Verticenews: Para los indígenas venezolanos enfermar es morir

Verticenews: Para los indígenas venezolanos enfermar es morir

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En un país azotado por una profunda escasez de medicinas y alimentos son los más débiles quienes llevan la peor parte. En la zona fronteriza entre Venezuela y Colombia los indígenas padecen las consecuencias de la pobreza y el desabastecimiento: hambre, desnutrición infantil, arbitrariedad de las autoridades y falta de ayuda

Por Dámaso Jiménez

El Estado se resiste a presentar cifras. Su afán es silenciar el problema. Pero la cantidad de casos graves de desnutrición en niños y ancianos es cada día peor en Venezuela: un efecto de la falta de alimentos que padece el rico país petrolero en el que se instaura el llamado socialismo del siglo XXI.

A pesar del hermetismo, sin embargo, lograron filtrarse a la opinión pública varias muertes de niños con alto grado de desnutrición: hay verdades que no pueden ocultarse durante mucho tiempo. La mayoría son niños que fallecieron por no ingerir alimentos durante varios días. El gobierno no solo se ha abstenido de ofrecer pronunciamiento alguno, de dar muestras de que se ocupa de la situación, sino que censura, bloquea y mantiene un férreo hermetismo sobre las cifras oficiales de muertes por falta de medicinas y alimentos.

El coordinador del Comité de los Derechos Humanos en la Guajira –estado Zulia, en la frontera con Colombia-, José David González, aportó una cifra alarmante tomada de un informe de la registraduría colombiana: 37 decesos por desnutrición en los caseríos de la Alta Guajira, muchos de los cuales no tuvieron asistencia en hospitales.

González aseguró que a pesar del número de muertes y de niños recluidos por la hambruna, no hay una respuesta oportuna para frenar lo que catalogó como un etnocidio en la frontera.

El garante de los derechos humanos perteneciente a la etnia wayuu dijo que existen familias enteras que requieren ayuda urgente de medicinas y comida, de asistencia en los hospitales, donde ya no están en capacidad de atender la cantidad de solicitudes de hospitalización que reciben a diario.
El hambre no es el único mal en la región. José David Gonzáez también alertó sobre los atropellos y humillaciones a los que se ha visto sometida la población indígena

Algunos funcionarios adscritos a centros de salud pública dicen temer a las represalias en caso reconocer publicamente la gravedad de la situación.

El activista indígena exhortó al gobernador del Zulia, Francisco Arias Cárdenas, a que se pronuncie sobre los hechos que afectan a esta zona fronteriza indígena y tome acciones concretas e inmediatas para frenar el auge del hambre y la desnutrición: “Señores, no estamos mendigando como pueblo wayuu, la comida es un derecho que nos corresponde establecido en la Constitución, el derecho a la vida, a la salud y a la alimentación. Es un derecho que se toma, se exije, no se mendiga, gobernador Arias Cárdenas”.

González calificó de “preocupante” la crítica situación alimentaria y el alto costo de la vida que enfrentan las comunidades indígenas de la Alta Guajira, porque los alimentos que se venden en la zona se consiguen a precios mucho más elevados que en el resto del país. Advirtió incluso sobre la ineficiencia de la más reciente medida de distribución de alimentos emprendida por el gobierno, las llamadas “bolsas” de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción: “La bolsa de Clap que entrega el gobierno solo trae dos paquetes de pasta, un kilo de arroz, un paquete de café, una lata de sardina y muchas veces no trae el kilo de leche en polvo. Antes era una bolsa que llegaba cada 15 días con un precio de 800 bolívares (menos de un dólar) y ahora llega cada 20 días, en 5 mil bolívares (5 dólares) y no contiene todos los rubros”.

Los organismos del gobierno como el Instituto Nacional de Nutrición se niegan a dar cifras oficiales sobre el tema de la desnutrición en los dos últimos años. El último registro formal data de 2012 cuando Venezuela se ubicaba entre los cinco países de la región con las cifras más bajas de desnutrición infantil en menores de cinco años. Eso cambió.

