Vladimir Villegas: Nicaragua: ¿sandinismo somocista?

Vladimir Villegas: Nicaragua: ¿sandinismo somocista?

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Las protestas en Nicaragua como consecuencia de una reforma del sistema de pensiones, rechazado por la población, trajo, según fuentes diversas, como saldo más de veinte muertos, números heridos y detenidos, así como varias grotescas agresiones al trabajo de los comunicadores sociales que cubrían las jornadas de protesta en varias zonas de la nación centroamericana.

Al final el gobierno de Daniel Ortega tuvo que retroceder, echar para atrás la reforma planteada y abrir un proceso de diálogo y negociación en torno este tema con los representantes de los trabajadores activos y jubilados y del sector patronal. Muy bien que un gobierno ponga el oído en la tierra y escuche el malestar del pueblo. Pero, ¿y los responsables de estos asesinatos, y los argumentos del mandatario y de la vicepresidenta y a la vez primera dama Rosario Morillo, de que se trataba de una conspiración orquestada con el objetivo de desestabilizar y derrocar al Presidente de la República? ¿Nadie asumirá esa responsabilidad? ¿Habrá castigo para los asesinos de esa casi treintena de ciudadanos, entre ellos un periodista que fue ejecutado cuando cumplía sus labores?

Y ni hablar de la acción de grupos armados identificados con el oficialismo que se dieron a la tarea de agredir a manifestantes y trabajadores de la prensa, que actuaban, según la vicepresidenta Morillo, en defensa propia. Una fórmula absolutamente opuesta a lo que debe ser un Estado de Derecho. Es lamentable que un gobierno encabezado por un importante dirigente de la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza termine apelando a terribles prácticas represivas contra una protesta legítima y avalando la acción de grupos violentos conformados por civiles presumiblemente vinculados a la estructura política del Frente Sandinista.

Fui de los jóvenes venezolanos y latinoamericanos que en los años setenta salimos a manifestar nuestra solidaridad y admiración por el pueblo nicaragüense y por el Frente Sandinista de Liberación Nacional. No me arrepiento de ello. Todo lo contrario. Por lo demás el triunfo de la revolución Sandinista concitó simpatías en el mundo, más allá de las ideologías. De hecho en el Frente convivieron diversas corrientes que supeditaron sus intereses particulares y diferencias de enfoque a la unidad para derrotar al sanguinario dictador.

La derrota de Daniel Ortega en 1989, frente a Violeta Chamorro, en medio de la guerra con los “contras” fue un balde de agua fría para quienes veíamos al sandinismo como una auténtica corriente latinoamericana destinada a promover cambios con aliento social en democracia. Pasaron casi 20 años para que el Frente volviera al gobierno, nuevamente con Ortega como presidente. Desde entonces se ha hecho adicto a la reelección y ha buscado mantenerse en el poder apelando al abuso, inhabilitando partidos y acomodando el entramado jurídico s sus intereses políticos y partidistas. Vaya parecido con lo que hemos visto por estos lados…

Y ahora, para continuar con las semejanzas, ese gobierno de Ortega se llena las manos de sangre para contener el descontento popular. Y no hay en su discurso un tono autocrítico. Solo el anuncio de que la reforma al sistema de pensiones, rechazado por trabajadores y empleadores, va a quedar sin efecto. La protesta lo hizo retroceder. Pero también el impacto que ha tenido en el exterior la feroz represión con la cual se pretendió aplacar esa protesta, y el empeño en impedir el ejercicio de la libertad de expresión e información.

¿Cuándo será que finalmente deje de utilizarse la represión, el abuso de poder y el miedo para contener el descontento en países con gobiernos que se reclaman progresistas o de izquierda? ¿O es que acaso las fuerzas que nacieron para luchar por un cambio están condenadas a llegar al poder para nunca más querer dejarlo y para anular los derechos políticos de quienes los adversan, entre ellos el derecho a protestar, a disentir, e incluso a exigir reglas de juego absolutamente democráticas?

El autoritarismo, el nepotismo, el caudillismo, la corrupción, la represión y otras formas de abuso de poder son, definitivamente, merengadas cada vez más intragables, sobre todo para un país como Nicaragua que vivió sangrientas luchas para salir de una dictadura bestial como la de Somoza. Ningún pueblo tiene por qué resignarse a que un grupo o partido lo gobierne a la “machimberra” y de espaldas a sus derechos y necesidades.

@Vladi_VillegasP

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