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The New York Times: ¿Presidenta Clinton?; así serían sus primeros 100 días en el cargo

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Si ganara la presidencia, Hillary Clinton de inmediato intentaría encontrar puntos en común con los republicanos en temas como la reforma migratoria y el gasto en infraestructura, con lo cual se arriesgaría a agitar la ira de los liberales que esperan con ansias poner sal en la herida del partido de la oposición.

En sus primeros 100 días, también elegiría a mujeres para conformar la mitad de su gabinete con la esperanza de brindar un nuevo tono y una sensibilidad de colaboración a Washington; además, vería más allá de Wall Street para buscar talento en lugares como Silicon Valley… quizá atraería a Sheryl Sanberg, de Facebook, y tal vez le pediría a Tim Cook, de Apple, que se convirtiera en el primer secretario de gabinete abiertamente homosexual.

El expresidente Bill Clinton mantendría un perfil bajo, daría pocas entrevistas y evitaría cualquier dolor de cabeza a su esposa.

Hillary Clinton incluso socializaría de manera distinta a los últimos presidentes. No trataría asuntos durante un juego de golf o baloncesto, sino que traería de regreso el estilo íntimo de expresidentes como Ronald Reagan o Lyndon B. Johnson; negociaría con un trago en la mano. Imaginemos un flujo constante de congresistas y líderes que levantan su copa y hablan de política en el Despacho Oval con ella y quien muy probablemente será su jefe de personal, John D. Podesta, mientras su esposo aparece y comparte una idea que se le ocurrió o le hace un cumplido encantador.

Con la certeza de que se desempeñaría mejor como presidenta que como candidata, Clinton quiere adoptar un estilo totalmente nuevo en la Casa Blanca para intentar romper con años de estancamientos partidistas, según dicen una decena de asesores de campaña y aliados que describieron sus metas y perspectivas.

Sin embargo, su arranque podría ser difícil. Enfrenta algo de escepticismo de la derecha por su disposición a hacer concesiones y su posible uso de medidas ejecutivas. Además, hay sospechas de que podría renunciar a los objetivos progresistas con tal de favorecer la acción bipartidista con los republicanos.

Aun así, los demócratas cercanos a ella dicen que sabe manejar a las figuras poderosas en ambos partidos, y eso podría dar resultados sorprendentes.

“Su mayor fortaleza es que de verdad escucha a la gente, entiende sus necesidades de política y políticas, e intenta encontrar espacios para llegar a acuerdos”, dijo Neera Tanden, exasesora principal de Hillary Clinton para políticas nacionales, quien ahora es presidenta del Center for American Progress, un instituto político con tendencias de izquierda.

“Para ser clara, ha dirigido muchas batallas en las que no puedes comprometer tus principios”, agregó Tanden. “Sin embargo, también le encanta socializar, le gusta que la visiten las personas y las parejas de los políticos, y de verdad prefiere charlar mientras hay tragos en la mesa”.

En mayo, The New York Times examinó los planes de Donald Trump para sus primeros 100 días, durante los cuales dijo que se concentraría en sus controvertidas promesas de campaña, como construir un muro en la frontera con México. En contraste, el Times halló en sus reportajes acerca de los planes para los primeros 100 días de Clinton que ella buscaría avanzar en temas potencialmente populares, como los empleos de infraestructura y un progreso en materia de inmigración.

Calcula que se enfrentará a un Partido Republicano profundamente fracturado y desmoralizado después de la derrota de Trump. Clinton también piensa que una gran afluencia demócrata este otoño le devolvería el poder del senado a su partido, mientras que Paul Ryan y los republicanos tendrían una mayoría reducida en la Cámara de Representantes.

Lo que no saben Hillary y Bill Clinton —pero, según amigos, lo discuten en sus conversaciones— es si, aun con su poder disminuido, los líderes republicanos tendrán ánimos de cooperar.

Hillary Clinton ha sido un obstáculo para los miembros del Partido Republicano durante dos décadas. Gran parte de su plan presupuestal —cerca de 1,4 billones de dólares en gastos a lo largo de la siguiente década y 1,2 billones en aumentos de impuestos dirigidos a los más pudientes, según un informe independiente reciente— es nocivo para los republicanos.

Sin embargo, algunos de ellos son receptivos a sus dos prioridades iniciales: 275 mil millones de dólares en gastos de infraestructura y un proyecto sobre inmigración como el que ya pasó por el senado. Dada la manera en la que el tema de la inmigración ha dividido al Partido Republicano, es probable que ningún otro asunto revele más acerca de la capacidad de una presidenta Hillary Clinton y una cámara dirigida por republicanos para trabajar en conjunto.