En Venezuela se invirtieron 142 mil millones de dólares en la Misión Alimentación en dos años. Para poner este dato en perspectiva vale un ejemplo: el nuevo Canal de Panamá, una de las obras de ingeniería más grande del mundo, costó 10 mil millones de dólares en 10 años. Con los 142 mil millones de dólares gastados en una misión para alimentos -que siguen escaseando- Venezuela habría podido cubrir la demanda de comida de tres países, tal como lo señaló en su oportunidad la canciller venezolana Delcy Rodríguez. Pero ni siquiera ha cubierto la de uno.

La realidad se empeña en demostrar los resultados de esa inversión ineficaz. Ingrid Soto de Sanabria, pediatra y nutróloga, jefe del Servicio de Nutrición Crecimiento y Desarrollo del Hospital de Niños J. M. de los Ríos –en Caracas- aporta (semanario La Razón) información alarmante: “La desnutrición en el país aumentó 20% cuando hace aproximadamente cinco años Venezuela presentaba 3% de desnutrición infantil”. Y hay más: 58% de los niños con desnutrición grave son lactantes (tienen entre 0 y 2 años de edad) y en los últimos dos meses han fallecido tres (dos en mayo y uno en junio). El desnutrido grave tiene más probabilidades de morir”.

El diputado y médico Virgilio Ferrer declaró al diario El Nacional: “Que en Venezuela exista 20% de desnutrición infantil es una situación muy grave. Entre 2013 y 2015 el déficit nutricional en los colegios aumentó de 12,6% a 22,5% y los niños con sobrepeso en los salones de clase han bajado de 20% a 10,4%”. Reveló además que en las zonas indígenas la situación es crítica porque los niños se alimentan de monte y arena.
“Presidente escuche, el pueblo se está muriendo”, dice una de las madres con su bebe recluido.

El hambre no es el único mal en la región. José David Gonzáez también alertó sobre los atropellos y humillaciones a los que se ha visto sometida la población indígena desde la creación del Distrito Militar N° 1 en la Guajira. El Comité de los DDHH del estado fronterizo de Zulia ha registrado 20 asesinatos, 39 casos de tortura en diferentes puntos militares de la Guajira, así como detenciones arbitrarias y allanamientos de hogares sin el debido proceso.

El gobierno de Maduro ha decidido negar ante el mundo la existencia de una crisis humanitaria y ha rechazado todas las ayudas organizadas que han recogido material quirúrgico, farmacéutico y de insumos para los hospitales venezolanos y para pacientes de enfermedades graves como la tuberculosis y la malaria, la hepatitis C, el VIH, la esclerosis múltiple y el cáncer.

Para la diputada Desiree Barboza, el aumento en los casos de malaria y tuberculosis están relacionadas con el incremento de la desnutrición en el país: “Estas son dos enfermedades erradicadas desde 1961 que reaparecieron nuevamente porque los venezolanos de escasos recursos no están comiendo sanamente y no tienen ninguna posibilidad de ser atendidos”.

La Red Nacional de Salud Pública informó que en las primeras 14 semanas del 2016 se presentaron 54 mil 529 casos de malaria. En 52,6% se estima el incremento con respecto al mismo periodo de 2015, cuando hubo 35 mil 740 infectados.
La desnutrición en etapa temprana de la vida causa un daño irreversible en el cerebro de los individuos, los hace subdesarrollados y poco productivos. Es el futuro de las nuevas generaciones que nacen en la era del hambre en Venezuela.
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La jefe del departamento de cirugía del Hospital Universitario de Maracaibo y profesora de la escuela de medicina de la Universidad del Zulia, Dora Colmenares, sostuvo que Venezuela cumple con los parámetros para aceptar la apertura de un canal de ayuda humanitaria ante el colapso del sistema de salud pública: “No hay medicamentos. Hay una escasez de 90% en insumos. Ni en una guerra se presenta una situación de esta índole porque gracias a los acuerdos internacionales se permiten al menos 159 medicamentos de inmediata disponibilidad, aquí no tenemos siquiera esta cifra. En Venezuela enfermarse es morir”.

