Víctor Salmerón: El sector automotriz refleja el empobrecimiento de Venezuela

Víctor Salmerón: El sector automotriz refleja el empobrecimiento de Venezuela

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Las ventas y la producción se han vuelto insignificantes respecto a las de países como Colombia, Ecuador, Perú y Panamá.

El descenso en las ventas de automóviles nuevos es un termómetro de cuánto se ha empobrecido Venezuela y de la reducción de su economía, que hasta no hace mucho contaba con uno de los mercados más atractivos de América Latina para los fabricantes de vehículos.

El desplome evidencia el declive de la oferta, debido a que las importaciones de autos se han derrumbado y al descenso del número de unidades ensambladas en el país. También refleja el empobrecimiento de la clase media porque la posibilidad de adquirir un vehículo nuevo hoy solo es posible para un pequeño grupo de familias que mantiene su capacidad de consumo porque cuenta con ingresos en divisas.

En las oficinas de los concesionarios, donde antes trabajan más de 20 vendedores, apenas hay alguien que atiende al público, que muchas veces son los vigilantes para evitar vandalismo.

Los números de la Cámara Automotriz de Venezuela (Cavenez) registran que en 2017 tan solo se vendieron en el país 2.479 vehículos nuevos, una pequeña cifra comparada con los 94.635 de Ecuador, los 125.940 de Colombia y los 163.668 de Perú. Incluso, es muy inferior a los 40.708 vendidos en Panamá durante los primeros once meses del año pasado.

En 2012, cuando la economía todavía respiraba, los venezolanos compraron 130.553 automóviles nuevos, pero entonces comenzó un descenso que no ha dejado de profundizarse desde 2014 cuando estalló una severa recesión que pulverizó la producción industrial, especialmente la automotriz, y una espiral inflacionaria que está arrasando con la clase media.

En Venezuela 96% de los dólares que ingresan a la nación provienen de las exportaciones de petróleo y tras no ahorrar durante el período de los altos precios del barril, multiplicar la deuda por cinco y despilfarrar el dinero en proyectos “socialistas” que no son capaces de exportar, el país sufre una severa escasez de divisas que se traduce en una mínima importación de automóviles y en la paralización de las ensambladoras que no pueden adquirir en el exterior los insumos que necesitan para producir.

Las cifras de Cavenez indican que en 2017 las automotrices privadas que se mantienen en el país ensamblaron 1.774 vehículos, es decir, apenas emplearon 1% de la capacidad del sector que tiene el potencial para armar 200 mil automóviles al año.

Las marcas reconocidas ahora ofrecen es servicio técnico para sus clientes. Pero ya no venden carros.

Del total de vehículos ensamblados 66% corresponde a Toyota que logró armar en su planta 120 automóviles marca Corolla, 660 Hilux y 390 Fortuner. Le siguen Ford, que despachó 360 vehículos y FCA (antigua Chrysler) con 209 unidades.

General Motors, la empresa que por décadas lideró el ensamblaje de vehículos en Venezuela anunció en abril del año pasado el cese definitivo de sus operaciones en el país. Iveco y MMC Automotriz no fueron capaces de ensamblar un solo vehículo durante todo 2017.

Para muy pocos

Los concesionarios que todavía operan exigen que el comprador cancele más de dos tercios del precio final del automóvil en dólares, lo que excluye a la gran mayoría de la población venezolana que no cuenta con ingresos en divisas, observa con pavor la continua devaluación de la moneda y lucha arduamente por cubrir necesidades básicas.

Ecoanalítica, firma que realiza un seguimiento constante a la evolución de la economía, indica que al cierre de diciembre una familia de cuatro miembros requería de 45 salarios mínimos para satisfacer los gastos típicos como alimentación, servicios de vivienda, alquiler, colegio y transporte.

Carlos Martínez se graduó de arquitecto hace cuatro años y afirma que “no solo no puedo pensar en casarme porque sería imposible comprar una vivienda, todavía vivo con mis padres. Tampoco puedo plantearme adquirir mi primer automóvil. Soy un profesional, pero no tengo futuro alguno, estoy pensando en emigrar a España”.

La decisión del gobierno de compensar la caída de los ingresos petroleros y tributarios con una desproporcionada emisión de dinero que realiza el Banco Central le ha inyectado gasolina al aumento de los precios y desde noviembre del pasado año Venezuela transita por el túnel de la hiperinflación. Las mediciones de Ecoanalítica señalan que en 2017 la inflación experimentó un salto de 2.874% y no hay razones para pensar que el desajuste comenzará a corregirse en el corto o mediano plazo.

“Con una dinámica fiscal desordenada y restringidas fuentes de financiamiento, las posibilidades de detener el crecimiento de los precios son pocas”, dice Ecoanalítica.

Daño colateral

La reducción del mercado automotriz impacta a otras áreas clave de la economía. Las empresas de seguros prácticamente ya no cuentan con el negocio de las pólizas para asegurar nuevos automóviles.

@vsalmeron