barráez: En cuáles políticos creen los venezolanos

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Ya lo único que le queda a este país es la incredulidad. Cuando el pueblo en general no cree en sus dirigentes, cuando asumen que ser político es sinónimo de mentira, cuando impera que los intereses particulares de la oposición o los de la revolución están por encima de la Nación, entonces hemos entrado en el terreno del maquiavelismo, el del “se vale todo” con tal de lograr el objetivo.

Un antecedente simbólico está en la enfermedad que llevó a la muerte del presidente Hugo Chávez. En el más absurdo silencio, el país nunca supo cuál era realmente la situación en la que estaba su presidente constitucional. Chávez llegó a decir que estaba curado y, negado a irse del poder, se lanzó a la reelección y, entre rumores de que estaba afectado por fuertes dolores, llevó una campaña más virtual que presencial. Después se supo que era verdad, estaba muy enfermo y los dirigentes del chavismo han intentado hacerle creer a sus seguidores, que fue un acto de sacrificio y no su interés de no abandonar el poder.

Más asombroso aún, es que cuando él debió presentarse ante la Asamblea Nacional el 10 de enero 2013, la entonces presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Luisa Estella Morales, sin haber tenido certeza de si el Presidente estaba vivo, moribundo o en coma, dijo que ese requisito de ir a la AN no era necesario en ese momento.

Los más altos funcionarios del gobierno les dijeron a los venezolanos que Chávez estaba superando la enfermedad, incluso hablaban de reuniones donde discutían el tema país durante horas. Una foto sonriendo y con dos de sus hijas, fue enseñada como prueba de lo bien que estaba, mientras el ministro Ernesto Villegas le aseguraba al país que hasta ejercicios hacía el primer mandatario nacional.

Más aún, la noche del 18 de febrero de 2013, desde su cuenta de Twitter, presuntamente el Presidente le anunciaba al país que había regresado de Cuba. Una supuesta enfermera que se ha cuidado de no volver a hacer ninguna aparición pública, declaraba en VTV que había visto a Chávez caminando al entrar al Hospital Militar de Caracas.

La verdad es que desde que el entonces Presidente salió en cadena nacional, el 8 de diciembre 2012, no se le volvió a ver en público ni a saber en qué condiciones estaba, a excepto de un pequeño puñado de funcionarios y dirigentes del Psuv. Así fue hasta que tres meses después Nicolás Maduro le anunció al país que el presidente Chávez había muerto.

Todo un misterio lo rodeó. No hubo fotos en la urna, sólo un velorio mediático con mucho militar y una fila gigantesca de personas que fueron a darle el último adiós. No se conoció el acta de defunción. Igual ocurrió con los informes médicos que le fueron ocultados al país. No se sabe qué médicos lo atendieron ni cómo evolucionó la fatal enfermedad.

Ahora hay quienes dicen en el alto poder que lo de Hugo Chávez no fue una muerte cualquier, no se sabe por parte de quién, pero Iris Varela se aventuró, incluso, a sospechar del ex ministro y compañero de revolución, el MG (Ej) Miguel Rodríguez Torres. También Diosdado Cabello ha dejado colar la duda e insinuado que a Chávez lo mataron. Desde entonces el cinismo se ha hecho cotidiano.

Somos modelo y ejemplo

Cuando Iris Varela dice que las cárceles en Venezuela son un modelo, hay que asumir que la mujer es osada, porque los hechos la desmienten. En todos los años en que ejerció como ministra penitenciaria florecieron los pranes, los motines y masacres, la extorsión y el sicariato desde las cárceles, así como la anarquía en la ubicación de los detenidos, el cobro a cada preso como precio por la vida por parte de quienes realmente tienen el liderazgo en los centros de reclusión, el ingreso de armas y droga.

No se sonrojó Delcy Rodríguez cuando en el exterior dijo que en Venezuela nadie estaba pasando hambre. Quizás ella no sabe, desde el confort de su butaca, que la escasez de alimentos es brutal, que el hambre se ha establecido en los sectores populares, en las escuelas, en las calles donde la gente busca comida en los basureros.

Tampoco titubeó la ahora presidente de la ANC, cuando expuso ante el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), que Venezuela cubre con servicios médicos a 82% de la población. También se refirió a la cifra de pensionados y a la Misión Milagro. La mentira llevada a nivel internacional busca ocultar la gravedad de lo que ocurre con la escasez de medicamentos. Los pacientes de enfermedades graves como el cáncer o el HIV, están muriendo por falta de los fármacos que desde hace seis meses ya no llegan al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, ni se consiguen en ninguna farmacia del país, sentenciándolos a morir. Lo mismo sucede con quienes necesitan medicamentos de por vida para la tensión, la diabetes, etc.

