Vladimir Villegas: La discrecionalidad como terrible amenaza

Vladimir Villegas: La discrecionalidad como terrible amenaza

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Hace ya unos años, cuando murió  Kim Jong il, hijo del gran líder de Corea del Norte, Kim Il Sung la orden general era que todo el pueblo norcoreano debía llorar a moco tendido al ” querido dirigente” muerto. Y en efecto, se registraron por decenas las muestras de dolor popular ante tan sensible pérdida. Pero hubo casos de ciudadanos que, según versiones que circularon en medios internacionales, ” no lloraron lo suficiente” y por ende recibieron castigos como si se tratara de los peores contrarrevolucionarios o agentes del imperialismo.

No sé si será absolutamente fidedigna la información, pero verosímil sí es. La discrecionalidad es una característica propia de gobiernos donde las instituciones del Estado, si es que existen, están sometidas a un mando único, y si ese mando es mesiánico y carismático, pues mucho peor. ¿ Quién determina cuánto llanto es suficiente para llorar con autenticidad a un líder muerto?  Como es imposible medir la cantidad de lágrimas , pues el comisario político o quien éste designe podrá determinar si fue o no suficiente los gemidos de dolor y los gestos de pesar, lagrimitas incluidas. Y allí, en la discrecionalidad se esconden, como serpiente en bejuco, la injusticia y su prima la arbitrariedad.

En eso pienso cuando leo la llamada Ley contra el Odio, por la Tolerancia y la paz, aprobada por la Asamblea Nacional  Constituyente y ya publicada en gaceta. Es una ley para temer, que en sí misma encierra un concepto equivocado e interesado con respecto a cómo una sociedad puede desterrar el odio, la intolerancia y la discriminación. Su articulado no es producto ni de una amplia consulta a todos los sectores del país ni de acuerdos mínimos para su redacción. Nace desde una sola visión ideológica y política, con una clara intencionalidad de asimilar cualquier actitud disidente, crítica u opositora a la promoción del odio. El más justificado acto de protesta de carácter reivindicativo o político puede entrar en la categoría de promoción del odio o de estímulo a la violencia. Y de ahí, “pal pote” durante diez o veinte años.

Ni al propio chavismo gobernante le conviene una ley de esa naturaleza. Mañana muchos de quienes hoy la aplauden pueden caer en algunos de sus supuestos. Bien sea porque cuestionen una decisión política o se atrevan a denunciar un hecho de corrupción que toque intereses de algún poderoso con capacidad de activar la aplicación de esa nueva y temible norma legislativa. Puede terminar siendo un instrumento para la pugna interna, una vez que hayan hecho caída y mesa limpia con partidos políticos o  con medios de comunicación que se hayan comido las difusas luces establecidas en la novísima norma legislativa.

Y hablando de medios de comunicación social, es obvio que uno de los objetivos más claros de esa ley es promover la censura y la autocensura. Hasta para pensar habrá que pensarlo dos o más veces. Y si ya había una amenaza real contra medios que  tienen sus concesiones vencidas desde hace tiempo, pues ahora la cosa se complica incluso para que aquellos que en el papel están al día en cuanto a la vigencia de la concesión. Con la misma vara de la imprecisión y de la discrecionalidad  que se le va a aplicar a partidos opositores e individualidades incómodas para el poder, serán medidos los medios de comunicación privados.

¿Quién se atreve a meter en cintura a los poderosos que desde sus programas en medios públicos destilan odio, discriminación, descalificación, burlas y todo tipo de abusos verbales contra los que no compartan su visión del mundo?  ¿Y quién, desde las filas oficialistas, alegará que todos somos iguales  y que por lo tanto es ley contra el odio debería entrar por casa?

Esta Ley haré cada vez más arriesgada y espinosa la labor de informar y el ejercicio del derecho a opinar, a expresarse. También encierra una grave amenaza para el ejercicio de los derechos políticos. Y se lo digo a sus autores no desde el odio sino desde la compasión. El odio hay que trabajarlo, sobre todo cuando se le encubre con expresiones de supuesto amor y con iniciativas que terminan estimulando la división entre los venezolanos.

@Vladi_VillegasP