Colmenares recordó que la crisis de salud en el país se inició en el 2012. En el Hospital Universitario de Maracaibo, uno de los más grandes y completos de Venezuela, se realizaban diariamente 70 intervenciones diarias, pero hoy no llegan ni a 20 por día y a todo riesgo, porque carecen de guantes, antibióticos, analgésicos e hipertensivos.

El diputado y miembro de la comisión de salud de la Asamblea Nacional, William Barrientos, señaló que los médicos nada pueden hacer para salvar la vida de los pacientes porque los hospitales son responsabilidad del gobierno: “Los enfermos han sido abandonados a su suerte. Hay desnutrición, no deficiencia proteico calórica como pretende disfrazar la ministra (de Salud) Luisana Melo. Hay hambre y miseria crónica”.
La epidemióloga María Alcalá de Monzón alertó que en cualquier momento podría desatarse una epidemia en zonas como la Sierra de Perijá, debido al cancelamiento de todos los programas que llevaban medicinas a las intrincadas aldeas de las etnias yukpas y barí

Barrientos, quien también es médico, señaló que desde hace 40 años no se veía en el país una desnutrición tan severa como la que estamos presenciando en los hospitales:

“Al Hospital J.M. de los Ríos ingresaron recientemente 46 niños en grado de desnutrición pero el gobierno mantiene un fuerte hermetismo con este tipo de información. La situación empeora en las zonas rurales y fronterizas como en la Guajira y la Sierra de Perijá. El gobierno está obligado a aceptar la ayuda humanitaria internacional que nos están ofreciendo y declarar una alerta de emergencia para atender a estas criaturas que sufren por el hambre y la falta de alimentos”.

El parlamentario presentó recientemente un video donde muestra la situación de colapso interno de varios hospitales pilotos del país. Allí toman la palabra médicos, pacientes y madres de niños desnutridos pidiendo auxilio al presidente Nicolás Maduro.

“Presidente escuche, el pueblo se está muriendo”, dice una de las madres con su bebe recluido. “Se necesitan muchos medicamentos en el hospital Chiquinquirá (Zulia) donde se encuentran muchos niños desnutridos. Permita que esta ayuda humanitaria llegue a Venezuela. Necesitamos medicinas y alimentos”, dice otra madre desesperada.

Un médico muestra las insalubres condiciones de los baños del Hospital Universitario de Maracaibo que se encuentran clausurados. No hay agua en uno de los centros de salud que en los años 50 y 60 fue referencia de los adelantos científicos de la medicina en Latinoamérica y hoy languidece con 80% de sus instalaciones deterioradas y llenas de basura, heces y desechos quirúrgicos.

La epidemióloga María Alcalá de Monzón alertó que en cualquier momento podría desatarse una epidemia en zonas como la Sierra de Perijá, debido al cancelamiento de todos los programas que llevaban medicinas a las intrincadas aldeas de las etnias yukpas y barí, las manifestaciones de hambre por escasez de alimentos, la desnutrición y las infecciones de hepatitis B y VIH que existen en la extensa zona fronteriza: “Hace cuatro años el equipo de epidemiología de la región pidió al gobierno la entrega de los tratamientos de la hepatitis B y C que son de alto costo, pero la respuesta ha sido mínima”.

Alcalá de Monzón ratificó que existen 400 casos de hepatitis B con agente Delta en la Sierra de Perijá que se encuentran latentes: “Estamos controlando para que no se desarrolle, pero eso debe tener continuidad y los portadores crónicos dejaron de ser tratados. Tenemos una pandemia en puertas. La desnutrición solo acelerará el inicio de la epidemia”, dijo la experta y aseguró que hasta una adulta mayor profesional de la tercera edad como ella ha dejado de consumir alimentos por la dificultad de pasar horas en una cola a las puertas de un supermercado y por la crítica situación que vive el país.

A pesar de que el ministro Ricardo Meléndez insiste en que 94% de la población come tres veces al día, lo cierto es que la canasta alimentaria se incrementó en el último año en 766% y hay evidencias de que en los centros de salud de Maracaibo a los niños se les da de comer solo dos veces al día. El panorama recrudece en los barrios de donde provienen. Y nada indica que la situación esté en vías de revertirse: todo lo contrario.

@damasojimenez

@verticenews

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