El 23 de diciembre 2016, Delcy Rodríguez dijo, en la sesión ordinaria de la comisión intergubernamental del convenio integral de cooperación entre Cuba y Venezuela, que el 93% de las divisas aprobadas para el próximo año “está destinado a mejorar aún más los servicios de la salud pública y la producción y expendio de medicamentos”.

En el marco de la euforia por el triunfo de las elecciones a la Asamblea Nacional, el entonces presidente de la misma, jefe del partido Acción Democrática, Henry Ramos Allup le aseguraba a los opositores que en seis meses Nicolás Maduro estaría fuera del poder; era una promesa que él sabía imposible de cumplir por mecanismos constitucionales ya que el período presidencial vence en diciembre 2018.

La presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, aseguró el 8 de abril 2016, que “el CNE es una institución bien seria… Claro que tendremos elecciones a gobernadores para este año y en eso estamos trabajando”.

Las elecciones debieron realizarse en diciembre 2016, pero pasaron 10 meses antes que el CNE le cumpliera al país. Mientras sectores opositores presionaban por las elecciones, el diputado Pedro Carreño y el ex diputado Juan Carlos Alemán argumentaban que no había elecciones porque la situación económica del país impedía utilizar el dinero necesario para el abastecimiento de alimentos.

Pero cuando el presidente Nicolás Maduro convocó a la Asamblea Nacional Constituyente, de inmediato el CNE se abocó a organizar esas elecciones y no hubo problemas con los recursos económicos, aún cuando la crisis del país era más grave que en diciembre 2016.

La mentira crónica

Los ministros y el Presidente le aseguran al país que las cajas de CLAP (el mecanismo creado por Maduro para racionar la comida en tiempos de escasez) llegan a todos los sectores pobres del país. No es cierto. Se han multiplicado los pobres y los alimentos escasean. A algunos sectores, considerados opositores, les niegan la caja de alimentos.

Se pregona que en las escuelas bolivarianas los niños tienen desayuno y almuerzo, bulto escolar, etc. El desayuno desapareció. Los almuerzos, las pocas veces que los dan, no reúnen los requisitos mínimos de una dieta balanceada. Los estudiantes deben llevar desde el marcador para la pizarra, hasta el papel higiénico y los productos de limpieza de la escuela.

Los medios de comunicación del Estado, convertidos en medios de propaganda del gobierno, muestran un país que no existe, insisten en una guerra económica para buscar responsables de la falta de gobernabilidad, de protestas sociales, de reclamos públicos, de grave deficiencia en los servicios: agua, electricidad, gas doméstico. No hay referencia a la grave crisis de combustible que se vive en los sectores fronterizos.

Los dirigentes opositores, por su parte, van a unas elecciones para gobernadores, luego de haber exhibido incoherencia en los objetivos, mientras violentas manifestaciones se llevaron a cabo en el país dejando más de un centenar de muertos. La oposición aseguró que Constituyente no habría, sin que existiera ningún elemento que lo indicara.

El diálogo fue una trampa ‘caza bobos’ para la oposición, quien nuevamente incurrió en incoherencias. Algunos dirigentes sostuvieron conversaciones con el Gobierno, de espaldas al país opositor y a sus propios compañeros de la Mesa de la Unidad. Tampoco en esta oportunidad le dijeron la verdad a sus seguidores, lo que ha sido utilizado por el Gobierno para desacreditarlos y exponerlos.

El resultado de los comicios electorales para gobernadores agarró de sorpresa a una dirigencia dividida y enfrentada. Lo primero que gritaron fue: fraude. No han tenido interés en demostrarlo o no tienen con qué demostrarlo. A excepto de Andrés Velásquez, en el estado Bolívar (sur), que ha enseñado la inconsistencia en las actas electorales, lo que demostraría que hubo un hecho irregular por parte del CNE en algunas actas que lo daban ganador.

A eso se le suma que los cuatro gobernadores de AD electos en Táchira, Mérida, Anzoátegui y Nueva Esparta, habían asegurado que no se juramentarían ante la Asamblea Nacional Constituyente, decidieron no cumplir su promesa y conservar el cargo ante las amenazas del presidente Maduro de que si no se juramentaban ante la ANC no tomarían posesión. Sólo el gobernador del Zulia prefiere no asistir y asumir las consecuencias de enfrentarse solo al poder.

Pero claudicar ante la ANC no le ofrece garantía alguna a los gobernadores opositores. Unas horas después, el presidente de la República decidió nombrar a los candidatos derrotados en esos estados, a excepto de Táchira, como los protectores de esas entidades presidiendo las Corporaciones en Zulia, Anzoátegui, Nueva Esparta y Mérida.

Qué duro le queda al venezolano creer en promesas electorales o en afirmaciones gubernamentales.

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