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John Podesta podría convertirse en el jefe de gabinete de Hillary Clinton. CreditGabriella Demczuk/The New York Times

“Los republicanos que están a favor de la amnistía podrían utilizar la elección de Hillary para llegar a un acuerdo”, dijo Mark Krikorian, director ejecutivo del Center for Immigration Studies, el cual defiende una postura rígida en torno a la inmigración ilegal. “O quizá los republicanos se armarán de valor debido a que ella es tan desagradable y querrán mostrar que el Partido Republicano aún está vivo y dispuesto a ser una línea de defensa contra Hillary”.

Los aliados de Clinton dicen que podrían imaginarla yendo a la oficina de Ryan como presidenta para comenzar a hablar acerca de la inmigración. Ella cree en los gestos: cuando estaba trabajando en la reforma al sector salud durante el primer periodo del presidente Bill Clinton, John Kasich, quien entonces era un miembro republicano de rango en el Comité Presupuestario, le preguntó a una de las asistentes de Hillary si ella alguna vez consideraría ir al Capitolio para hablar con los republicanos acerca de sus ideas.

“Dije que se lo preguntaría, y después se mostró dispuesta a ir, lo cual creo que evidencia una voluntad por hacer que las cosas sucedan”, dijo la asistente, Melanne Verveer, quien se convirtió en la directora de personal de Hillary Clinton en la Casa Blanca.

Sin embargo, muchos republicanos no están seguros de cómo ejercería el poder, pues piensan que abusó de su autoridad y fue demasiado hermética al utilizar un servidor de correo electrónico privado cuando fue secretaria de Estado.

Clinton ya ha indicado que está dispuesta a tomar medidas ejecutivas si los republicanos no cooperan con ella, como expandir las revisiones de antecedentes en la venta de armas o terminar con las inversiones corporativas destinadas a evadir impuestos. Las acciones ejecutivas fueron un punto de conflicto entre Obama y los republicanos; varios dijeron que a Clinton le resultaría difícil tenerlos como invitados en una tarde de tragos si les imponía acciones ejecutivas.

“Puede ser extremadamente encantadora y también puede ser todo lo contrario”, dijo Tom Davis, exintegrante republicano de la Cámara de Representantes, de Virginia. “Pero creo que querrá tender puentes de inmediato y recuperar parte de la confianza que ha estado ausente entre los partidos durante los últimos 15 años”.

Los aliados de la cámara y líderes republicanos del senado dijeron que preferirían trabajar con una presidenta Hillary Clinton si muestra disposición para llegar a acuerdos en temas prioritarios para muchos conservadores, como ciertos asuntos fiscales y la seguridad social. Sin embargo, Clinton —como muchos en su partido— se opone a las propuestas republicanas de recortar prestaciones y elevar la edad de jubilación, y ha dicho que está abierta a elevar el límite de los ingresos sujetos a impuestos de seguridad social. Si llegara a desviarse de esas posturas, los líderes de grupos liberales —sin mencionar a su oponente en la carrera de las primarias, el senador Bernie Sanders, y sus simpatizantes más efusivos— la criticarían.

“Su campaña se basa en expandir la seguridad social, no en recortarla”, dijo Ilya Sheyman, directora ejecutiva de MoveOn.org, un grupo progresista que patrocinó a Sanders en las primarias. “Para una presidenta Clinton será primordial que a principios de 2017 obligue a los republicanos a aceptar ideas grandes y atrevidas o de pagar las consecuencias”.

Algunos liberales piensan que Trump será tan destructivo para el Partido Republicano que este quedará dramáticamente debilitado después de la elección en noviembre… y que Clinton, como la líder demócrata, debería presionar y ser firme en vez de intentar ser amable y buscar acuerdos.

Clinton espera tranquilizar a los progresistas con sus acciones ejecutivas, las cuales incluirían nuevas protecciones para padres inmigrantes que no cuentan con la ciudadanía, y con los nombramientos de su personal. El hecho de que mujeres conformen la mitad de su gabinete sería histórico (en años recientes, de un cuarto a un tercio de los puestos del gabinete han sido para mujeres), y los demócratas cercanos a Clinton dicen que podría decidir mantener a Lynch, la primera mujer afroamericana del país en ser fiscal general que asumió el cargo en abril de 2015.

Clinton ha asignado a tres asistentes principales —Ann O’Leary, Ed Meier y Sara Latham— para que se ocupen de los planes de transición, que serán supervisados por Podesta. Los asesores de Clinton dicen que no esperan que Bill Clinton sea una presencia visible de manera constante en los primeros meses, más allá de las tareas que Hillary Clinton le dé en cuestión de política económica y asuntos exteriores, en especial mientras el país se acostumbra a que un expresidente (y un hombre) tome el papel que antes ocupaba la primera dama.

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